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Diario Expreso Ecuador

Innovaciones tecnológicas

Videojuegos con inteligencia artificial: Así fueron los proyectos creados por niños en Guayaquil

Niños de 8 a 10 años aprendieron en la Espol a crear videojuegos con esta tecnología a partir de sus propias ideas y creatividad

Niñas y niños crearon sus propios videojuegos luego de recibir una clase en la Espol.

Niñas y niños crearon sus propios videojuegos luego de recibir una clase en la Espol.CARLOS KLINGER / EXPRESO

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Lo que se sabe

  • Niñas y niños aprendieron las etapas básicas para desarrollar un videojuego, durante una clase en la Espol
  • Proyectos nacieron de la creatividad de los estudiantes y abordaron temas ambientales
  • Los infantes utilizaron Rosebud.ai para convertir sus instrucciones en videojuegos

En un laboratorio de la Espol (Escuela Superior Politécnica del Litoral), entre computadores encendidos, preguntas y algunas risas nerviosas, un grupo de niños de entre ocho y diez años puso a prueba algo que hasta hace poco parecía reservado para los adultos: crear su propio videojuego.

No llegaron para jugar, sino para imaginar, escribir, diseñar y convertir sus propias ideas en una experiencia interactiva, con la ayuda de estudiantes universitarios y herramientas de inteligencia artificial.

La iniciativa nació como parte de un proyecto de vinculación con la comunidad realizado por la Espol. Erick Lavid, docente de la Facultad de Ingeniería Eléctrica y Computación (FIEC), estuvo al frente de la actividad y acompañó a los estudiantes universitarios que asumieron el reto de enseñar a los más pequeños.

Explicó que el objetivo era acercarlos a herramientas tecnológicas “enfocadas al área de la educación ambiental”. Para conseguirlo se desarrollaron nueve talleres, en los que los niños fueron avanzando paso a paso hasta llegar a la creación de sus propios videojuegos.

“Primero se les fue dando la idea de qué es un videojuego”, indicó Lavid. Después conocieron las distintas fases de desarrollo: la identidad del juego, su propósito, las maneras de ganar y los elementos necesarios para construir una historia.

Pero eso sí, había una condición fundamental: los videojuegos debían tener un sentido ambiental. Así, de a poco, los niños fueron dando forma a videojuegos con temáticas nacidas completamente de su imaginación.

Pero el proyecto también tenía otra meta: que los universitarios desarrollen habilidades que difícilmente se adquieren frente a una pizarra, para que comprendieran “el impacto que pueden tener desde su futura profesión en la sociedad y en el desarrollo del país”.

¿Cómo los niños crearon sus propios videojuegos con IA?

Los niños no programaron los videojuegos desde cero. Para materializar sus ideas utilizaron Rosebud.ai, una herramienta de inteligencia artificial que permite crear experiencias interactivas a partir de instrucciones detalladas.

Los estudiantes describían lo que querían mediante ‘prompts’, es decir, indicaciones escritas. Entonces la plataforma se encargaba de transformar esas ideas en un videojuego. La creatividad, por tanto, seguía estando en sus manos. La tecnología se convertía en el puente entre lo que imaginaban y lo que podían ver en pantalla.

El rol de estudiantes universitarios como docentes

Era el octavo taller, el penúltimo antes de la presentación final, y el laboratorio de la Espol parecía estar esperando algo grande.

Erick Armijos, alumno de Computación, revisaba que la conexión a internet estuviera estable, que los computadores funcionaran y que los programas estuvieran listos.

Aquella jornada tenía un significado especial, pues por primera vez los niños dejarían su salón habitual (donde hasta entonces recibían las clases de este proyecto) en la Unidad Educativa Francisco Gárate ‘Fe y Alegría’, ubicada al noroeste de Guayaquil, para entrar a un laboratorio universitario.

Armijos tenía a su cargo a tres estudiantes y quería que todo quedara bien para que la presentación final estuviera a la altura de las expectativas.

Con la guía de los estudiantes universitarios, niñas y niños crearon en el laboratorio de la Espol.

Con la guía de los estudiantes universitarios, niñas y niños crearon en el laboratorio de la Espol.CARLOS KLINGER / EXPRESO

Admitió que cuando comenzó su carrera, no esperaba dedicarse a la enseñanza de niños. Sin embargo, la experiencia terminó gustándole más de lo esperado. “Han prestado mucha atención porque es un poco compleja la creación de videojuegos”, comentó.

No es difícil entender por qué. Crear un videojuego implica combinar personajes, fondos, escenarios, música, objetivos y reglas. Todo debe encajar. Y los pequeños entendieron el desafío.

Armijos recordó que algunos incluso llegaron a la clase pasada con dibujos de los personajes que habían imaginado para sus historias. Para él, esa fue una de las señales más claras de que la actividad había despertado su interés. Y entonces llegaron.

Entraron en fila, ordenados, mientras algunas de sus madres los observaban desde cierta distancia. Cada uno buscó un computador, tomó asiento y esperó las indicaciones. Al principio había silencio. También algo de vergüenza.

“¿Cómo se sienten?”, preguntó uno de los docentes para entrar en confianza. “Nerviosos”, dijo uno de los niños en voz baja, acompañando su respuesta con una pequeña risa.

En pocos minutos comenzaron las conversaciones entre compañeros. Se preguntaban por sus personajes, revisaban sus juegos y compartían detalles de aquello que habían construido durante las semanas anteriores. Era la última clase práctica antes de la exposición final.

Clases que promueven la creatividad en niñas y niños

Mientras los niños trabajaban, varias madres permanecían atentas. No intervenían. Solo observaban alegres.

Entre ellas estaba Anna Santillán, mamá de Arelys y Elías, dos de los estudiantes que participaron en el proyecto. Contó que ambos fueron seleccionados porque destacaban en clases y eran considerados entre los alumnos más inteligentes de su colegio.

Para ella, verlos frente a un computador diseñando un videojuego era algo difícil de imaginar cuando tenía su misma edad. “Como madre, me siento muy orgullosa de esta oportunidad”, dijo y añadió: “Con estas clases los he visto más creativos”.

Niñas y niños expusieron los videojuegos que crearon con la guía de universitarios.

Niñas y niños expusieron los videojuegos que crearon con la guía de universitarios.CARLOS KLINGER / EXPRESO

Sandra Torres, coordinadora de la institución educativa, estaba mucho más cerca de los estudiantes. Durante la actividad observaba que todo marchara en orden, pero también seguía con atención la manera en que los niños se desenvolvían en un espacio distinto al habitual.

Para ella, la experiencia estaba dejando resultados visibles. “Nuestros niños, en todas las capacitaciones, se han ido desarrollando y cada vez los veo más motivados”, expresó.

Incluso contó que algunos estaban tristes porque el proyecto estaba llegando a su fin. La intención ahora es replicar parte de la experiencia en el propio plantel y llevarla a una mayor cantidad de estudiantes.

Los estudiantes plasmaron su creatividad en los videojuegos con temática ambiental.

Los estudiantes plasmaron su creatividad en los videojuegos con temática ambiental.CARLOS KLINGER / EXPRESO

El 21 de julio llegó la prueba final. En una pantalla se proyectaban aventuras, ciudades, animales, problemas ambientales y propuestas construidas desde la manera en que los niños entienden el mundo.

‘Sterling en Guayaquil’ era uno de los proyectos más curiosos. La propuesta recordaba a los clásicos videojuegos de aventura de Súper Mario. El jugador contaba con tres vidas y debía recorrer un escenario inspirado en Guayaquil, enfrentarse a maleantes, recoger monedas, evitar obstáculos y utilizar una espada.

El fondo también hablaba de la ciudad que conocían los niños: aparecía el Malecón Simón Boívar, con la noria La Perla como parte del paisaje. En su mundo imaginado, una ciudad sin ladrones era una ciudad mejor.

Otros videojuegos abordaban problemas relacionados con la naturaleza, la limpieza de la ciudad o el rescate de especies marinas.

La jornada terminó entre pizza, risas y la satisfacción de haber materializado sus ideas.

Para Magaly Quijije, observar a su hijo presentar el resultado de aquellas clases fue una recompensa. Recordó que después de cada taller, él regresaba a casa emocionado y le contaba cuánto faltaba para terminar. “Es increíble y lo vas a poder jugar”, le decía.

Jéssica Zamora también acompañó a su hijo durante la presentación. Lo miraba sonriendo mientras él explicaba frente a todos el videojuego que había creado. 

Ella todavía no había podido jugarlo, pero esperaba con ilusión que llegara el enlace para sentarse en familia y descubrir, juntos, el mundo que su pequeño había imaginado.

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