El reto de las clases virtuales para niños con discapacidad

  Guayaquil

El reto de las clases virtuales para niños con discapacidad

A diferencia de los alumnos regulares, si ellos no estudian en un año pierden tres. Sus padres necesitan ayuda para guiarlos

sindrome down
Terapia física. Evelyn Lozano realiza ejercicios físicos con su hija Sofía, quien tiene síndrome de Down. Por las clases virtuales se ha vuelto su terapista.Miguel Canales

Certeza sobre si el nuevo año lectivo en la Costa, que empieza este 7 de mayo, se mantendrá de forma virtual, o será presencial o semi presencial, todavía no hay. Ello provoca en los padres y estudiantes inquietudes y hasta cansancio emocional. Y si hubo vacíos y una serie de retos para los alumnos regulares, tal como lo ha publicado EXPRESO, el panorama es aún más incierto para quienes tienen discapacidad. De hecho el escenario para algunos fue tal, que más de uno optó por hacer una pausa a sus aprendizajes y terapias.

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Y allí la gravedad, puesto que aquellos menores o jóvenes con discapacidad intelectual que no estudiaron en el 2020 no perdieron solo un año, sino tres, advirtió a este Diario Mónica Bermúdez, directora de Fasinarm, al hablar de la realidad que se vive actualmente, sobre todo con las personas con síndrome de Down.

Retroceder en el aprendizaje y terapia para un alumno con discapacidad es más contraproducente que para un estudiante regular. En forma general, según las estadísticas de la Unicef, más de 90.000 estudiantes, de 4,4 millones que habitan en Ecuador, abandonaron la escuela en tiempos de pandemia.

joven con autismo
 Música. Josué Mieles es un joven no vidente y tiene autismo. Su mamá, Nancy Mite, sin ser profesora y sin saber de música, le indica que cuerdas debe hacer sonar y los acordes.Miguel Canales

En esta cifra están sumados los estudiantes regulares y los que tienen discapacidad, no hay detalles de cuántos son de cada grupo. Pero para tener una idea tan solo en Fasinarm en el 2019 estudiaron 270 alumnos, y en 2020 fueron 233.

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Pero cómo les fue a quienes aceptaron el reto. “En un amanecer, por la necesidad del confinamiento generado por el coronavirus, pasé de ser mamá a ser la terapista, maestra y psicóloga de mi hija Sofía, quien tiene 8 años y síndrome de Down. Sin embargo, no hay peor lucha que la que no se pelea, y aquí estamos: luchando”, señaló Evelyn Lozano.

Según explicó Bermúdez, las personas con discapacidades intelectuales necesitan ser constantes, usar todas las herramientas que les permiten desarrollar sus capacidades cognitivas para avanzar. “De allí que desarrollamos un programa virtual para que los padres se vuelvan nuestros ayudantes”, indicó.

ObstáculoEn Ecuador solo dos de cada 10 alumnos, en forma general, tienen equipos electrónicos de uso personal, según un análisis.

Y para ello fue necesario usar la tecnología, un factor que generó también una serie de inconvenientes, puesto que no todas las familias -como lo ha venido también relatando este Diario- contaban con un equipo informativo o internet. “Tuvimos que conseguir tablets y en el caso de quienes no tenían internet se crearon fichas donde se explicaba con detalles los pasos a seguir”, dijo.

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En la práctica lo más difícil para Lozano fue aprender a estimular a Sofía para que quiera hacer las tareas y la terapia. “Descubrí que cuando hace calor está menos dispuesta a aprender. Otro reto es que mi hija no escucha y estamos juntas aprendiendo el lenguaje de señas. En este proceso, de ser quien deba explicar las clases virtuales, hubo momentos en los que me sentí frustrada por no lograr que Sofía mantenga el ritmo de estudios, como tenía en las clases presenciales”, manifestó Lozano.

Sin embargo, no todos los alumnos con este tipo de discapacidades lograron estudiar. Mateo, de 12 años, hijo de Claudia Rodríguez, no pudo estudiar. Su madre es enfermera y su padre, taxista. “Fue imposible ayudarlo a continuar sus clases a través de una pantalla, porque nuestros horarios se alteraron y, por seguridad y a fin de que no exista el riesgo a que se contagie, se quedaba por semanas en casa de mi madre. Para ella era imposible ser su guía, tiene 76 años y no usa internet”, detalló. Precisó que para evitar que pierda algunas habilidades lo inscribió en talleres de pintura.

“Mateo ama pintar, usar sus manos. Lleva siete meses en ello y le va bien”. Pero para que no se olvide de leer, cuenta Rodríguez, en casa crearon las “noches de lectura”. Esto, a fin de que no se estanque.

La educación especial es individual y desarrollamos un plan para que los padres transmitan ese conocimiento y terapias. Ellos se volvieron nuestros ayudantes en este reto.

Mónica Bermúdez

directora de Fasinarm

Si antes de la pandemia las personas con discapacidad tenían un reto para interactuar socialmente y vencer la discriminación, ahora que están obligados a estar confinados estos problemas se han agravado, de allí que en cuanto las autoridades y la pandemia lo permitan se requiere regresar a las clases presenciales, señaló Bermúdez.

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En efecto Josué Mieles, no vidente y con autismo, dijo que lo que más extraña de las clases presenciales son a sus amigos. Él es estudiante de música, toca piano y acordeón y ahora aprende guitarra. Dado que no ve necesita que lo ayuden a palpar los trastes para aprender los acordes. Su mamá, Nancy Mite, cuenta que esa labor que hacía el profesor ahora la hace ella. “Se me hace difícil porque no tengo noción de música. Mi hijo es autista y le gusta concentrarse en la música. El amor a mi hijo me ayuda a vencer el reto”, relató Mite.

Se ve el esfuerzo de los padres y alumnos por seguir las clases virtuales. Pero Paola Zambrano, directora de la Organización de Autismo Ecuador, advirtió que el conocimiento transmitido en línea no debe basarse en la metodología de la educación tradicional. Si las clases deben seguir no presenciales, y sería el segundo año, se debe mejorar el método para que el alumno aproveche más el contenido y no aproveche solo un 50 %, recalcó Zambrano.

La virtualidad no es mala, ayuda a descubrir nuevas habilidades. Pero no se puede desconocer que hay retos en la metodología, no debe tener parámetros de la educación tradicional. 

Paola Zambrano

directora de la Organización de Autismo Ecuador

AUTISMO

“Frente al computador se aíslan más”

A decir de Paola Zambrano, directora de la Organización de Autismo Ecuador, no se debe aspirar a tener a un alumno con discapacidad varias horas sentado frente a un computador, sino un máximo de tres horas, si es un alumno que tiene hasta 10 años de edad, siempre respetando intervalos. Los adolescentes pueden entre cuatro a cinco horas, pero haciendo pausas.

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El problema de pasar mucho tiempo ante un computador, para un estudiante con autismo, es que se vuelven más solitarios. “Ellos necesitan socializar, estar en contacto con las personas”, reiteró Zambrano.

Resaltó que el problema en que la guía en casa no resulte como se lo espera, no recae en el contenido a estudiar, sino en la metodología, porque en forma general en la clase virtual se pierde un 50 % del conocimiento y es por el método. “Hay que hacer un esfuerzo adicional para que ese contenido sea atractivo, hasta para los que son monotemáticos, como los alumnos que tienen autismo”, precisó.

Agregó que no existe un horario determinado para que ellos estudien, lo que sí requiere es de la supervisión de un adulto, indiferente sea su edad. También es fundamental que estudien en una habitación que tenga buena iluminación y ventilación.

ORIENTACIÓN

  • “Entrenar a los padres para no perder la paciencia”

Teniendo en cuenta que los padres tuvieron que ayudarlos en las terapias a los niños, Fasinarm preparó videos y guías en tarjetas. En el proceso, sin embargo, precisó su directora, Mónica Bermúdez, notaron que algunos padres perdían la paciencia al no lograr mantener la atención de sus hijos. “Por allí vimos que hubo uno que otro pellizcón. Entonces reforzamos la guía para que sean más pacientes”, indicó. Entre las pautas constó hacer descansos, cambiar de área y de actividad; por ejemplo si el alumno estaba aprendiendo los números, luego de la pausa, podía hacer terapia física como lanzar la pelota, eso les gusta y les ayuda a la motricidad.