Guayaquil

La hora del recreo no suena con fuerza en Guayaquil

Por el Bicentenario, EXPRESO propone la serie 'La ciudad desde la piel'. Primera entrega: Las deudas en materia de recreación.

Emilene Aguayo junto a su hija adolescente, en una de las jornadas de esparcimiento en el parque Samanes.
Emilene Aguayo junto a su hija adolescente, en una de las jornadas de esparcimiento en el parque Samanes.Álex Lima / Expreso

Noche del 30 de septiembre de 2020. Barcelona vence a Junior con dos goles a favor. Eso dice el televisor inteligente colgado en la pared al que decenas de ojos apuntan en este espacio de cinco por dos y medio.

La cerveza está servida en todas las mesas. Como guardias de seguridad, señoritas garantizan la compra de la siguiente botella a cambio de charla. Nadie usa mascarillas en esta salsoteca del centro de Guayaquil, la única abierta en esta zona, que ahora, cuando la ciudad prohíbe bailar en locales, tiene más ratas que peatones en su vía pública.

La jornada bielera se extiende hasta pasadas las 10. Luego de eso, muere el recreo y termina de morir la vida urbana allí, pues pese a que -y hay que decirlo- las ofertas de recreación se han diversificado los últimos años, hoy los únicos que farrean hasta tarde lo hacen en actividades privadas o exclusivas.

Está cerrado el Salado, el malecón abre a media llave y todo lo demás se condiciona a restaurantes. En cuestión de búsqueda de distracciones, “no tenemos vida nocturna, no para todos”, reclama Emilene Aguayo, maestra y activista comunitaria, en este tiempo de reflexión desde la piel del ciudadano, a propósito del Bicentenario de la Independencia de Guayaquil.

Un sondeo rápido en redes permite medir la satisfacción del ciudadano con la ciudad cuando habla de opciones de esparcimiento. Piden parques. Los que hay abren en diferido por la pandemia, piden canchas deportivas. Sí. Guayaquil es de las ciudades que aún debe zonas de deporte a ciudadelas enteras. Un ejemplo de ello es el suburbio o La Saiba, donde se improvisa en media vía o en parqueaderos para poder crear sus propias canchas de fútbol sobre el asfalto.

Y si deportes hablamos, Emilene Aguayo ama ir al parque Samanes a andar en bicicleta con su hija. Es de esos pocos lugares que no te exigen tener dinero para distraerte un poco, reconoce.

Esto último hace que la gente piense dos veces en divertirse. Es como si la ciudad que divierte condicionara su acceso al que puede pagarlo. Y eso, más que lamentable, es injusto, analiza.

Los restaurantes son parte del ocio de la ciudad.
Los restaurantes son parte del ocio de la ciudad.Christian Vinueza / Expreso

“Guayaquil tiene dos áreas que nos deben a los ciudadanos, la cultura y las áreas verdes. Se necesitan espacios donde haya asociación sin que se sientan las diferencias socioeconómicas, como en las grandes ciudades”, observa.

Desde el parque lineal de la avenida Carlos Julio Arosemena, de los pocos sectores verdes y libres que tiene la ciudad, el gestor comunitario y para la seguridad de Guayaquil, Gustavo Rivadeneira, muestra una de sus zonas favoritas.

“Hay que decirlo, el Salado, el puente zig zag, Guayarte, La Bota y toda la obra de este lado de la ciudad ha permitido ampliar las opciones de recreación, que antes eran más escasas”, dice él.

En sentido de recreación hace falta tener más contacto con la ciudad en sí. Hay proyectos interesantes en este tema, como permitir sacar las mesas de ciertos locales.

Gustavo Rivadeneira, gestor comunitario y para la seguridad de Guayaquil.

Reconoce, sin embargo, que el barrio del Salado, cercano a esos sitios, está achacado por la inseguridad y el desorden de ciertas actividades que caotizan a la ciudad, como la prostitución callejera y la venta informal. Sobre eso, tiene un proyecto para mejorar este escenario en conjunto con las autoridades.

Pero no todos pueden llegar a las autoridades. Silvia Vélez, presidenta de la Asociación Cultural del Cerro Santa Ana, no ha podido ser escuchada. Sola, junto con sus hermanos y los vecinos de este sitio, organiza eventos a medida de sus alcances. Silvia Vélez crea su propia recreación en el lugar que la vio crecer. “Seguimos sin seguridad y sabemos que los agentes de la Policía no son suficientes”, denuncia esta gestora en las olvidadas escalinatas que la Empresa de Turismo promociona.

El cerro Santa Ana sufre el olvido de las autoridades, que no han tenido un solo proyecto allí este año.
El cerro Santa Ana sufre el olvido de las autoridades, que no han tenido un solo proyecto allí este año.Christian Vásconez / Expreso

El cerro Santa Ana debe reactivarse. Lo necesita, lo merece. Hacen falta programas culturales, proyectos que nazcan desde la autoridad. Somos el lugar donde nació Guayaquil.

Silvia Vélez, presidenta de la Asociación Cultural del Cerro Santa Ana.

Justo al otro extremo de ese lugar está el consentido Puerto Santa Ana, el favorito del presidente de la Cámara de Turismo de Guayaquil, Holbach Muñetón. El Guayas se acuesta a las faldas de los gigantes edificios que le dan la espalda a los hogares del cerro El Carmen, que han logrado cerrar otro espacio para el esparcimiento de algunos.

Muñetón cierra el ciclo. Cree que lo que necesita Guayaquil es incentivar la vida nocturna en el centro. Sin oferta no hay demanda, dice. Posa para EXPRESO frente al río. Mirarlo es otra de las cosas que le gustan. Y es también lo único que puede hacer ahora, pues para navegarlo faltan incentivos.

Domingo 4 de octubre de 2020. Faltan cinco días para que la ciudad cumpla 200 años de independencia. Esta urbe libre, sin embargo, sigue atrapada cuando de recreación se habla.

El centro necesita vida y la ciudad requiere volver a sus orígenes y rescatar la navegabilidad. Eso y mejorar la ciudad en aspectos de seguridad harían más amena la recreación.

Holbach Muñetón, presidente de la Cámara de Turismo.

Otras voces

  • Uso de la bici. El ciudadano Diego Piñancela cree que los paseos en bicicleta han impulsado a muchas personas a encontrar en el ciclismo una forma de distracción y deporte al aire libre.
  • Accesibilidad. Una de las principales barreras que hallan los guayaquileños para recrearse es las distancias que existen entre los lugares. Diversificar las opciones del transporte y así facilitar la movilización para la recreación es la propuesta de la arquitecta Liliana Carbonell.
  • Cultura. Para la comunicadora Zully Carreño es imperativo ampliar programas de expresión artística en la ciudad y permitir el uso de espacios públicos para este fin sin tanta burocracia.
  • Aire libre. Andrea Ramos explica que faltan zonas verdes donde quien llega pueda acostarse a leer o hacer picnic. La inseguridad desanima cualquier plan, cree.