DISCAPA 1
1. Amor sincero. Aunque no se puedan ver, Jimmy y María Elisa demuestran su amor. Ambos se guían mutuamente.CARLOS KLINGER

Historias de amores verdaderos y sin limitaciones

Parejas con discapacidad relatan a EXPRESO sus historias. La complicidad y la diversión marcan su San Valentín

“El amor es ciego y la locura siempre lo acompaña”, decía un reconocido músico mexicano; esta frase se vuelve real al conocer la historia de María Elisa Garzón y Jimmy Rivera, dos no videntes que habitan en Guayaquil, y que demuestran su amor y complicidad sin ninguna limitación.

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Al hablar el uno del otro, el tono de sus voces cambia completamente y con un matiz dulce y evidentemente enamorada, María Elisa describe cómo conoció a Jimmy. “Nos conocimos en un taller de canto. Al inicio me caía mal, tenía voz de abogado y llegó a quererse hacer amigo de todos y eso me molestó. Lo primero que hice fue callarlo. Bien dicen que del amor al odio hay un solo paso”, dice bromeando la mujer de 39 años, quien perdió la vista a los 7 años por alergia a un medicamento.

Mientras que Jimmy asegura que desde el primer momento ella lo impactó. “Había algo que me llamaba la atención. Luego fuimos amigos por tres meses y después, una vez que ella fue a visitarme a Machala (ciudad de donde es oriundo), me animé y le robé un beso”, contó entre risas el joven de 28 años; mientras María Elisa confiesa qué es lo que más le gusta de su pareja. “Me encanta su voz, su manera de ser conmigo, lo detallista y cariñoso que es”, comenta avergonzada.

¿Cómo llegaron a enamorarse sin poder verse?, es la pregunta que cualquiera pudiera tener. Ambos coinciden en que el físico no es importante a la hora de enamorarse. “Lo que realmente debe importarnos a todos es el corazón y no el físico y eso me enamora de él a diario”, dice en tono romántico María Elisa, a lo que Jimmy bromea. “A mí sí me gusta físicamente, no puedo ver, pero puedo tocar. Aparte me han dicho que es muy blanca y colorada y eso me gusta. Yo ya sé cómo es, la he palpado y sé exactamente cómo es”, detalla.

No importa si no podemos ver. Nosotros nos enamoramos del corazón, no del físico. Así debería ser realmente el amor.

María Elisa Garzón
​novia no vidente

La pareja tiene ya tres años de relación y hace uno viven solos. “Compartimos el día juntos en casa con nuestra gatita que se llama Cielo. Pasamos viendo películas o novelas, a veces cocinamos juntos y otras pedimos comida, no nos complicamos. Otras veces salimos a pasear, yo lo suelo guiar a él porque siempre he sido más independiente y él no tanto. Nos gusta divertirnos juntos”, comentan a EXPRESO, añadiendo que no les agrada cuando los corrigen al utilizar el verbo “ver” porque aseguran que ellos sí pueden hacerlo, pero no con los ojos.

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Sobre los planes que tienen para este San Valentín, esperan poder hacer algo romántico. “No podemos observar, pero nos gusta ir a la playa, escuchar el mar o escuchar música. Así nos divertimos nosotros”, dice Jimmy.

“Yo espero poder preparar algo especial para mi novio, pero tú te haces el sorprendido como que no sabes nada”, bromea ella, demostrando que pese a su discapacidad lo que nunca falta es el buen humor en pareja.

DISCAPA 3
Ambos comparten la afición por el cantoCARLOS KLINGER

UNA PAREJA QUE CAMINA DE LA MANO JUNTOS

Otra historia de amor es la que relatan los habitantes de la Alborada Guillermo Pizarro y María Luisa Argudo, una pareja de más de 30 años de matrimonio que ha estado marcada por la dificultad al caminar, pero también por el amor y la admiración. “Yo no puedo caminar desde que tenía un año y medio. Fui víctima de la polio (enfermedad) y perdí el privilegio de caminar”, cuenta Guillermo, doctor con especialización en Traumatología Ortopédica. Mientras que María Luisa comenta que progresivamente ha ido perdiendo la facultad de desplazarse.

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“Me han hecho varias operaciones, pero tengo problemas en la columna y necesito ayuda”, explica la mujer que confiesa estar perdidamente enamorada de su esposo, con quien tiene dos hijos.

“Él fue mi doctor y siempre me llamó la atención su caballerosidad. Nunca me fijé en que no caminaba. Eso era secundario para mí. Me enamoré de su parte espiritual”, relata; al señalar que ambos tienen el 65 % de discapacidad para movilizarse, por lo que se movilizan con ayuda de un bastón. De allí, que disfrutan de salidas como cualquier otra pareja. Se van a todos lados, dentro y fuera del país. A la Sierra, a la Costa, a las playas.

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Guillermo Pizarro
​esposo

Guillermo, guayaquileño como su esposa, asegura que las bromas por su condición nunca han sido un impedimento para él. “He aprendido que esas cosas no deben afectar. En el colegio me hacían las típicas bromas que ofenden, pero luego entendí que era muy especial, así que me esforcé por ser un profesional y salir adelante”, cuenta.

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Para este San Valentín han planificado disfrutar de una cena. “Ahora nos da un poco de miedo salir en la noche, pero por ser una fecha especial tendremos una cena especial”, confiesa María Luisa, quien detalla que en otras ocasiones han optado por ir a una peña a disfrutar de la música y “un buen vino” o de hacer un viaje.

Ambos coinciden en que a la hora de amar no hay complicaciones. “Somos una pareja normal, somos lo que ven. Somos felices, hay complicidad, diversión, felicidad. Las limitaciones no están. Solo hay amor en casa”, comparten a este Diario.

DISCAPA 4
2. Ayuda mutua. Guillermo y María Luisa comparten una dificultad al caminar, pero son ese apoyo y transitan juntos la vida.CARLOS KLINGER

UNA PAREJA CON DIFERENCIA MARCADAS Y FELICIDAD DE SOBRA

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Él mide 1,93 de estatura y ella apenas 1,35; él nació en Países Bajos, ella ecuatoriana; él no gustaba de bailar y ella amaba hacerlo en cada fiesta, él amante del hutspot (plato típico holandés) y ella disfrutaba de comer un yapingacho, una historia marcada por diferencias, pero que se vuelven invisibles a la hora de amar.

Klaas Bosma, holandés de 49 años, dejó todo en su natal Groningen (ciudad de Países Bajos) y vino hasta Guayaquil para vivir con quien llama su princesa, el amor de su vida, hoy su esposa Martha Cortez (40).

“¿Quién diría que un viaje vacacional nos cambiaría la vida?”, pregunta en voz alta ella y mira tiernamente a Klaas, mientras él acaricia sus brazos.

Dejé todo en Holanda y vine aquí por ella. No me importa su tamaño, es más, me gusta mucho así. Estoy enamorado

Klaas Bosma
​esposo

La historia de esta pareja es curiosa. Ambos estaban de vacaciones en Estados Unidos en 2014 y se encontraron en el lobby del hotel. Intercambiaron números y desde ahí no han dejado de hablar. Un año después él vino al Puerto Principal a visitarla y fue cuando entendió que era la mujer de su vida. En 2019 decidieron casarse y desde ahí comparten sus vidas juntos. “Yo soy notario y allá vivía bien, pero la amo tanto que decidí dejar todo y venir por ella. No fue una decisión fácil, más que todo por mi familia. Hoy sí me apoyan”, relata el holandés, quien asegura que para él la estatura no es un problema. “Eso me da igual, me encanta así como es”, expresa lleno de amor.

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Martha sufre del síndrome de Turner, una condición genética que afecta el desarrollo de las mujeres, sin embargo eso ya no la hace sentir menos. “En el colegio todos me ignoraban, no querían pasar conmigo y me afectaba un poco, pero luego ya dejó de importarme. Lo importante es que encontré a alguien que me ama tal y como soy. Nos sobra amor”, cuenta.

Para este San Valentín ya han planificado su día y esperan disfrutar de una velada romántica con buena música y comida fuera de casa.

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Esta pareja de un holandés y una ecuatoriana demuestran su amorJosue Andrade A