Elecciones Seccionales 2026
Cinco problemas que el próximo alcalde de Guayaquil no podrá seguir postergando
La ciudad paga el costo del tráfico, falta de áreas verdes y brechas de servicios. El próximo alcalde debe convertir promesas en respuestas

Mejorar la calidad de vida será uno de los principales desafíos para el próximo alcalde. Distintos sectores de Guayaquil esperan respuestas a problemas que afectan su vida cotidiana.
Los puntos claves
- El próximo alcalde tendrá cuatro años para enfrentar problemas que llevan años pendientes de solución.
- Tráfico, áreas verdes y drenaje aparecen como prioridades urbanas, especialmente ante el riesgo de nuevas inundaciones por el fenómeno de El Niño.
- La recuperación de áreas verdes, canales y cuerpos de agua puede ayudar a enfrentar el calor, las inundaciones y el deterioro ambiental de la ciudad.
Guayaquil volverá a las urnas para elegir a quien tendrá en sus manos la administración de una de las ciudades más grandes y complejas del país. El próximo alcalde no recibirá una ciudad en blanco. Encontrará obras en marcha, proyectos pendientes y, sobre todo, problemas que llevan años esperando una solución real.
La inseguridad será una de las principales preocupaciones. Y aunque la seguridad ciudadana y la lucha contra el crimen son competencias que corresponden al Gobierno nacional, a decir de los especialistas consultados, el Municipio tiene herramientas para intervenir y deberá ponerlas en práctica: desde la recuperación de espacios públicos, iluminación y videovigilancia hasta programas de prevención, atención a sectores vulnerables y coordinación con las instituciones encargadas de la seguridad. El desafío, señalan, será determinar hasta dónde puede llegar la gestión municipal y, sobre todo, conseguir que esas acciones tengan resultados visibles en los barrios.
Pero la inseguridad no será el único tema que deberá atender la próxima administración. Hay otros que no siempre ocupan los primeros lugares de la agenda política y que, sin embargo, condicionan todos los días la vida de quienes residen en Guayaquil: el tráfico, la recuperación de un centro que ha perdido actividad, la falta de áreas verdes y cuerpos de agua en mejores condiciones, y las brechas en los servicios básicos y el drenaje, que cada temporada vuelven a poner a prueba a la ciudad. Ahora, con la alerta por la posible llegada del fenómeno de El Niño, este último punto cobra una urgencia aún mayor.
El tráfico es uno de los ejemplos más evidentes. Cada día, como lo ha venido publicando EXPRESO, miles de personas pierden tiempo en desplazamientos que deberían ser más rápidos y seguros. Resolverlo, a juicio de los urbanistas, no pasa únicamente por ampliar calles o construir pasos elevados. Implica ordenar el transporte, mejorar la semaforización, conectar los distintos sistemas de movilidad y lograr que caminar o utilizar el transporte público vuelva a ser una alternativa viable. Un problema que, durante años, ha quedado relegado frente a otras prioridades de las administraciones de turno.
A la par, Guayaquil necesita más áreas verdes y una mejor preparación frente a un clima cada vez más exigente. Los árboles, parques y espacios públicos no pueden ser vistos únicamente como elementos decorativos. También cumplen una función frente al calor, las lluvias, la contaminación y la calidad de vida.
Lo mismo ocurre con el drenaje y la infraestructura: las inundaciones no deberían convertirse cada invierno en una emergencia que se atiende cuando el agua ya está en las calles.
El próximo alcalde, insisten los especialistas, tendrá cuatro años para atender estos desafíos. La discusión electoral, por eso, no debería limitarse a quién ofrece más obras, sino a quién tiene una respuesta concreta para los problemas que siguen marcando la vida cotidiana de la urbe. Estas son las prioridades que Guayaquil no debería seguir postergando y algunas de las soluciones que podrían marcar el rumbo de la próxima administración.
Estos son los problemas y sus soluciones

El tráfico es uno de los problemas que más afecta a diario a quienes se movilizan por Guayaquil.
Conectar la ciudad antes de seguir creciendo
Uno de los problemas más recurrentes es la movilidad. Aunque existen sistemas como la Metrovía y la Aerovía, estos no conectan de forma eficiente todos los sectores. Para muchos ciudadanos, desplazarse implica combinar varios medios, pagar más de un pasaje y dedicar más tiempo a sus recorridos.
A esto se suman las deficiencias del transporte público. Parte de la flota de la Metrovía es obsoleta, mientras los robos continúan siendo una preocupación, pese al refuerzo y promesa de la seguridad en estaciones.
Ante un sistema insuficiente e inseguro, el vehículo particular sigue siendo la prioridad, lo que alimenta la congestión.
La bicicleta tampoco logra consolidarse por la falta de ciclovías suficientes y conectadas, mientras la expansión urbana aumenta las distancias y la presión sobre las vías existentes.
Guayaquil
El deterioro de la Metrovía ya se tapa con cartones y soluciones provisionales
Diana Sotomayor
Moverse por Guayaquil cuesta tiempo y dinero
Ante este problema, el urbanista y planificador urbano Carlos Jiménez plantea que Guayaquil debe dejar de entender la movilidad como una colección de obras y asumirla como un sistema integral, con rutas alimentadoras, infraestructura para peatones, bicis y micromovilidad, además de vías en buenas condiciones.
Para ello, considera urgente consolidar un Distrito Metropolitano de Guayaquil que permita planificar de manera conjunta el crecimiento de la ciudad en conjunto con Samborondón, Daule, Durán y otros cantones del entorno.
La planificación, advierte, debe partir de mapas de uso de suelo que definan zonas urbanizables, de expansión, áreas verdes y zonas de amortiguamiento. Sobre esa base se debe proyectar el tráfico, el transporte y la infraestructura, con una coordinación clara entre municipios, Prefectura, Miduvi, MTOP y autoridades ambientales.

Un inmueble ubicado en las calles José Mascote y Piedrahíta ha sido desmantelado de forma progresiva por delincuentes. La ciudadanía pide darle nueva vida a estos espacios.
Barrios que han dejado de sentirse propios
La seguridad también se juega en el espacio público. No en el combate al delito, que es competencia del Gobierno Nacional, sino en barrios y parques que, por su abandono y deterioro, alejan a quienes deberían ocuparlos.
Cada vez más habitantes evitan caminar por ciertas calles, usar parques o reunirse en espacios públicos.
“Ya nadie se conoce por su nombre, los sitios de encuentro son contados. La gente le teme a su propia gente, a sus propias calles, se siente ajena y evita los callejones, que no son más que sitios grises. Es nuestra identidad la que se ha ido perdiendo”, lamenta Laura Robles, residente de la Alborada.
Ese mismo deterioro se repite en sitios turísticos, donde la poca o nula iluminación y la falta de actividad generan temor. Vecinos y visitantes optan por no frecuentarlos y los sacan de su radar.
Llenar de vida los espacios para ganar seguridad
El arquitecto y urbanista Daniel Arias plantea que el próximo alcalde debe crear una política municipal de prevención y recuperación urbana, enfocada en los barrios y puntos de mayor riesgo, y medir públicamente sus resultados. No se trata solo de poner más vigilancia, sino de recuperar los espacios que el abandono ha dejado en manos del miedo.
“La tarea implica iluminar calles, recuperar áreas verdes, eliminar puntos ciegos, mantener el espacio público y mejorar las condiciones para caminar”. Arias también propone llenar de color y vida las zonas grises con murales, arte y actividades culturales. Y hace énfasis en crear clubes, bibliotecas y espacios para niños y adultos mayores.
“La meta es que sientan que son parte de la comunidad, que se apropien de ella”, propone.

Resaca, con 25 años de trayectoria, y Mercado del Río, inaugurado en 2018, fueron referentes gastronómicos del Malecón. Ambos anunciaron no estar más en el Malecón 2000.
El corazón de Guayaquil se queda sin vida
Ciudadanos han dejado claro que el centro atraviesa una etapa de decadencia. La zona que debería ser una de las caras mejor conservadas y activas de la ciudad, ha perdido habitantes, visitantes y vida urbana. “Al centro nadie lo habita”, se quejan residentes que ya no recorren calles que antes eran parte de su rutina.
Después de las 18:00, la actividad comercial cae y la oscuridad gana espacio. Incluso en calles regeneradas y espacios turísticos, como la calle Panamá y la av. Malecón, han cerrado negocios icónicos por falta de clientes. El centro se ha llenado de bodegas y el tráfico también lo ahoga. Frente al malecón, el río permanece estático, sin vida.
El resultado es un centro que pierde su vocación de ser un lugar para vivir, trabajar y encontrarse. “Este tema no debe ser más un pendiente”, reclaman.
Guayaquil
Malecón 2000: papel higiénico a la venta, una imagen de retroceso
Edison Andrés García Yépez
No solo iluminar, hay que repoblar el centro
Frente a este escenario, que EXPRESO ha documentado y al que incluso dedicó un concurso de ideas para revitalizar el sector, el próximo alcalde debe apostar por mucho más que iluminación. Urbanistas y catedráticos como Héctor Hugo y María Fernanda Compte han planteado rehabilitar edificios abandonados, llevar proyectos de vivienda social y privada y devolverle al peatón su lugar. La meta: volver a poblar el que debería ser el rostro de la ciudad.
La recuperación pasa por integrar el río, devolverle sombra, recuperar el patrimonio y priorizar al peatón. También implica ordenar el tráfico mediante supermanzanas y devolver la vida a las calles con arte y actividades nocturnas. El reto es que este sector vuelva a ser un lugar para vivir y no solo un territorio de bodegas.

La intervención de muros y fachadas con arte urbano aporta a la recuperación del espacio público y la identidad barrial. La ciudadanía pide llenar de murales y color los barrios.

Las inundaciones se repiten cada invierno y evidencian las dificultades que aún enfrenta Guayaquil con su sistema de drenaje.
Servicios básicos y drenaje: una ciudad que aún se inunda
Otro problema que la próxima administración deberá priorizar está bajo tierra, pero también corre a cielo abierto y se hace visible cada vez que llueve. Calles anegadas, sumideros que no dan abasto y alcantarillas en mal estado se repiten en distintos puntos. A esto se suman los reclamos por desbordes de aguas servidas, fugas y cortes de agua cada vez más frecuentes.
La discusión va más allá de limpiar un sumidero. Las familias cuestionan si la infraestructura de drenaje y alcantarillado tiene capacidad para responder a una ciudad que ha crecido y tiene cada vez más suelo cubierto de cemento. También están los canales de aguas lluvias, varios convertidos en focos de contaminación y desperdicio.
El reto, plantean, será dejar de reaccionar cuando el agua ya está en las calles y apostar por renovación de redes y una solución integral.
Guayaquil
La crisis de Guayaquil: las tareas urgentes que deberá asumir el próximo alcalde
Diana Sotomayor
Una red que responda antes de que llueva
Para Gelacio Mora, representante del colectivo Tejido Social de Guayaquil, la próxima administración debe cerrar la deuda de agua potable y alcantarillado que arrastra la urbe. Aunque está en construcción el Quinto Acueducto, señala que todavía hay hogares sin alcantarillado, principalmente en el norte y noroeste. Su propuesta es ampliar la cobertura de agua, acelerar el alcantarillado sanitario y garantizar el drenaje pluvial.
Mora plantea además una fiscalización más firme a Interagua para exigir el cumplimiento de sus obligaciones y que las inversiones atiendan las zonas con brechas de servicio.
Ante las inundaciones, plantea aumentar la capacidad de los colectores donde la red ya quedó pequeña, instalar sistemas de bombeo y control de mareas y recuperar de forma permanente los canales y drenajes existentes.

Utilizar paraguas y otros elementos para reducir el impacto de la luz solar están entre las recomendaciones.
Más cemento y menos refugios frente al calor
Esta es una de las quejas más recurrentes entre los guayaquileños. La ciudad hierve. Las islas de calor se extienden y la sensación térmica puede superar los 38 °C. En barrios enteros, como ha publicado EXPRESO, no hay sombra y el cemento domina el paisaje. Tampoco existen corredores verdes que atraviesen la ciudad: avenidas como la Francisco de Orellana y 25 de Julio siguen siendo franjas grises.
La falta de árboles se siente especialmente en los sectores donde caminar o esperar el transporte implica hacerlo bajo el sol. Ni siquiera sus cuerpos de agua escapan al problema. El río Guayas, los esteros y el manglar soportan contaminación, pese a su importancia ambiental. Guayaquil, lamentan las familias, tiene cada vez menos refugios frente al calor y espacios naturales para la flora y fauna. Una deuda que el próximo alcalde ya no podrá dejar para después.
Guayaquil
Parques lineales de Guayaquil, espacios públicos que se deterioran frente al estero Salado
Freddy Josue Andrade Andrade
El verde y el agua también son infraestructura
Para la bióloga Natalia Molina, docente de la Universidad Espíritu Santo, la respuesta no pasa simplemente por sembrar más árboles, sino por llevarlos donde realmente hacen falta: paraderos, estaciones de Metrovía, veredas y grandes avenidas. Pero el verde no es el único recurso desaprovechado. Molina también plantea recuperar los ramales del estero Salado y devolverlos a la vida urbana.
Esto podría comenzar en espacios como el malecón, Parque Lago y distintos puntos del Salado, con actividades acuáticas que acerquen nuevamente a los ciudadanos al agua. La idea es que estos espacios no sean solo paisajes que se miran de lejos. Como ha dicho a EXPRESO el urbanista y fundador de 8 80 Cities, Guillermo Peñalosa, tener sombra y parques es tan importante como tener vías. En una ciudad que hierve, el verde y el agua no pueden ser secundarios.