La galería 'No Lugar' reabre en Quito con Derivas, exposición de Mikaela Montenegro
La muestra construye escenas donde lo cotidiano se fractura, revelando tensiones entre estabilidad, pérdida y transformación

Mikaela Montenegro es licenciada en Artes Plásticas por la Universidad Central del Ecuador. Ha desarrollado una práctica centrada principalmente en la pintura.
- Derivas marca el regreso de No Lugar, galería que reabre en La Tola.
- El espacio cultural alista una agenda que arranca con la exposición de Mikaela Montenegro. La muestra se puede visitar hasta el 23 de abril
El oleaje ocupa casi todo el plano. Una masa de agua espesa avanza con fuerza, levantando espuma y arrastrando la mirada hacia una señorial vivienda, avejentada, descascarándose, que apenas se sostiene en el horizonte. La estructura, difusa, parece emerger y hundirse al mismo tiempo, captando un instante suspendido entre la permanencia y el colapso. Sobre su techo, una bandera del Ecuador ondea.
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En otra escena, el mar irrumpe en lo cotidiano. Una mesa dispuesta para comer se pierde en una marea oscura que cubre platos, sillas y cuerpos. Dos figuras permanecen sentadas: una se cubre el rostro con las manos, la otra mira hacia abajo, inmóvil. La torta en el centro introduce un gesto doméstico que contrasta con el entorno inestable. El mar, en estas imágenes, no es paisaje sino condición.
Con la exposición Derivas, de la artista quiteña Mikaela Montenegro, la galería No Lugar - Arte Contemporáneo reabre sus puertas tras permanecer en pausa desde 2022. El proyecto, fundado como un espacio dedicado a la práctica artística contemporánea, retoma sus actividades en alianza con Casa Palenque, en el barrio La Tola, con una nueva sala de exhibición y un programa que articula residencias, muestras y actividades comunitarias.
Volver al ruedo
La pausa de No Lugar no ocurrió en aislamiento. La pandemia alteró de forma profunda el ecosistema cultural en el país. Muchos espacios independientes, sostenidos por autogestión, vieron interrumpidas sus dinámicas habituales y tuvieron que replantear sus modos de operación, estableciendo redes, colaboraciones y formatos alternativos para subsistir.
En ese contexto, No Lugar mantuvo su actividad fuera de una sede física. “Yo continué el proyecto a partir de residencias y ciertos trabajos en red con otros espacios”, explica Rubén Darío Díaz, artista y director del espacio. Durante ese tiempo, el proyecto sostuvo vínculos con el Centro Cultural de la Pontificia Universidad Católica, la galería 01.3 en Cuenca y Casa Mitómana, en Quito, lo que permitió dar continuidad a su línea de trabajo desde otras plataformas y geografías.

La exposición se podrá visitar hasta el jueves 23 de abril, en el espacio, ubicado en La Tola, en Quito.
La reactivación del espacio surge a partir de una invitación inesperada. “Pablo Ortiz, que coordina Casa Palenque, me llamó diciendo que tenían un espacio para exposiciones y que le gustaría hacer una activación de No Lugar ahí. Fue una llamada muy grata, ya que nos permite volver a tener un espacio físico”, señala Díaz. A partir de ese encuentro, se inició un proceso de adecuación que da lugar a la nueva etapa del proyecto en el histórico barrio de La Tola.
La elección de Mikaela Montenegro para inaugurar esta fase responde a una aproximación directa a su producción reciente. “Esta primera etapa de exposiciones las hemos hecho bajo invitación. En el caso de Mikaela, hice una visita a su taller. Ella empezó a mostrarme las obras en las que ha estado trabajando en los últimos años. Muchas de ellas radican en el mar. Entonces pensé que podríamos hacer una curaduría pensando en el mar y en todas las posibilidades que esto nos trae a nosotros como seres humanos”, explica.
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En Derivas, el mar se configura como un eje que articula lo íntimo, lo político y lo simbólico. Allí, este elemento funciona como una metáfora de lo indeterminado: un espacio en el que lo visible se fusiona con lo invisible, la memoria se cruza con el olvido y lo que se derrumba convive con lo que se renueva. Las obras abordan esta condición desde la pintura, mediante escenas que oscilan entre la figuración y el paisaje, tensionando la idea de estabilidad.
Montenegro, licenciada en Artes Plásticas por la Universidad Central del Ecuador, ha desarrollado una práctica centrada principalmente en la pintura, aunque también ha explorado el videoarte y la instalación. Su trabajo se enfoca en temas como la vulnerabilidad, el trauma y la construcción del sujeto contemporáneo, en diálogo con contextos marcados por la fragmentación de la identidad.
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“El mar es una deriva constante dentro de nuestras vidas, cómo trae y va construyendo cosas, destruyendo cosas y dentro de ese vaivén nosotros estamos presentes, construyéndonos en relación al mar”, añade Díaz.

En Derivas, el mar se configura como un eje que articula lo íntimo, lo político y lo simbólico.
La consolidación del espacio
La reapertura de No Lugar se plantea como el inicio de una programación articulada a partir de una agenda mensual que combinará residencias y exposiciones. La siguiente muestra estará a cargo de Alex Dolores Salerno, quien presentará un proyecto en torno al café. A lo largo del año, el espacio alternará entre artistas internacionales y ecuatorianos.
El modelo busca consolidarse progresivamente y prevé abrir convocatorias públicas en el futuro, con el objetivo de ampliar su alcance y fortalecer el vínculo con otras prácticas artísticas contemporáneas.
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Además de las exposiciones, No Lugar incorpora una línea de mediación y trabajo comunitario. La programación incluye visitas guiadas, talleres y actividades dirigidas a los habitantes del barrio La Tola, en un intento por integrar el espacio a su entorno inmediato.
La galería abre de jueves a sábado en el horario habitual de Casa Palenque, a partir de las 18:00. Durante el resto de la semana, funciona bajo cita previa para recorridos personalizados.