Caso Progen: El presidente Daniel Noboa no se percata de que su silencio lo destruye
El caso Progen es el mejor ejemplo para hablar de lo que le puede ocurrir. Ha guardado silencio y mostrado una falta de proactividad que resultan perturbadores

El silencio del presidente Daniel Noboa sobre el caso Progen puede traerle serios problemas de imagen.
Lo que debes saber
- Las denuncias de corrupción pueden convertirse en una herramienta más eficaz que las disputas ideológicas para erosionar proyectos políticos y unir a distintos sectores sociales frente a quienes ejercen el poder.
- El manejo del caso Progen y el respaldo gubernamental a funcionarios cuestionados podrían estar afectando el capital político del presidente Daniel Noboa.
Jon Ossoff se ha convertido en la sensación política de Estados Unidos y ya se lo considera el candidato demócrata ideal para derrotar al heredero político de Donald Trump. ¿Quién es Ossoff y por qué se ha convertido en una sensación? Ossoff es un joven senador de Georgia que, contra todo pronóstico, ha adquirido una fuerza inusitada apoyándose en una fórmula sencilla: hablar directamente sobre la corrupción en el gobierno de Donald Trump y sobre cómo el presidente y su familia han incrementado abismalmente su fortuna desde que están en el poder.
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El 18 de abril dio un discurso ante 1.500 personas y habló de la “mafia de Mar-a-Lago”, trayendo a colación uno de los recientes escándalos de corrupción de la familia presidencial: la concesión minera que el presidente Trump gestionó con el presidente de Kazajistán y que entregó a sus hijos, Don y Eric, para quienes también facilitó un financiamiento de 1.600 millones de dólares de fondos públicos con el fin de montar una empresa minera.
“Nunca antes habíamos visto tan poco esfuerzo por ocultar tanta corrupción. La mafia de Mar-a-Lago ha llevado la corrupción estadounidense a niveles espectaculares”, se le escucha decir en un video que se hizo viral en Estados Unidos.
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Este detalle se ha convertido en la punta de lanza de la popularidad de Ossoff. ¿Por qué? Adam Bonica, politólogo de la Universidad de Stanford, tiene una explicación: el verdadero y gran enemigo de los regímenes autoritarios es la corrupción, y en el mundo hay decenas de ejemplos que hablan de ello. Filipinas, Malasia, Guatemala, Perú, Honduras y muchos otros países son casos en los que los ensayos autoritarios se desmoronaron cuando sus autócratas fueron percibidos por la sociedad como corruptos.
“Plantear el debate en términos de honestos versus corruptos desplaza la discusión de las rígidas divisiones ideológicas hacia una cuestión moral de resonancia universal: ¿estás del lado de la gente o de una élite corrupta?”, plantea Bonica en un ensayo suyo citado el lunes 8 de junio en una columna de opinión de The New York Times sobre el fenómeno Ossoff.
Según la tesis de Bonica, aunque el autoritarismo se presente como una alternativa frente a la inseguridad y al desorden, la indignación por la corrupción siempre terminará imponiéndose. “Una plataforma anticorrupción une a grupos muy distintos alrededor de un agravio común: la convicción de que el sistema está amañado en contra de la gente común”, sostiene Bonica. “Los movimientos anticorrupción ofrecen lo que la política partidista no puede: la autoridad moral para unir a la sociedad frente a un sistema amañado”.
La tesis aterrizada a Ecuador
Lo que se observa en el caso de Jon Ossoff es algo que el presidente Daniel Noboa no parece capaz de entender: por más que haya tratado de legitimar su modelo autoritario con el discurso de la lucha contra el crimen y la delincuencia, si es percibido como corrupto o como defensor de corruptos verá pronto agotado su capital político. La frase de Ossoff quizá no le diga nada: “Nunca habíamos visto tan poco esfuerzo por ocultar tanta corrupción”.
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El caso Progen es, sin duda, el mejor ejemplo para hablar de lo que le puede ocurrir a Noboa. En este tema ha guardado un silencio y ha mostrado una falta de proactividad que resultan, por decir lo menos, perturbadores.
La última vez que habló de Progen fue el 21 de mayo, cuando publicó su carta al país, donde dedicó al tema apenas dos oraciones en un texto de dos páginas. “Progen: que se vayan presos los culpables, basado en las acusaciones de Fiscalía e informes de Contraloría, no los que la oposición desesperada quiere culpar. Pelearemos hasta el final por recuperar hasta el último dólar”, dijo entonces, cuando ya estaba claro que la Fiscalía y la Contraloría no estaban haciendo bien su trabajo.
Tres días después, en su Informe a la Nación del 24 de mayo, Noboa no dijo absolutamente nada sobre el escándalo ni nada que se le pareciera. Y si bien su declaración del 21 de mayo resultaba ofensivamente escueta para el nivel que había alcanzado el escándalo en ese momento, su actual silencio es mucho más grave y perturbador.
¿Por qué? Porque han aparecido evidencias y pistas que la Fiscalía ha ocultado; porque se ha visto que los asambleístas de su partido y funcionarios de su gobierno se han concertado para evitar el control político de los responsables del sector eléctrico; y porque existen documentos que prueban que su gobierno estaba al tanto de la estafa que pretendía cometer Progen.
Y en lugar de hablar del tema o de hacer algún gesto que permita pensar que realmente tiene interés en aclarar los hechos, Noboa no solo ratificó en el gabinete al principal responsable de la contratación de Progen, Roberto Luque, sino que además lo premió con uno de los nuevos superministerios creados en la más reciente reestructuración ministerial.
Y si bien no ha dicho nada desde el 21 de mayo sobre la trama de Progen, el nombramiento de Luque parece ser un mensaje no verbal, o incluso un desplante, dirigido a la opinión pública.
Noboa está perdiendo capital político de forma vertiginosa, y la explicación de ese fenómeno podría estar en lo que sucede alrededor de la figura de Jon Ossoff y en la teoría de Bonica. Nada une más a la oposición y nada genera una resistencia mayor frente al autoritarismo que la idea de que quienes están en el poder se enriquecen a costa de la sociedad. Eso no se perdona, y Noboa, con su silencio, solo está contribuyendo a que esa indignación crezca.