Aminta Buenaño: “La literatura ha sido mi manera de mirar el mundo”
Buenaño ha desarrollado una trayectoria multifacética que la llevó de la Asamblea Constituyente a la representación internacional del Ecuador

Platos rotos, libro que reúne relatos escritos a lo largo de veinte años, es la obra más reciente de la escritora ecuatoriana. Fue publicado recientemente por la Universidad Católica de Cuenca.
Una vida atravesada por la palabra
- Aminta Buenaño ha desarrollado una trayectoria que combina literatura, política y diplomacia, marcada por su paso como constituyente y embajadora del Ecuador, sin dejar nunca la escritura como eje central de su vida.
- Es autora de numerosas obras, entre ellos Mujeres divinas, uno de sus libros más populares. Recientemente publicó el libro de cuentos Platos rotos.
En 2008, la burbuja inmobiliaria en España estalló y dejó a miles de personas sin empleo y sin vivienda. Tres años después, en medio de uno de los momentos más complejos de la crisis, Aminta Buenaño asumió como embajadora de Ecuador en ese país. Los testimonios de los migrantes ecuatorianos que conoció entonces permanecieron durante años en su memoria.
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Llegaban a la embajada con historias atravesadas por los desahucios, las deudas imposibles de pagar y el temor de regresar al país con las manos vacías. Buenaño los escuchaba, acompañaba gestiones y conocía de cerca las consecuencias de una crisis que afectó a miles de compatriotas.
Más de una década después, aquellas voces reaparecieron convertidas en literatura. Uno de los relatos de Platos rotos, su libro más reciente, nació precisamente de esa experiencia.
“Llegué a España en una época muy difícil para nuestros migrantes. Muchos habían perdido sus empleos y corrían el riesgo de perder también sus viviendas. Escuché de primera mano sus historias, sus preocupaciones y sus luchas cotidianas. Todo eso se quedó conmigo. Años después apareció en La migrante’, un cuento construido a partir de esas experiencias, de lo que ellos me contaban sobre cómo vivían y las dificultades que enfrentaban”, recuerda.
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La literatura ha acompañado cada una de las etapas de la vida de Aminta Buenaño (Santa Lucía, 1958): escritora, periodista, docente, constituyente, diplomática y embajadora. Aunque ocupó cargos públicos de relevancia y representó al país en el exterior, asegura que nunca dejó de verse a sí misma como escritora.
“Yo siempre me he considerado escritora. Incluso cuando estuve en la política o en la diplomacia seguía siendo escritora. Esa ha sido siempre mi manera de mirar el mundo”, afirma.
Su relación con las letras comenzó mucho antes de la universidad. Durante la adolescencia escribía poemas sobre su entorno inmediato: su casa, su madre, y los acontecimientos cotidianos. Aquellos textos encontraron apoyo en su familia y en sus maestras del colegio Dolores Sucre, donde publicaría su primer libro, Cantos de amor y juventud.

La autora indica que empezó escribiendo poesía para luego dar su giro hacia la narrativa.
El abrazo de las palabras
La lectura también formaba parte de la vida familiar. Antes de tener televisor, sus padres optaron por construir una biblioteca. Su madre les leía cuentos e historias a ella y a sus hermanos. Más tarde estudió Literatura en la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, Periodismo en la Universidad de Guayaquil y continuó su formación con estudios en comunicación cultural, género y escritura creativa.
Uno de los episodios que marcaron su decisión de dedicarse de manera definitiva a la literatura ocurrió cuando era muy joven. Mientras permanecía en España, cursando estudios, entrevistó a reconocidas figuras de la cultura y obtuvo el Premio Internacional de Cuentos de Valladolid. Aquella experiencia fortaleció una convicción que la acompañaría durante el resto de su vida.
“Me incentivaron muchísimo para ya seriamente decir: me voy a dedicar a la literatura. La literatura no va a ser para mí un pasatiempo, sino que va a ser mi forma de vivir, de respirar. La manera estructurada de hacerme persona, de convivir con un libro bajo el brazo, de tratar de crear otros mundos”.
Aunque comenzó escribiendo poesía, pronto encontró en la narrativa un espacio más cómodo para desarrollar sus inquietudes. Con el tiempo fue depurando su estilo y orientando su interés hacia la exploración de los personajes y sus conflictos internos.
“Me di cuenta que me interesaba especialmente trabajar en la penetración psicológica de mis personajes, en hurgar dentro de ellos. Me interesaba mucho explorar la condición humana, explorar las máscaras que escondemos. Este hecho de que podemos ser ángel o demonio o un oficinista gris, y todos en uno”.
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Su obra incluye títulos como La mansión de los sueños, La otra piel, Si tú mueres primero, Un blues para Roberto y Platos rotos. Sin embargo, reconoce que existe un libro que continúa acompañándola a donde vaya: Mujeres divinas, publicado en 2006.
“Mujeres divinas fue un libro que en un año tuvo como cinco ediciones. En ese tiempo cada edición tenía 1.500 ejemplares. Todavía hay mucha gente que se acuerda de Mujeres divinas”.
En la palestra pública
La política llegó a su vida de manera inesperada. En aquellos años escribía artículos de opinión que alcanzaban una amplia circulación nacional. Su presencia pública y su interés por temas sociales y de género la llevaron a aceptar la invitación para integrar la Asamblea Constituyente de 2007, donde posteriormente fue elegida vicepresidenta.
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La experiencia le permitió conocer de cerca realidades distintas a las que observaba desde la escritura. Recorrió comunidades, escuchó testimonios y reforzó una convicción que sigue defendiendo: la educación como herramienta fundamental para transformar la sociedad.

Tras la etapa constituyente llegó la diplomacia. Fue embajadora en España, Nicaragua y Barbados.
“Yo aprendí que a la gente hay que escucharla. Me interné en el pueblo profundo y vi que nuestra gente es muy buena, que a pesar de la pobreza extrema hay otras formas de felicidad posible. Lo que me entristece es la deserción escolar, porque sé que la única manera de cambiar la situación social de nuestra gente es precisamente con la educación”.
Tras la etapa constituyente llegó la diplomacia. Fue embajadora en España, Nicaragua y Barbados, donde culminó sus funciones en 2018.
Vivir el presente
La pandemia, como a millones de ecuatorianos, también atravesó la vida de la autora. Durante esos meses de incertidumbre perdió a su esposo, Roberto, y esa experiencia terminó transformándose en literatura. De ese duelo nació Un blues para Roberto, una novela atravesada por la memoria de la pandemia, la ausencia y el amor.
La escritora recuerda que la obra encontró eco en lectores que también enfrentaron pérdidas durante aquellos años. Para ella, escribir no significó únicamente contar una historia, sino encontrar una forma de manejar el duelo y de preservar el pasado.
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“Yo creo que la literatura es catarsis. Es una terapia ontológica que organiza el caos del pensamiento y le da lucidez. Todos tenemos pequeños o grandes duelos, heridas y grietas en el alma. La escritura estructura ese caos y lo convierte en un orden creativo”, reflexiona.
Actualmente, trabaja en varias novelas, una de ellas centrada en una mujer que se enfrenta a las expectativas sociales sobre la vejez y la belleza femenina. Mientras corrige otros dos manuscritos, mantiene intacta una convicción que ha acompañado toda su trayectoria.
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“Yo me considero una eterna aprendiz. Aprendo de los libros que leo, de los dilemas de la vida cotidiana, aprendo de las personas, investigo, observo mucho. Creo que uno nunca termina de aprender y moriré aprendiendo”.