La medicina ancestral y la ciencia moderna se dan la mano: setas y plantas de poder
La Dra. Mary Zerpa y su equipo de trabajo proponen terapias sanadoras con el uso de conocimientos ancestrales y la aplicación del rigor del método científico

Echinopsis pachanoi es el nombre científico del cactus San Pedro, que está ganando espacio en la medicina moderna como objeto de estudio.
E un artículo previo de SEMANA abordamos con la naturópata Susana Llivisaca, máster en Biociencias y Biodescubrimiento, el uso medicinal de las setas Psilocybe, que han dado muy buenos resultados en el tratamiento de la depresión y la ansiedad, además de que están siendo estudiadas para atender casos de adicciones.
Se trata de un recurso natural que durante los últimos años ha logrado vencer los prejuicios del mundo de la ciencia, que también se ha volcado a estudiar los beneficios de las llamadas plantas de poder, como la ayahuasca (que es una liana) y el San Pedro (cactus).
En Ecuador existen propuestas que combinan los conocimientos del mundo ancestral con la rigurosidad del método científico, creando entornos seguros para quienes deciden recurrir a este tipo de tratamientos.
SEMANA conversó con la doctora Mary Zerpa, quien atiende en Quito, especialista en Psiquiatría, con dos décadas de experiencia. Ella se formó también como médica andina, título que le permite el uso de San Pedro y setas Psilocybe en terapias grupales, honrando los saberes de las comunidades ancestrales, pero enriqueciéndolos con todos los aspectos de seguridad y de la psicoterapia que aporta la ciencia actualmente.
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Su equipo de trabajo está conformado por cinco personas, cuya preparación y funciones responden precisamente a esta fusión de saberes.
La Dra. Zerpa funge como médica del equipo, profesional que tiene la responsabilidad de realizar evaluaciones a cada una de las personas que participan, la elaboración de fichas médicas con la información necesaria, el control de los consentimientos informados y se cerciora de contener cualquier factor de riesgo y de excluir a quienes no son candidatos para ingresar a estas terapias.
Es decir, cumple las fases establecidas por la clínica y la psicoterapia: la evaluación, la preparación, la toma de la medicina y la integración.
“No es que no sea seguro tomar esta medicina con un taita del Oriente”, aclara la Dra. Zerpa. “Yo los respeto mucho, porque tienen incluso un nivel de saber que yo estoy lejos de alcanzar. Pero en personas medicadas o con condiciones crónicas de salud mental, sí recomiendo que se haga de mano de un profesional de la Medicina que pueda entender ambos mundos”.
La acompaña Carolina Páez, mujer medicina del linaje de las abuelas Sarayaku, quien complementa ese bagaje con una formación en varios tipos de psicoterapia y también se está preparando como médica andina.
Ella es lo que se conoce como cabeza del altar, quien tiene que asegurarse de que la medicina que se entrega (el San Pedro o las setas Psilocybe) es de una fuente completamente segura, supervisando su recorrido desde el cultivo hasta que llega a los participantes.
La cabeza del altar debe cuidar los márgenes de seguridad del producto a emplear y responde incluso legalmente por ello.
En el caso de las setas Psilocybe, “existen profesionales con información en cultivos, avalados por la Universidad Central del Ecuador o la Universidad Católica. Ellos pasaron por un proceso de entrenamiento sobre el tema. Reconocen con qué otras especies se pueden contaminar los hongos, si el cultivo tiene metales pesados, hacen una espectrografía para determinar la cantidad de psilocibina presente en determina cantidad de hongo seco”.

Las setas Psilocybe han tenido excelentes resultados en la atención de la ansiedad y depresión. Y han sido probados con éxito en tratamientos contra la adicción.
Con respecto al San Pedro, el cactus proviene del Oriente, específicamente de Macas. “Hay un taita que le reza y le canta a la medicina, la cual él cultiva en lugares donde la gente no puede escupir, ni decir groserías, ni hacer nada que contamine ese espacio, que se convierte en un cultivo sagrado”.
A la profesional en Medicina y a la cabeza del altar se suman algunas figuras que forman parte de la cosmovisión ancestral.
Está el guardián del fuego, persona dedicada exclusivamente a cuidar la llama, a leerla y usarla como un elemento de transmutación. Bajo esta cosmovisión, el fuego no solo es una fogata que calienta a los participantes, sino un abuelo que participa de la ceremonia.
Y completando el quinteto de trabajo hay dos personas que se encargan de la música, que forma parte de los recursos terapéuticos.
“Hay investigaciones del Centro John Hopkins muy interesantes sobre cómo en ciertos momentos de la curva de la experiencia con estas medicinas, ciertas frecuencias pueden potencializar los efectos terapéuticos. Entonces los músicos se encargan de saber exactamente qué clase de sonidos deben acompañar el proceso, con qué tipo de frecuencia, en qué momentos, cuándo hacer silencio”, explica la Dra. Zerpa.
El abordaje grupal vs. el abordaje individual
La propuesta de la Dra. Zerpa y su equipo es una terapia grupal, respetando el ‘formato original’ de las comunidades ancestrales.
“Siento que funciona con el mismo concepto de una iglesia. Si revisamos las bases del cristianismo, la iglesia es la comunidad que se junta para organizar su energía en torno a la fe”, sostiene.
“Y la energía es real, no es una cosa de la New Age. Cuando nosotros convocamos un grupo de personas que están buscando el mismo objetivo, que tienen este deseo de traer equilibrio a su vida, se potencian los fenómenos que ocurren. Es como la suma de todas esas energías en pos de un mismo objetivo”, añade.
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En ese tipo de retiros ocurre algo muy interesante: lo que se conoce como fenómeno del espejo. Es decir, que las experiencias de otros participantes pueden hacer que una persona descubra qué aspectos de su propia vida debe trabajar. “Ese es un efecto bien poderoso”.
Además, las experiencias grupales son una oportunidad para llegar a una población más grande. “Si trabajáramos individualmente, es muy probable que nos llevaría mucho más tiempo entregar esta alternativa a más personas. Cuando se junta un grupo, estamos multiplicando la posibilidad de que más pacientes se puedan servir de esta experiencia. Tiene ese efecto multiplicador que puede ser también muy valioso”.
El abordaje individual es una propuesta de la medicina occidental, “que también es interesante, porque la persona tiene a un profesional exclusivamente para ella, para que la guíe en este tipo de métodos psicoterapéuticos, para entrar a planos muy profundos. Sin embargo, yo prefiero el abordaje grupal”.
Venciendo los prejuicios
La Dra. Mary Zerpa admite que el entrenamiento formal que reciben los psiquiatras es muy ajeno a las cosmovisiones ancestrales, al punto de llegar a ser incluso un poco arrogante al respecto.
En su ejercicio profesional comenzó a identificar un grupo de pacientes que no respondían bien a los psicofármacos.
Además estaban los casos de personas que eran renuentes a ser tratadas con este tipo de medicinas, por malas experiencias previas o porque tienen familiares que estuvieron sobremedicados.
Ante ello, empezó a buscar otras alternativas con evidencia científica.
En un congreso de medicina conoció sobre la psilocibina, una molécula con un estándar de seguridad incluso mucho más alto que otros fármacos clásicos.
“Luego tuve una experiencia realmente muy profunda con el San Pedro, que para mí es una medicina preciosa. Yo tengo muchos años haciendo psicoterapia, me he paseado por varias escuelas: el psicoanálisis, la Gestalt, el humanismo, pero el San Pedro fue como un trampolín”, asegura la profesional.
Psiconautas
No solo quienes quieren sanar una enfermedad o adicción recurren a las plantas de poder y setas. Están los llamados psiconautas, personas que están buscando un camino de autoconocimiento, de expansión de su conciencia, de avance dentro de sus propósitos de vida. En esa búsqueda, la medicina ancestral puede ser un catalizador importante.
Siempre con el aval de profesionales de la Medicina preparados en el tema.
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Lo avala la Constitución
La Constitución del Ecuador protege y promueve los saberes ancestrales en varios de sus artículos.
Art. 25.- Las personas tienen derecho a gozar de los beneficios y aplicaciones del progreso científico y de los saberes ancestrales.
Art. 57, numeral 12.- (Se reconoce el derecho a) Mantener, proteger y desarrollar los conocimientos colectivos; sus ciencias, tecnologías y saberes ancestrales (...) con inclusión del derecho a recuperar, promover y proteger los lugares rituales y sagrados, así como plantas, animales, minerales y ecosistemas (...).
Art. 363, numeral 4.- Garantizar las prácticas de salud ancestral y alternativa mediante el reconocimiento, respeto y promoción del uso de sus conocimientos, medicinas e instrumentos.