Constelaciones familiares: conozca los mecanismos y fundamentos de este recurso terapéutico
EXPRESIONES conversó con profesionales acerca de esta herramienta para comprender y sanar ciertas dinámicas en los sistemas familiares

faLas constelaciones familiares son una estrategia complementaria de un proceso de terapia más amplio.
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“Las constelaciones familiares no se explican, sino que se viven”, sostiene la máster en Intervención Psicológica Alexandra Sánchez, quien también es consteladora familiar y tiene formación en biodescodificación y bioenergética.
Pero en este artículo asumimos el reto de mostrar la base y mecánica de este recurso terapéutico, que puede constituir una herramienta útil para acompañar un proceso de sanación.
Las constelaciones familiares se fundamentan en la premisa de que los conflictos emocionales o de comportamiento en una persona, pueden guardar relación con experiencias que vivieron generaciones anteriores de su sistema familiar o con desórdenes no resueltos.
En este caso, se refiere a secretos, exclusiones, duelos no procesados, pérdidas o accidentes muy dolorosos, injusticias, los cuales se traducen en dinámicas invisibles que tienden a repetirse o volverse una constante en la vida de las personas. Y esto ocurre incluso si no es consciente de ello.
De esta manera, las constelaciones buscan entender el sistema familiar, los vínculos entre sus miembros y los roles que desempeñan, de manera que se logra sacar a la luz conflictos transgeneracionales o lo que se conoce como lealtades invisibles o fidelidades familiares.
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Principios fundamentales
El creador de las constelaciones familiares fue el alemán Bert Hellinger (1925-2019), para quien existen tres principios sistémicos que regulan la armonía en toda familia: pertenencia, jerarquía y equilibrio o compensación. Cualquier desbalance en alguno de esos tres pilares será causa de malestar.
Al hablar del principio de pertenencia nos referimos a que todos los integrantes de una familia tienen derecho a formar parte de ese sistema, que es donde se adquieren los modelos de referencia con los que se construye la identidad.
Una persona vive con mucho dolor el hecho de no ser reconocida o aceptada por el clan familiar, lo que desencadena heridas de soledad o abandono. Este aspecto también incluye además a niños fallecidos, a los nonatos o incluso a parejas anteriores.
Según el principio de jerarquía, cada generación ocupa su lugar. El orden de llegada (nacimiento) determina dicha jerarquía, en un orden natural inalterable que define el grado de autoridad o influencia que tiene un miembro en el sistema familiar: abuelo/a, padre/madre, hijo/a, nieto/a, pareja...
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Hay un desorden cuando, por ejemplo, un hijo debe asumir, por alguna razón, responsabilidades o roles que deben desempeñar los padres. Quien ocupe un lugar que no debe puede tener la sensación constante de que está viviendo la vida de otra persona o llevando una carga que no le corresponde.
El principio de equilibrio o compensación señala la importancia del balance entre dar y recibir, característica de toda relación sana. Esto cobra especial relevancia en las relaciones de pareja, en las que ambos miembros deben sentirse valorados y retribuidos equitativamente, para evitar resentimientos o ideas de desvalorización. Cuando se presenta una pérdida o exclusión de algún elemento, existe una tendencia a incorporar a otros individuos para preservar el balance del sistema.
Existen diferentes síntomas que nos hablan de compensación, como en el caso de los excluidos o autoexcluidos del sistema familiar (las ‘ovejas negras’ de la familia); los temas tabús que causan rechazo, dolor o vergüenza; y los duelos no elaborados.
La máster Sánchez advierte que las constelaciones son solo una herramienta de un proceso más amplio. “La constelación te muestra los aspectos que debes trabajar, pero la persona debe hacer su terapia personal, terapia de pareja o terapia psicológica. Si es impulsiva o ansiosa, debe trabajar en ello”.
¿Qué se vive en una sesión de constelación familiar?
En las constelaciones familiares, la persona constelada, es decir aquella que quiere resolver un problema, debe verbalizar la situación que quiere trabajar usando una frase corta y concisa.
Por ejemplo, “Quiero trabajar un conflicto con mi cónyuge”, o “mi relación con el dinero”, “mi mala fortuna al tratar de encontrar pareja” o “la causa de mi ansiedad”. Luego elige un representante, quien luego de mencionar el nombre del constelado dice “Me pongo al servicio de tu sistema familiar”. El representante se ubica de manera libre y a partir de ahí el constelador empieza a observar sus movimientos y actitud, los cuales ofrecen mucha información sobre la historia familiar.
Cada gesto, cada posición, cada movimiento de cabeza o de la mano derecha o izquierda, si mira hacia arriba o hacia abajo, es un indicador que el constelador lee y vincula con una situación específica.
Luego se va eligiendo a representantes de las demás personas que forman parte del entorno familiar del constelado, cuyos movimientos también son leídos por el constelador.
Estos representantes se conectan con lo que sienten en ese momento, no con lo que piensan. Y tampoco hay lugar para la crítica ni el juzgamiento.
Cabe recalcar que un hombre puede representar a una mujer y viceversa.
La máster Sánchez nos relata una sesión para entenderlo mejor. “Tuve el caso de una señora que tenía un conflicto de pareja. La representante de ella le dio la espalda al representante del esposo. Y este se puso de brazos cruzados con gesto de incomodidad”.
Lo que la escena mostraba es que ella le daba la espalda a su marido y que él estaba molesto por esa indiferencia. “Cuando le pregunté al representante del esposo con qué emoción se conectaba, me contestó: ‘Estoy muy molesto. Quiero irme de aquí’. Y efectivamente, el esposo quería divorciarse”.
En este caso, también ingresaron las representantes de la madre y de la abuela materna de la señora, a quienes les costaba mirarse a la cara.
“La representante de la abuelita había sufrido muchas infidelidades, exclusiones y humillaciones, lo que la habían endurecido. Por eso había criado a su hija con esa misma dureza y ella a su vez había repetido ese patrón cuando le tocó ser madre”.
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Quien guía la sesión le pide a la representante de la persona constelada que diga frases sanadoras. Por ejemplo: “Mamá te he juzgado injustamente. Te agradezco por la vida. Pero yo lo haré diferente”. Frases que también debe repetir quien se está sometiendo al tratamiento.
Por último se realiza un ejercicio de cierre. Todos los participantes se toman de las manos formando una ronda. La persona que guía la sesión les pide que se imaginen que dentro del círculo arde una llama de color violeta, que limpiará a las personas de todo aquello representado y que no les corresponde.
Finalmente, cada uno da una vuelta sobre sí mismo pronunciando su nombre.
La psicóloga clínica Daniela Cattan, quien también es consteladora, comenta que en una sesión de constelaciones familiares existe mucha movilización emocional de parte del constelado y también de quienes hacen de representantes.
En el caso de la máster Alexandra Sánchez, sus sesiones de constelaciones familiares tienen un costo de $10 por participante. Y cada persona constelada paga $50. De igual manera si es online.
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Campos energéticos
El científico y biólogo británico Rupert Sheldrake sostiene que todos los seres estamos unidos por un mismo campo energético, nos recuerda Daniela Cattan.
“Todo lo que tú has vivido está registrado en tu sistema, en tu mundo interior, en tus células. Entonces, lo que hacemos durante las sesiones de constelaciones familiares es recobrar o recuperar la memoria de lo que fue”, argumenta la profesional.
Ella destaca que cada persona tiene su propia interpretación de los eventos que vive. Por ejemplo, quienes sufrieron una guerra pueden tener emociones en común como angustia, dolor, terror. Para todos ellos fue terrible, pero cada individuo, fenomenológicamente, tiene un relato personal al respecto. Cada uno tiene una vivencia diferente, irrepetible e intransferible.
Eso se evidencia en casos como los divorcios. Para un hijo esa separación pudo haber significado un evento traumático, pero quizás otro hijo consideró como algo positivo que sus padres se divorciaran, al ser un alivio para todos los conflictos que vivía la pareja cuando estaba junta.
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Metodología creada por un exsacerdote
El creador de las constelaciones familiares, Bert Hellinger, de adolescente fue enrolado a la fuerza en las tropas alemanas que combatieron en la Segunda Guerra Mundial, llegando a ser atrapado como prisionero en Bélgica.
Tras lograr escapar y volver a su país natal, se hizo sacerdote. Estudió filosofía y teología. A inicios de la década de los 50 partió a Sudáfrica como misionero, siendo destinado a evangelizar a tribus zulúes, de las que aprendió su lengua, cosmovisión y rituales, conocimientos que contribuirían años después a desarrollar su método.

El aleman Hert Bellinger fue un teólogo y psicoterapeuta alemán que ideó la técnica de las constelaciones familiares.
Casi dos décadas después de pertenecer al clero, dejó los hábitos. En esa época Hellinger se formó como psicoanalista, mostrando especial interés en la terapia primaria, hipnoterapia ericksoniana y programación neurolingüística.
A partir de los ochenta, Hellinger comenzó a fusionar diferentes enfoques, como el proceso de reconstrucción familiar de la psicoterapeuta estadounidense Virginia Satir y técnicas de terapia grupal y familiar, especialmente el psicodrama, del psiquiatra y pedagogo rumano-estadounidense Jacob Levy Moreno, dando origen a su metodología.