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Diario Expreso Ecuador

La huella de un padre ausente: ¿cómo afecta el abandono paterno a madres e hijos?

La ausencia de un padre puede generar secuelas a largo plazo para la estabilidad emocional y financiera de las familias.

Estudios científicos señalan que la falta de una figura paterna puede afectar el desarrollo infantil.

Estudios científicos señalan que la falta de una figura paterna puede afectar el desarrollo infantil.Freepik

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Lo que debes saber

  • Las redes de soporte pueden preservar la salud mental de las madres y el desarrollo infantil.
  • Expertas concuerdan en la importancia del padre, pero recalcan que su ausencia no es una condena para los hijos.
  • El estigma de ser madre soltera puede afectar a la estabilidad emocional de las madres.

Elvira Moreno recuerda pasear sola con su hijo recién nacido en el parque de Urdesa, Guayaquil, un domingo hace 27 años. 

Su hijo dormía en su coche mientras Elvira lo llevaba de una punta del parque a la otra. Las miradas de las otras familias, “completas con padre y madre” como las describe ella, le pesaban. Sentía que la juzgaban por no tener lo que ellos sí.

Poco después empezó a salir con un anillo de matrimonio falso para evitar el estigma. En realidad el padre de su hijo había partido para Estados Unidos y había formado una familia con una amiga de Elvira, dejándolos solos.

“Me sentía avergonzada no por el hecho de ser madre, sino por no tener una familia para mi hijo. Eso fue muy difícil de aceptar”, explica Elvira.

Ahora con 53 años, Elvira se considera suertuda. A diferencia de otras madres solteras, ella tuvo una red de apoyo fuerte: sus padres, amigos y amigas siempre la acompañaron, ayudándola a criar y educar a su hijo.

Eventualmente pudo superar esa ausencia. “La sociedad te dicta cosas, pero al final tú decides si te importa o no, y yo decidí que no, que yo tenía suficiente apoyo. No me hizo falta un hombre para salir adelante”.

Sin embargo, reconoce que una figura paterna saludable es clave en el desarrollo de un niño. Elvira “vio sufrir y llorar, pasar por muchas cosas difíciles” a su hijo durante su crecimiento por esa carencia.

Tener un padre, continúa, puede brindar una contraparte valiosa para enfrentar las dificultades de criar a un niño: alguien que brinde equilibrio al manejo de un hogar, no solo en la parte financiera sino emocional, que sea un contrapeso cuando una parte de la pareja se sienta sobrepasada.

A Elvira le hubiera gustado, por ejemplo, que alguien haya impulsado a su hijo a que haga más deportes, o que se tome en serio tareas como enseñarle a andar en bicicleta o a nadar, cosas que ella no sabía hacer.

Según datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos, 4’624.351 mujeres son madres en Ecuador. El 44 % de ellas, o 2’034.714, son solteras. No todas cuentan con la red de apoyo ni las posibilidades económicas que tuvo Elvira, lo cual puede influir en la estabilidad emocional de sus hijos.

Datos y estudios

Una revisión sistemática de 253 estudios psicológicos a nivel mundial, publicada en diciembre de 2025 en el Journal of Counseling and Educational Research, identificó una serie de consecuencias psicológicas en niños que crecen sin un padre, resaltando la importancia de la presencia paterna en el desarrollo.

De acuerdo a los estudios, la ausencia temprana del padre está vinculada a mayores índices de depresión y ansiedad en adolescentes, particularmente en mujeres. También causa conductas hostiles en niños y aumenta la presión económica sobre las familias.

Distancia emocional

Paula Monroy, psicóloga del Hospital de Salud Mental en Guayaquil, explica que es importante que el padre esté presente no solo física y financieramente, sino también en el ámbito emocional

Esto implica una dinámica sana en la relación con la madre que sirva de ejemplo para el niño, lo cual podría evitar algunas de las consecuencias descritas por los estudios científicos.

“A veces la herida que nace en el niño no es tanto porque el padre no esté presente en el día a día, sino por la inconsistencia del vínculo, porque el niño que no creció con un padre puede estar más estable que el que sí lo tuvo pero era una relación inconsistente”, dice Monroy.

No obstante, la ausencia de un padre, añade, no necesariamente condena a alguien a tener problemas psicológicos. Eso depende de factores como la dinámica familiar. Monroy pone dos ejemplos:

“El niño que crece con padres divorciados que constantemente están en conflicto va a presentar problemas psicológicos. Pero si vemos la situación de una mujer cuyo esposo es marino y se tiene que ausentar por varios meses al año pero el discurso de la madre hacia el niño es positivo, el impacto psicológico es distinto”.

Otro ejemplo es el padre que provee económicamente pero no atiende las necesidades emocionales del niño.

Perdonando a un padre ausente

Eliza, de 26 años, describe la relación de sus padres de una forma similar: su madre se encargó de la crianza y su padre del aspecto económico. Se divorciaron casi inmediatamente luego de que nacieran ella y su gemela, y las discusiones eran constantes.

“De niña lo quería y lo amaba, pero quien estaba presente en el día a día era mi mamá. Es raro, lo ves como alguien a quien le tienes respeto como autoridad pero no te nace contarle tus cosas. Él no estuvo completamente presente ni completamente ausente”.

Eliza cree que su relación con su padre ha marcado su manera de vincularse con ella misma y con el mundo. Todavía le cuesta contarle cosas, a pesar de que ahora tienen una mejor relación.

“A veces la herida que nace en el niño no es tanto porque el padre no esté presente en el día a día, sino por la inconsistencia del vínculo"Paula Monroy, psicóloga del Hospital de Salud Mental

Ese vínculo ambigüo con su padre también se ha visto reflejado en sus relaciones amorosas, en las que solía repetir la misma dinámica, lo cual ha trabajado en terapia.

“Hoy lo perdono y lo entiendo, pero ahora me doy cuenta que no era tan difícil estar más presente, que no era tan difícil mostrar afecto”, señala Eliza.

Crecer sin un padre no es una condena

María Fernanda Acosta, psicóloga, concuerda con Monroy en que crecer sin un padre no representa una condena, y también en que la figura paterna es importante para un niño.

Sin embargo, Acosta pone más importancia en la calidad del vínculo con el padre que en la presencia: en ocasiones incluso sería mejor que un padre se ausente a que impulse una dinámica violenta diaria y que “obstaculice” la salud mental de sus hijos.

Para Acosta, intentar sostener una estructura familiar tradicional por miedo al estigma puede resultar peor para el desarrollo emocional de los hijos. Esta presencia paterna, además, no necesariamente debe ser cubierta por una figura masculina.

Casos como el de Elvira, entonces, quien solía ponerse un anillo de matrimonio falso, representan el éxito de una red de apoyo fuerte frente a la ausencia paterna y el quebrantamiento de la estructura familiar tradicional, a pesar de la importancia de un padre presente en otros aspectos.

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