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Diario Expreso Ecuador

La tercera vía somos nosotros

Se puede haber combatido al correísmo y, con la misma independencia, cuestionar a quien llegó prometiendo ser su antídoto

Entre el correísmo y el noboísmo debe abrirse una tercera vía que la lideren los ciudadanos.

Entre el correísmo y el noboísmo debe abrirse una tercera vía que la lideren los ciudadanos.CHATGPT

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Osvaldo Hurtado llamó “criptodictador” a Daniel Noboa, éste respondió insultando, diciendo que sacan “el cadáver en formol”. La bancada oficialista salió en tromba, los antinoboistas celebraron y el país, una vez más, se acomodó a ver el espectáculo de dos bandos encontrados y que se necesitan. 

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Conviene detenerse en la pelea misma, porque ahí, y no en lo que se dijo en la semana, está el problema ecuatoriano de fondo. Desde hace más de quince años la política nacional se ordena alrededor de un solo eje, eres correísta o anticorreísta, economía, seguridad, salud, educación, y hasta la misma calidad de la democracia se observan bajo ese prisma. 

Un candidato se califica por sus servicios a uno u otro bando. Un proyecto de ley no se juzga por lo que dice, sino por quién lo impulsa. Y una denuncia que afecte a Carondelet, por grave que sea, se archiva porque es de origen correísta.

El episodio Hurtado retrató el dilema, y lo hizo desde el lugar preciso. Porque Hurtado no es un correísta reconvertido. Fue de los críticos más tempranos y constantes del correísmo, y su acusación contra Noboa se apoya precisamente en esa línea. Cuando dice que el presidente se está convirtiendo en un “segundo Correa”, no está cambiando de bando, está usando al correísmo como la medida misma de lo que denuncia. 

Su reproche es que Noboa hace hoy lo que él le censuró ayer a Correa: concentración de poder, presiones sobre la justicia y exclusión de rivales de la contienda electoral. Son cargos que, en cualquier democracia sana, obligarían a un debate institucional serio, con pruebas sobre la mesa y observadores formados. 

Pero dije sana y aquí, en cambio, la discusión se evaporó en cuarenta y ocho horas hacia lo de siempre. Si Hurtado es o no “correísta encubierto”, si Noboa insultó bien o mal, quién se tomó las redes sociales, etc. De fondo, el dilema ¿hay o no democracia? Quedó postergado.

Ese es el precio que ahora estamos pagando, ya que cualquier alarma democrática es banalizada. Si el que denuncia es leído como enemigo la denuncia no existe, se neutraliza. El que la lanzó sabe que una parte del país lo apoyará y el resto defenderá al otro. Así, el anticorreísmo aspira a convertirse en un cheque en blanco emocional con lealtad incluida. Y el correísmo, por su parte, cree prosperar cada vez que puede presentarse como víctima en lugar de responder por su historia.

Pero, aquí viene lo interesante, nos hacen creer que solo hay dos posturas y que rechazar una equivale a abrazar la otra. El que cuestiona al Gobierno actual es correista y quien recuerda los errores del correísmo es acusado de oficialista. 

Lo obvio, que es lo menos común, es que se pueda rechazar a los dos, que la defensa de las instituciones no tiene dueño y que un demócrata no está obligado a pegar su criterio a ninguna de las dos carpetas. Esta es la tercera vía y el propio Hurtado lo ilustra, se puede haber combatido al correísmo y, con la misma independencia, cuestionar a quien llegó prometiendo ser su antídoto.

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Ciertamente, que salir de esta trampa es la posición más complicada. Obliga a evaluar cada mensaje político por su apego a la Constitución y no por el color del mensajero. Es lo único que le devuelve sentido a la ciudadanía. Ecuador no necesita otro ungido que prometa salvarnos del anterior. Siempre termina igual, cambia el rostro en Carondelet permaneciendo intacta la lógica de que las instituciones son botín del vencedor y hacia ellas va. 

Lo que hace falta no es un tercer nombre para aplaudir. La tercera vía somos todos exigiendo y trabajando por instituciones fuertes, porque no confiamos plenamente en nadie que las ocupe.

La próxima vez que estalle una polémica como la de esta semana, la pregunta útil no es a qué bando pertenece el que habla, es si lo que dice resiste un análisis. Un país que aprenda a hacerse esa pregunta y a sostenerla, incluso cuando la respuesta incomode a los suyos, habrá empezado por fin a salir de la trampa. De lo contrario seguiremos discutiendo sobre el mensajero y no sobre el mensaje, en el mismo círculo vicioso de siempre.

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