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Diario Expreso Ecuador

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En voz alta por la libertad...

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Y también por la solidaridad. Sí, coincido con Macron: “El mundo y Europa necesitan más que nunca a Francia, a una Francia robusta y fuerte que hable en voz alta por la libertad y la solidaridad”.

Perdonen los lectores la informalidad con que trato al nuevo presidente pero, ocurre inevitablemente esa familiaridad cuando el personaje aludido inspira confianza por lo dilatado de su ejercicio o cuando genera buenas sensaciones de que trabajará honestamente, intentando satisfacer anheladas aspiraciones colectivas.

Ojalá le vaya bien a Macron y su Francia vuelva a iluminar al mundo, vuelva a esclarecerlo. Y creo que vale hacer constar que lo señalado no es pensar con el deseo. No. El mundo está haciendo un cada vez más nítido esfuerzo por retrotraerse en cuanto a sus visiones ideológicas. Lo anota Z. Bauman en un lúcido texto póstumo: Retrotopía.

Hoy, adaptándolos a los nuevos tiempos, se bucea en los antiguos valores y se los reconceptualiza. Así, la insuperable libertad del tríptico glorioso de la Revolución francesa busca convertir la anhelada y esquiva igualdad al menos en equidad, en justicia; y a la noble aspiración por la fraternidad se la destila en solidaridad. En lo de fondo, sin entrar al debate de sus prioridades o de su orden de consecución, lo importante es que se vuelve a los valores y se los rescata otra vez con ánimo político. Son múltiples los autores contemporáneos, los dedicados a cuestiones filosófico-políticas sobre todo, los que están tratando estos asuntos, reivindicando entonces la condición superior del quehacer político, intentando liberarlo de sus matices electoralistas que no pueden ser, como ha estado ocurriendo, su esencia más notable.

Está claro que conviene ganar elecciones. Sin victoria no se pueden llevar adelante los planes de gobierno (cuando existen), pero solo ganar elecciones desfigura, caricaturiza el quehacer político, cuando se convierte en un fin en sí mismo.

Entonces el partido pasa a ser en vez de un instrumento de análisis de la realidad, apenas una maquinaria electoral, fabricante de promesas demagógicas en el mejor de los casos.

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