El viejo profesor

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El viejo profesor

Maestros jubilados añoran el tiempo en que su imagen inspiraba respeto y era ejemplo en los hogares. Muestran indignación ante los recientes escándalos de abuso a menores.

Maestras. Enma Marún, Martha Cucalón, Lupe Amaya, Marina Andrade y Concepción Maridueña añoran el tiempo en que ejercieron la docencia.

Fueron luz. Pensar en la educación de antaño trae al imaginario colectivo respeto, disciplina y valores. Los docentes eran situados en un peldaño de jerarquía que constituía un canal de formación ineludible para el estudiante, un peldaño que, con los recientes escándalos de abuso a menores en entidades educativas, ahora está manchado de oscuridad, vergüenza y mala reputación.

Maestros jubilados, que EXPRESO reunió ayer, sienten indignación por la problemática que afronta el sistema educativo nacional y aseguran que el origen de todo está en la falta de vocación de los docentes.

“Entristece saber que existan personas que eligen esta profesión por el sueldo, por el horario, porque no tienen otra opción mejor o porque no sabían qué hacer cuando tuvieron que escoger carrera y la primera que se les ocurrió fue esta. La vocación es el principal factor para ejercer la docencia”, dice Ángel Navarrete Bermúdez, quien tiene 78 años y 43 de ellos los dedicó a la enseñanza de niños y adolescentes de varios centros educativos.

El tiempo no ha podido apagar aquel timbre de voz con el que hasta hace ocho años impartió clase en la escuela Cinco de Junio, y que ahora lo eleva para cuestionar a aquellas personas que se paran frente a los niños y a la pizarra, pero no están preparadas y no tienen vocación de enseñar con el ejemplo.

“Antes los futuros maestros nos preparábamos en los normales superiores desde los 12 años. Allí nos enseñaban cómo hablar, cómo vestirnos y principalmente cómo tratar a un estudiante. Ahora ya no existen estos centros y la preparación de un profesor da mucho que desear”, anota.

Pedro Rosero Morán, de 80 años, quien hace 10 se jubiló luego de ejercer la cátedra durante 40 años, añora aquellos tiempos cuando el maestro era respetado por alumnos y padres de familia, porque tenía presencia y autoridad.

“Se decía que los maestros éramos los segundos padres de los niños y los representantes se preocupaban más por sus hijos. Ahora el profesor ultraja a sus estudiantes y los padres muy poco se interesan por conocer cómo le va al niño en la escuela”, apunta con repudio.

El mismo sentimiento expresa Marina Andrade Herrera, cuando recuerda que el maestro era el ejemplo que se tomaba para hablar en casa. “Se reflejaba en esa gratitud eterna; sabíamos que no habíamos sembrado en mala tierra”, expresa.

Marina se jubiló en marzo pasado luego de trabajar 33 años en el aula. “Antes de retirarme, hallé maestros que ni siquiera están preparados para dar las asignaturas que les corresponde. Andan con el celular, dan sus clases sentados, no se paran para nada. Se ha perdido el respeto”, afirma.

Concepción Maridueña se estremece cuando trae a colación los casos de abuso sexual a estudiantes perpetrados por maestros, en los últimos días.

Ella, quien estuvo 48 años en el magisterio y durante ese tiempo fue maestra, exsubdirectora de Educación, exsupervisora escolar y rectora en varios establecimientos educativos fiscales, repudia lo que está sucediendo y asegura no haber conocido antes situaciones como estas. “En los colegios había tutores o dirigentes de cursos que velaban por la integridad de los estudiantes y les daban confianza para que estos les cuenten sus problemas. Los inspectores también se sumaban al trabajo en el control de la disciplina. Así se prevenían los abusos y cuando se daban se los denunciaba. Ahora todos guardan silencio”, comenta.

Que no todos los maestros de antes eran buenos y que algunos tenían muchas fallas, es algo que admite Enma Marún, exdirectora de Educación con 42 años en la docencia. No obstante, reconoce que había preocupación por impartir no solo enseñanza académica, sino también valores. “Antes se daba Cívica, Ética y se enseñaba respeto. Ahora muchos maestros se tratan de tú a tú con sus alumnos y allí pierden esa autoridad”.

Lupe Amaya, quien se jubiló en noviembre pasado, luego de 37 años en la docencia, cree que hay que fortalecer la profesión con maestros preparados. “Los normales deben volver a formar maestros que verdaderamente tengan vocación”.

Martha Cucalón, quien ejerció la docencia durante 48 años, coincide con su colega y agrega que “la gratitud eterna al maestro hay que reconstruirla”.