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Viajar en un horno
10 años es el tiempo que viene operando el Sistema Integrado de Transporte Masivo Urbano de Guayaquil. 4 Terminales posee la Metrovía, además de una parada de integración, así como 89 estaciones menores.

Guayaquil es una ciudad que soporta hasta 41 grados en época de humedad, y si usted está en un articulado de la Metrovía -o en un bus- esa temperatura puede elevarse hasta casi cocinarlo al vapor.
Es real. En esta ciudad, los buses climatizados son un recuerdo imperceptible. El tema simplemente quedó de lado pese a las condiciones calurosas de Guayaquil.
El mediodía es el infierno. Lo saben los estudiantes y los maestros que salen de sus establecimientos y llenan los pasillos del transporte público, mientras evaden el indeseable roce con otro cuerpo y lidian con el tipo que escucha reguetón en alto parlante desde su celular, que nunca falta.
Pero no a todos les viene mal esta molesta condición climática. La puerta se abre y él sube con mochila a cuestas. Se desliza entre sudores en la parada de la Universidad de Guayaquil, ubicada en la calle Carchi. No vocea fuerte. Mira a todos y busca a los más sofocados. “Agua a 25, agua a 25...”. Canta cual susurro. Su nombre es Carlos Pinto, tiene 19 años y está sin trabajo hace 6 meses.
Esto está prohibido aquí. A él no le importa y a sus clientes menos. Aunque a veces hay ventiladores o extractores en las unidades, nada basta, por eso las botellas con agua helada “se venden rápido y bastante”.
En diez años de historia, la Metrovía ha tenido solo cinco articulados climatizados, de los 400 que existen en las tres troncales que conectan parte de la urbe. Estos vehículos ‘idílicos’ llegaron en 2014. Fue tanta la expectativa que los empresarios detrás del proyecto accedieron a 15 días de pasaje gratuito; pero no resultó, por costos, y los retiraron el año pasado.
En los buses la historia es similar. No hay tumulto la mayoría del día, pero sí calor. La humedad de esta época del año sofoca el vehículo, al chofer, que está al lado del motor y a Norma Cedeño, que viaja de la vía a Daule al centro a diario. El aire caliente no deja de ser ni siquiera en días nublados.
“Es por el diseño de las ventanas”, dice María Alejandra Gutiérrez, una estudiante de la jornada matutina de Derecho, de la Universidad de Guayaquil, mientras saca la cabeza desesperada por algo de aire. “Esto es absurdo”.
Hay 2.400 buses en toda la ciudad y ninguno posee climatización. Hubo uno en 2014 que ahora es una leyenda. Era de la línea 10. Este Diario le hizo un registro en 2014. Fue una iniciativa individual, único en su especie, con un recorrido de 30 kilómetros cada tres horas.
Solo encendía el aire en horas pico. Llegó a tener muchos fans, pero no pudo contagiar a otros conductores. “Es que todo es caro”, se queja el transportista Williams Mizhquiri. Añadir el rubro de la climatización a gastos como llantas, aceite, repuestos e impuesto verde los dejaría en contra.
Desde la otra peatonal, la perspectiva es diferente. “Ya se dijo alguna vez que el objetivo de nuestro sistema de transporte es solucionar la movilidad, no entregar confort”, recuerda el usuario Giovanni Burneo.
“No somos prioridad para nuestros gobernantes y nadie toma posición para velar nuestros intereses. Pueden cobrar un dólar y seguirán dándonos las migajas de lo que les sobra, porque ellos jamás andan en buseta”, dice indignado.
Lectores consultados por EXPRESO están dispuestos a pagar “algo más” si se incluye aire en las unidades.
Solo cinco articulados tuvieron aire frío
Alrededor de 25.000 dólares representa climatizar un bus, que incluye la adquisición del equipo y repotenciar el motor del vehículo.
El presidente de la Federación de Transportistas Urbanos del Guayas (Fetug), César Carranza, dijo que por unidad que usa el aire acondicionado toca invertir diariamente un 20 % más, por consumo de combustible y aditivos. No incluye el mantenimiento periódico.
“Lo ideal es el cobro de una tarifa que amortigüe la inversión, pero en la realidad no se recupera, si tomamos como referencia que durante 14 años se mantuvo un pasaje de 25 centavos y ahora apenas llegamos a los 30 centavos”, expresó.
Recordó que en el 2014 se trajeron para la Metrovía 5 articulados climatizados, pero dos años después los equipos fueron apagados, por el elevado costo.
Los transportistas analizan incluir varios buses climatizados en el corredor urbano 2 (Sur-Centro). Su continuidad dependerá del interés ciudadano.
Los taxis evitan el acondicionador, por ahorro
Alrededor del 98 % de los 10.000 taxis regulados que circulan en Guayaquil cuentan con aire acondicionado. Sin embargo, la mayoría optaba por no ponerlo a funcionar en las carreras, bajo el argumento de que consume más combustible.
Los conductores ilegales y de servicio ejecutivo aprovecharon de estas limitaciones por parte de los legalizados para captar pasajeros.
“En cada taller o reunión que mantenemos con los socios les insistimos en que pongan a funcionar el aire acondicionado en cada carrera”, comentó el presidente de la Unión de Taxistas del Guayas, George Mera.
El dirigente está consciente de la necesidad de ofrecer un mejor servicio al usuario, más aún que la transportación ilegal trata de ganar terreno.
Mera calcula que cerca de 300 dólares invierte un taxista cada cinco meses para el mantenimiento del aire acondicionado de su automotor. Un equipo de climatización promedia los mil dólares.
LAS SOLUCIONES DE LOS USUARIOS
Orden: El ciudadano David González aconseja redistribuir las principales rutas de la Metrovía y los buses, y priorizarlas para los puntos de más afluencia de personas, además de generar rutas exprés en varios circuitos cerrados.
Bicicleta: El artista Gerson Mayer llama a buscar soluciones individuales. “Distancias de entre 4 y 6 kilómetros deben hacerse en bicicleta. Un fresco pedaleo de 30 minutos máximo es mejor que sofocarse en el bus”, dice.
Diseño: El artista plástico Cristian Torres sugiere la implementación de buses descapotables, con rejillas a la altura de los pies cortinas para protección contra el sol. Existen ya, asegura, y no representan mayor costo.
Más pasaje: Marttah Viktoria Robles piensa que la gente puede pagar trivialidades innecesarias, un nuevo alza de pasaje que busque un mejor servicio no significará nada, siempre y cuando sea buena la ventilación.