Turismo y magia ecuatorial

Los llamados Óscar del Turismo, los World Travel Awards, que se entregaron a las autoridades de las 3 principales ciudades del Ecuador (Quito, Guayaquil y Cuenca) vienen a ratificar la importancia que nuestro país ha tomado en el concierto internacional, con la posibilidad de ofrecer a quienes llegan a visitarnos una suma de bellezas ecuatoriales que invitan a volver bajo la seducción del mágico entorno natural y del progreso de las urbes.

Hay que comenzar por destacar que la geografía ecuatoriana es realmente prodigiosa en vista de que en un espacio territorial no muy extenso contamos con tres regiones muy diferenciadas, que van desde nuestras costas marinas, con sus tan amplias playas y sus singulares y atractivos balnearios, hasta la tan verde selva amazónica, pasando por la impresionante zona andina y la sucesión de imponentes nevados y volcanes. A lo que habría que añadir esa cuarta región que constituyen las Islas Encantadas, que conocemos con el nombre de archipiélagos de las Galápagos, con una flora y fauna sobrevivientes de épocas prehistóricas.

Esta diversidad pueden apreciarla y degustarla propios y extraños relativamente en un corto lapso. Este variopinto paisaje lo habíamos comprobado en nuestra infancia y juventud cuando usando el llamado tren ‘directo’ (hoy desaparecido) hacíamos el viaje de la ruta Guayaquil-Quito, partiendo de la región tropical de gran verdor y pasando por el subtrópico hasta ir ascendiendo por los majestuosos Andes ecuatorianos e ir descubriendo las blancas cimas del Chimborazo o del Tungurahua, entre otras de las similares e impresionantes elevaciones orográficas. Años después nos adentramos en la boscosa zona oriental, con sus correntosos y largos ríos, que también nos invitaban a la magia y al misterio.

Esta vez se ha premiado la importancia turística de nuestras ciudades principales, que han ido evolucionando hacia lo moderno y espectacular, gracias a los proyectos de regeneración urbana que se han llevado a cabo. Ha pasado ya la edad de las “grandes aldeas” y el aumento poblacional, por la continua migración interna, ha exigido estos cambios que no solamente ofrecen comodidad sino también belleza.