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Turismo en contravia

Las decisiones y la realidad parecen remar en contra del objetivo nacional de convertir a Ecuador en un importante destino turístico para los visitantes que recibe cada año América Latina.

La última actualización del ‘catastro’ de atractivos turísticos, en lugar de crecer, esconde algunos de los puntos destacados anteriormente. No por su deterioro, ni por el desinterés. Sino por, aparentemente, una comunicación infructuosa entre las administraciones. El Ministerio de Turismo, encargado del nuevo listado, asegura que los puntos incluidos son propuestos por los municipios. Pero la autoridad turística de Guayaquil asegura que no ha habido consulta previa para decidir que la ciudad, la primera o la segunda en importancia en el país según el indicador, solo tiene dos puntos dignos de visitar. Una decisión pública, de quienes están llamados a definir la estrategia promocional nacional, que contradice a los propios turistas.

Si el parque Seminario, plagado de iguanas, no es un punto de interés para los extranjeros, que vayan un fin de semana cualquiera a comprobarlo ‘in situ’. Si lo único destacable de Las Peñas es la Numa Pompilio Llona con su aire de ‘Montmartre’ tropical, que se lo digan a los visitantes nacionales e internacionales que suben y bajan las escalinatas entre pintorescas casitas de colores. Si la isla Santay es el único patrimonio natural de la ciudad costera, que revisen los registro de entrada de Cerro Blanco o de los paseos en barco por el río Guayas.

Nadie que persiga el objetivo común de promocionar el país, atraer visitantes y hacer brotar una industria poderosa generadora de dólares frescos puede entender por qué la máxima autoridad turística que rige la política nacional decide -así sea de forma provisional y mientras se hace una revisión exhaustiva- ignorar los atractivos que ya habían sido destacados en las ciudades del país.

No es coherente con la senda marcada. Como tampoco lo son, de acuerdo a las quejas del sector implicado y de los usuarios, las elevadas tarifas aéreas, las frecuencias y conexiones de vuelos a la baja, la inseguridad vial en el transporte colectivo, la falta de capacitación en atención al cliente, la amenaza del narcoterrorismo en la frontera... Tantos puntos a resolver, como para dar un paso atrás y retirar los espacios ya ganados.