Trump, Macron y la pobreza del liberalismo
Ningún liberal occidental discreparía en que la elección de Donald Trump fue un desastre para la sociedad norteamericana, mientras que la de Emmanuel Macron fue un triunfo para la francesa. En verdad, tal vez sea exactamente al revés. Pero, ¿por qué la gente participa en protestas callejeras violentas en París y no en Washington? Para muchos, al menos en principio, porque no creían que a Macron le importara o entendiera su padecimiento, aunque intenta implementar una reforma macroeconómica sensata: los incrementos en los impuestos al diésel habrían reducido los déficits presupuestarios y ayudado a disminuir sus emisiones de dióxido de carbono. Su esperanza: que una posición fiscal más sólida hiciera crecer la confianza y la inversión en la economía francesa para que el 50 % inferior de la sociedad terminara beneficiándose. Pero para que la gente tolere un sufrimiento a corto plazo a cambio de un beneficio a largo plazo, debe confiar en su líder. Macron, al parecer, ha perdido esa confianza.
Por el contrario, Trump la conserva o al menos la de la porción blanca de esa mitad. A primera vista parece extraño y paradójico, pero cuando Trump ataca al ‘establishment’ liberal y conservador de EE. UU., se lo ve como si estuviera desahogando la furia de los menos acomodados hacia una élite que ha ignorado su padecimiento. Su elección puede haber tenido un efecto catártico en el 50 % inferior. A pesar de que EE. UU. es la única sociedad desarrollada importante donde el ingreso promedio de la mitad inferior se ha estancado y caído marcadamente, y de que el ingreso promedio del 1 % superior de la población fue 138 veces mayor al del 50 % inferior en 2010, comparado con 41 veces más alto en 1980. No existe una explicación única sobre por qué la desigualdad en EE. UU. se ha disparado.
Podemos obtener una respuesta parcial al analizar los dos principios de justicia del filósofo John Rawls de Harvard (Teoría de la justicia). El primero enfatiza que cada persona debería tener “un derecho igual a la libertad más amplia”, mientras que el segundo dice que las desigualdades sociales y económicas han de ser conformadas de modo tal que sean “ventajosas para todos”. Los liberales occidentales han enfatizado el primer principio por sobre el segundo.
Para ellos, mientras la gente pueda votar libre y equitativamente, quienes fracasan económicamente lo hacen por incompetencia personal, no por las condiciones sociales. La política de Trump de tener déficits presupuestarios más grandes en los buenos tiempos traerá sufrimiento después, mientras que las políticas económicas de Macron darán resultado si los franceses son pacientes. Pero Macron no cuenta con el factor confianza; Trump sí. Entonces, si los liberales quieren derrotarlo deben recuperar la confianza de los votantes de su base, reestructurando sus sociedades para que el crecimiento económico beneficie a la mitad inferior más que al 1% superior. Los grandes intereses creados invariablemente intentarán bloquear la reforma. Los liberales pueden hacer el bien atacando los intereses de la élite que contribuyó a la elección de Trump. Si lo hacen, dicha elección sería vista por los historiadores futuros como una llamada de atención necesaria y concluir que en definitiva, fue mejor para la sociedad norteamericana de lo que la de Macron fue para Francia.
Kishore Mahbubani
Profesor en la Práctica de Políticas Públicas en la Universidad Nacional de Singapur, es el autor de Has the West Lost It?