Actualidad
Sincericidio, verdades que atropellan
No es malo decir la verdad, pero hay que saber cómo comunicar una dura realidad o forma de pensar. Indispensables: empatía y respeto.

“Te van a despedir porque no diste la talla para el puesto”, o “No eres hijo biológico de tus padres”. Estas revelaciones podrían considerarse un ‘sincericidio’, término (no científico) que es aplicado cuando una persona ‘lanza’ una verdad sin tacto ni considerar el estado emocional y mental del otro. “Lo dicen en el lugar y momento inapropiados, con frases indebidas, expresando frialdad en el tono de voz y lenguaje corporal”, explica la doctora Hypatia Mendoza, psicóloga clínica, terapeuta familiar y miembro de la Federación Ecuatoriana de Psicólogos Clínicos (FEPSCLI).
No es cuestión de maquillar la verdad, minimizarla o usar las famosas mentiras piadosas, “es informar al otro con empatía y consideración, como a usted le gustaría que lo traten”, enfatiza Mendoza.
La intención es importante. Por eso, antes de confesar algo, analice si va a servir para destruir o construir. Devele información solo si es para edificar.
¿Quiénes son propensos? Cualquier persona, pues quizás aprendió en casa esta conducta o estilo de comunicación y creyó que era correcto. Ahora ya sabe que no es así. A criterio de la profesional, no hay que estigmatizar a quien incurre en el sincericidio “porque no necesariamente tiene un trastorno mental o de personalidad”.
Resultados
¿Qué producirá esta extrema sinceridad? Problemas, tanto para el que lo dice como para el que lo recibe. En el primero causará ‘suicidio’ social, pues quedará como maleducado, impertinente y quizás la próxima vez nadie querrá hablar con él, ni lo volverán a invitar. Y la reacción del segundo puede ser de tipo emocional depresivo, agresivo e impulsivo.
Recomendaciones
- Si se topa con un ‘sincericida’, hágale una pregunta que lo invite a meditar, como por ejemplo: ¿sabes que la forma en que te comunicas me hace sentir mal? Si reflexiona, conversen al respecto. Y si se mantiene en negación, ponga distancia.
- Si quien no tiene ‘pelos en la lengua’ reconoce que abruptamente dice la verdad, aconséjele que acuda a un psicólogo, para que lo ayude a organizar sus pensamientos y no haga daño al expresarlos. Así aprenderá a no confundir franqueza con rudeza.