Sus empresas. Es presidente y gerente general en Golfi S.A., Tarcom S.A., Distelar Cía. Ltda., y Yontuzu C.A.

Rosero promete exonerar 4 anos el impuesto predial

El candidato de Alianza PAIS también anuncia que promoverá el turismo comunitario. Los analistas revisan sus planes.

Hay dos Simón Bolívar en la enorme oficina ubicada en uno de los pisos altos de un centro comercial aledaño al río Guayas. El uno aparece como figura central de un gigante cuadro al óleo. Es la figura legendaria del Libertador de América. El otro, sentado junto uno de los escritorios del salón, es uno de los aspirantes a ocupar el sillón de Olmedo como alcalde de Guayaquil.

Simón Bolívar Rosero Andrade, empresario guayaquileño, es el candidato de Alianza PAIS. Su oficina está situada junto al Malecón 2000. Precisamente, el punto de soporte de una de sus propuestas de campaña: exonerar del pago de los impuestos prediales a los dueños de las 600 mil viviendas de la ciudad. “No hay que olvidar que cuando se ejecutó la remodelación y construcción del Malecón se hizo con la aportación de los ciudadanos y empresarios guayaquileños”, alega.

Es por eso que cree que debe ser recíproco con sus electores a los que les promete que durante los cuatro años de su administración no necesitarán madrugar y hacer cola para obtener el 10 % de descuentos. Él promete subsidiarles el total de ese pago.

Una promesa que preocupa a Héctor Macías Carrillo, expresidente de la Asociación de Corredores de Bienes Raíces del Guayas (Acbir), quien cree que existe de por medio “una clara manifestación de autobeneficio”.

No por nada, a Rosero se lo ha considerado un ‘midas’ urbano, por la cantidad de edificios que adquirió en las últimas décadas en la ciudad, en especial, en el casco comercial. Predios que tampoco pagarían impuestos. Asegura que “estaría desfinanciando el presupuesto de la administración Municipal. Lo que la ciudadanía exige son más obras”.

Luis Cajas, quien preside la Asociación de Residentes de la Urbanización Guayaquil, en el sector norte, también aduce que es un deber cívico de los habitantes de esta ciudad, el pago de los impuestos. “Es cierto que el Municipio recibe fondos por parte del Estado, pero no siempre es suficiente ante la demanda de obras que tenemos los guayaquileños, en una ciudad que cada día crece. No me parece serio suspender estos cobros”.

En todo caso, Rosero considera que las obras no dejarán de hacerse. Que lo que no obtendrá por medio de los impuestos (calcula unos $ 12 millones anuales), lo recuperará con lo que produce económicamente el Malecón 2000 y otras áreas de la ciudad que generan ingresos.

Para Isabel Wagner, actual presidenta de Acbir, aquello de dejar de cobrar los impuestos no tiene lógica. ¿Con qué se ejecutarán las obras?, se pregunta. “El pago de nuestros impuestos es una obligación ciudadana para demandar servicios y obras”, dice.

Pero según EXPRESO publicó en diciembre pasado, los 25,6 millones de dólares que cada año recauda el Municipio por esta vía, apenas representan un 3,2 % del presupuesto anual, en la opinión del español Carlos Freire, catedrático de Finanzas Públicas de la facultad de Jurisprudencia de la Universidad de Guayaquil. El Cabildo porteño tiene otras fuentes más importantes de ingresos.

Paralelamente, Rosero asegura que será un alcalde que creará más de 100 mil plazas de empleo. Una oferta que tiene varios componentes. Por un lado, asegura que activará 50 mil plazas con la legalización del taxi particular. Calcula otras 13 mil plazas por medio de 1.500 locales comerciales y 5.000 espacios de comercios. En la construcción de 3.000 áreas de parqueos y de la segunda etapa del Malecón 2000 (3,5 km), que plantea desarrollar hacia el sur, contratará a 7.000 personas entre expertos y mano de obra.

A ello suma 30 mil puestos con su plan de turismo comunitario: todo dueño de casa que tenga una habitación desocupada, porque el hijo creció y se cambió de residencia, podrá alquilarla a turistas extranjeros o nacionales.

Holbach Muñetón, presidente de la Cámara de Turismo del Guayas, asevera que esa propuesta implica muchos riesgos. “No se trata solo de decir acojan a los turistas. Qué normativas se aplicarán. Si sucede un accidente, si se da un mal servicio. La que pierde es la ciudad, por la imagen que estaremos promoviendo”. Y, desde la parte técnica, cree que es una oferta sin asidero. “No veo que sea viable”.