De reina narcisista a viuda desamparada

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De reina narcisista a viuda desamparada

Nunca estuvo Cristina Kirchner tan cerca de su ocaso político como la semana pasada, cuando el Senado argentino votó por unanimidad el allanamiento de tres de sus casas en busca de evidencias de los circuitos de poder que funcionaron eficazmente durante el kirchnerato.

Asociación ilícita, lavado de dinero, encubrimiento, son las causas contra la expresidenta. Como resume Ricardo Kirchsbaum en Clarín, la consigna del kirchnerato fue casi socialista: “todos tendrán obras, todos pagarán coimas”. Consigna del socialismo del siglo XXI pareciera ser, por los escándalos de corrupción que se están conociendo en los países en que han detentado el poder.

Lo que aparenta ser el último episodio en la carrera de desmoronamiento del kirchnerato es La causa de los cuadernos, como se conoce a las anotaciones que, durante 10 años, registró un chofer del traslado de bolsos de dinero que, supuestamente, contenían los sobornos pagados por empresarios para ganar contratos millonarios en el gobierno de los Kirchner, que funcionó como una red y cuyos jefes habrían sido la pareja presidencial.

Los cuadernos, entregados al diario La Nación de Buenos Aires, proporcionan nombres de grandes firmas locales e internacionales comprometidas.

Pero es apresurado asegurar que Cristina Kirchner está en la última etapa de su carrera política. Actriz privilegiada para personalizar diferentes relatos, ahora debe desempeñar el papel de víctima de la persecución del gobierno de Macri, puesto a la defensiva por la grave crisis económica del país.

Hegel decía que la verdad acontece en la historia del mundo después de pasar por costosos trabajos y dolorosos ajustes. No está a la mano, como lo puede estar un pan o una ilusión. Tampoco es un problema de lógica ni de comparar hechos con palabras.

Lo que existe es un conflicto de relatos cuya credibilidad no depende de evidencias. Macri debe armar un relato creíble en el que la corrupción explique la crisis económica. No bastan evidencias como la de José López lanzando bolsos millonarios en un convento.