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El regreso de la familia

Cuando el presidente Rafael Correa entró a Carondelet, hace casi 10 años, lo hizo solo. Su esposa Anne Malherbe había advertido desde la campaña de 2006 su animadversión a asumir el tradicional cargo de primera dama.

Acto. Migue y Anne, hijo y esposa del presidente, lo acompañaron en su último informe a la nación.

Cuando el presidente Rafael Correa entró a Carondelet, hace casi 10 años, lo hizo solo. Su esposa Anne Malherbe había advertido desde la campaña de 2006 su animadversión a asumir el tradicional cargo de primera dama. Y el propio Correa, que acusó a la tradición de “sexista e ilegítima”, se encargó de suprimirla en su primer año de Gobierno. Desde entonces, la familia presidencial se ha esfumado. Pero está por volver.

En estas elecciones, todos los candidatos presidenciales hacen de sus familias más que un refugio hogareño: son acompañantes, militantes, voceros y organizadores de mítines. En algunos casos, además de acompañar, toman también el micrófono.

La familia presidencial, una tradición arraigada en la política ecuatoriana desde 1884, en la era de Plácido Caamaño, y legitimada en las leyes durante el velasquismo, que concedió a Corina del Parral la condición de presidenta del Instituto Nacional de la Familia, se desvaneció con una pareja presidencial que en esta última década ha aparecido en público una vez por año. O menos.

Los candidatos por la sucesión de Correa se distancian de él incluso en eso.

Guillermo Lasso, cuya esposa María de Lourdes es aclamada como “primera dama” en los mítines de CREO, ha reconocido públicamente la intención de reinstaurar la figura de familia presidencial. María de Lourdes, una simpática figura que lo acompaña desde la tarima y que toma el micrófono para reforzar sus propuestas, asiste a prácticamente todos los eventos políticos del aspirante.

El general Paco Moncayo, el más reciente en el orden de aparición, ha mantenido la figura de Martha Miño, su esposa, como un soporte público: estuvo en su elección como alcalde de Quito y su renuncia, así como en su intención de correr por la Presidencia.

El candidato de FE, Dalo Bucaram, cuenta con el respaldo de su esposa Gabriela Pazmiño, una figura de TV que pidió licencia en el canal donde labora para acompañarlo en la campaña.

No es una cuestión de género. Cynthia Viteri, de La Unidad, que repite la intención de llegar a Carondelet, mantiene en público el respaldo de Joaquín Villamar, el economista y agroempresario con quien está casada. De llegar a la presidencia, Villamar podría convertirse en el único primer caballero de la nación.

Incluso en esto Lenín Moreno se desmarca de su antecesor. Su esposa Rocío González lo acompañó a todos los viajes que hizo cuando era vicepresidente, a sus funciones en Ginebra y, por supuesto, a su regreso para la campaña. La familia está de vuelta.