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Un planeta con miedo

Se le atribuye al emperador romano Calígula la tristemente célebre expresión que se traduce en síntesis con aquello de: que me odien pero que me teman.

Pareciera que la infortunada frase continúa inspirando, antes y ahora, a muchos gobernantes, que la han adoptado como su divisa.

Al respecto, cabe recordar que las diversas formas de odio derivan, mayoritariamente, antes de los miedos que de los agravios, que también pueden generarlas.

Miedo es precisamente el significado etimológico de fobia y así, dependiendo de la razón que lo causa, se habla de entomofobia: miedo a los insectos, o de claustrofobia: miedo a los espacios cerrados, aunque también puede ocurrir en relación con los espacios abiertos, llenos de multitudes, como en la agorafobia. El miedo en definitiva está en la base de muchas fobias que, vale recordarlo, son causa de múltiples trastornos de salud de enormes segmentos de población en todos los países del globo, a despecho del grado de su desarrollo económico.

Dicho sentimiento negativo que suele evolucionar de la ansiedad a la angustia y de esta al pánico, estimulado por la ignorancia, deviene en odio, como en el caso de la xenofobia, produciendo rechazo de todos los seres humanos que no se pertenecen al grupo nacional predominante, a todo lo que se considera extranjero, a lo que primero se desprecia y luego, considerándolo amenaza, se lo agrede verbal o físicamente. Y por esa vía se llega hasta el asesinato y la guerra.

Lo señalado quiere alertar, con criterio preventivo, respecto a la creciente intolerancia, que con diversas orientaciones se ha hecho visible en los Estados Unidos de Norte América, tras la elección del nuevo presidente, precisamente estimulada por un lenguaje áspero que, contrario a lo que sería deseable, no parece posible que se vea modificado, pese a los síntomas positivos de su discurso de la victoria.

Algunos de los recientes nombramientos de su equipo más cercano aparentemente indican que el Donald Trump candidato sigue predominando sobre el Donald Trump presidente, y que el viejo fantasma del racismo, que es la más grave degeneración de la xenofobia, aunque parecía desaparecido luego de la elección de un presidente negro, ahora emerge con fuerza, junto a otras graves manifestaciones de inaceptable intolerancia. Peligroso sería no corregirlo.