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Pisando la linea roja de una guerra mundial

¡Qué difícil es entender a la humanidad! Se han producido dos guerras mundiales en poco tiempo y en ellas participaron, en una u otra forma, todos los países del mundo. Hubo más de cuatro millones de muertos. Quedaron dos continentes semidestruidos, se crearon organismos para mantener la seguridad y todos ellos han fracasado. La reconstrucción de los países costó miles de millones de dólares. Eso sí, sin dejar de crear nuevos armamentos y, esta vez, mucho más letales por el poder nuclear que encierran.
Después de lo que se llamó la Guerra Fría, en la que estábamos día a día a un paso de un nuevo conflicto, hemos ingresado en lo que se empieza a llamar la “Tercera Guerra Mundial por partes”.
El inicio de la Tercera Guerra. Como de no creerlo. Un pequeño estado, Siria, situado en el Medio Oriente, enciende el conflicto por razones político-religiosas. Una familia toma por herencia el poder y en cuarenta años en el mando le corresponde a Bashar al Asad, de la minoría chiita, en una pseudorrepública donde se hacen elecciones, totalmente fraudulentas. La oposición reclama y es abatida con fuego. De allí en adelante se enciende el país y, minuto a minuto, se van involucrando sectas, etnias, grupos como Hezbollah y ahora países como Irán, Rusia; y por otro lado, Irak, los kurdos, Turquía, el Estado Islámico y la gran sorpresa: Estados Unidos.
El conjunto de las tropas aliadas al presidente sirio advirtieron al Gobierno de Donald Trump que había cruzado la “línea roja” con el bombardeo a una base siria de Shayrat con 59 misiles Tomahawk y que responderá con fuerza si vuelve a agredir al país árabe, pues consideran que es ilegal el ataque y los convierte en “ fuerzas de ocupación”.
Opiniones de lado y lado. Con estas declaraciones, la política internacional se vuelve un “dime y diretes”.
El secretario de Estado estadounidense, Rex Tillerson, mientras tanto, culpó a la inacción de Rusia por el bombardeo. Según dijo, Moscú ha fracasado en mantener el acuerdo de 2013 que garantizaba la destrucción de las armas químicas en Siria.
Tillerson dijo que Estados Unidos esperaba que Rusia tomara una posición más firme contra el gobierno de Damasco y que medite mejor su alianza con Al Asad, porque “cada vez que ocurre uno de estos terroríficos ataques, Rusia se acerca a un nivel de responsabilidad mayor”.
Por su parte el presidente iraní, Rohani, volvió a garantizarle al líder sirio su apoyo. “Irán seguirá estando junto al pueblo sirio y saludará una cooperación más estrecha en la lucha contra el terrorismo”, aseguró, según declaraciones oficiales.
Gran Bretaña también apoyó a su socio, Estados Unidos, a través de su ministro de Defensa, Michael Fallon, quien afirmó que “indirectamente, Rusia es responsable por cada una de las muertes de civiles ocurridas la semana pasada”, elevando la tensión con Moscú.
Se involucra Trump. Como “la cereza en el pastel”, resultó que el presidente Trump, quien se declaraba nacionalista y poco afecto a intervenir en los problemas internacionales, ya que tenía bastante para resolver internamente, ordena el bombardeo, pues el Gobierno sirio, violando tratados internacionales, había usado el gas sarín, arma prohibida y de efectos incalculables, ataque del que han sido víctimas poblaciones civiles con una gran cantidad de niños.
¿Qué vendrá ahora? ¿Se involucrará Estados Unidos en esta guerra? ¿Rusia intensificará su ayuda a su amigo Bachar? ¿Qué hace NN. UU.?
Realmente la solución es relativamente fácil: la renuncia de Bashar al Asad y su asilo en Rusia, para evitar ser juzgado como criminal de guerra por el Tribunal de Justicia Penal de La Haya, podría ser la salida, fórmula que no se dará porque existen intereses tan poderosos en la guerra que nadie quiere perder. Producir y vender armas se está convirtiendo en el mejor negocio del mundo.