
Pelo rebelde quiza sufra un raro sindrome
Suena a broma, pero existe de verdad. Su nombre en latín es ‘Pili trianguli et canaliculi’, una anomalía genética que supone un pelo muy difícil de peinar, por no decir imposible.
Suena a broma, pero existe de verdad. Su nombre en latín es ‘Pili trianguli et canaliculi’, una anomalía genética que supone un pelo muy difícil de peinar, por no decir imposible. Suele desarrollarse entre los 3 meses y los 12 años de edad. El cabello, que tiene una cantidad normal y suele ser rubio plateado o castaño claro, crece en distintas direcciones, generalmente en haces entrelazados. Es desordenado y seco. Meter el peine en tal maraña resulta tarea imposible.
Estos pelos no son como los normales y tienen aspecto de alambre. Si cortamos con una tijera un cabello sano y observamos al microscopio el tallo piloso, comprobaremos que las personas de cabello rizado lo tienen aplanado; las de pelo liso, ovalado; y los orientales, de forma cilíndrica, correspondiente a los troncos raciales negroide, caucásico y mongoloide.
Forma inusual de la hebra
Pero “en este síndrome el pelo no tiene ninguna de esas formas estándares, sino que al cortarlo con la tijera su tallo piloso tiene forma cuadrada o triangular. Eso hace que no sea moldeable ni controlable”, detalla el doctor Ramón Grimalt, coordinador de dermatología de la Universidad Internacional de Barcelona y miembro de la Academia Española de Dermatología y Venereología (AEDV).
Se trata de una anomalía que se engloba en el grupo de las displasias pilosas, amplio y heterogéneo conjunto de entidades que afectan la estructura del pelo, y esta tiene un origen genético. Sin embargo, eso no significa que los padres u otra persona de la familia lo hayan padecido.
Este año se lleva a cabo una investigación científica para conocer cuál es la mutación genética que lo provoca, estudio en el que está participando el propio doctor Grimalt, en colaboración con científicos de la Universidad de Bonn.
Muy raro
El síndrome fue descrito por primera vez en Toulouse, Francia, en 1973, por el doctor Duré y su equipo. Lo bautizaron ‘cheveux incoffables’ (cabellos impeinables, en francés). Ese año, los investigadores Stroud y Mehregan presentaron un caso similar en el congreso First Human Hair Symposium, Nueva York, y lo llamaron ‘spun glass hair’ (cabello en fibra de vidrio, en inglés). El tercer caso lo documentó en 1974 el doctor Grupper y su equipo. Es una enfermedad rara, por su baja frecuencia. Aunque su prevalencia se desconoce, los médicos admiten toparse poco con ella. “Veo a unos 150 pacientes por semana y se presenta un caso así cada 10 o 15 años”, revela Grimalt.
¿Y si le toca a mi hijo?
Aunque aparezca en la infancia o la adolescencia, “con la edad y por el sebo de la cabeza, el síndrome tiende a mejorar”, añade Grimalt, aunque nunca llega a desaparecer por completo.
Mientras tanto, se recomienda utilizar grandes cantidades de suavizante y mascarilla, así como un champú no irritante, pero en el 90 % de los casos no hay un tratamiento específico para el paciente, porque se trata de un proceso benigno, que no reviste ninguna gravedad. Más allá de la incomodidad y lo estético, claro.
“El uso de champú de piritiona de cinc (ingrediente antibacteriano y antifúngico) puede ayudar a mejorar el aspecto”, explica el doctor Alejandro Novoa en el análisis de un estudio clínico de un caso real en un paciente de cuatro años publicado en ‘Anales de Pediatría’, en colaboración con los doctores Grimalt y Azón. El tiempo dirá si algún día los científicos encontrarán una solución al trastorno. Mientras tanto, mucha paciencia y un buen cepillo.