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Jeannine Cruz | ¿Dónde está David Romo?

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Han pasado casi 13 años. Trece años de versiones contradictorias, de líneas de investigación que cambiaron con el tiempo

El 16 de mayo de 2013, David Romo subió a un bus en Quito y nunca volvió a casa. Tenía 23 años, era estudiante de comunicación, hijo, amigo, vida en construcción. Su última llamada fue a las 22:22. Dijo que estaba cerca… pero que no podía hablar más alto. Desde ese instante, el silencio se volvió permanente.

Han pasado casi 13 años. Trece años de versiones contradictorias, de líneas de investigación que cambiaron con el tiempo, de decisiones que parecían más orientadas a cerrar el caso que a encontrar la verdad. Trece años en los que el Estado no ha podido -o no ha querido- responder una pregunta básica: ¿qué pasó con David Romo?

En ese mismo tiempo, Alexandra Córdova no se detuvo. Transformó el dolor en resistencia. Mientras las instituciones archivaban, ella insistía. Mientras el sistema dudaba, ella caminaba: morgues, quebradas, audiencias, calles. Cada miércoles, cada día, con una sola consigna: que su hijo no sea olvidado.

Este caso ya no es solo una desaparición. Es un retrato brutal de la fragilidad institucional. De un sistema que permitió que una investigación pase por teorías sin sustento sólido, que dejó diligencias pendientes, que incluso intentó cerrar el caso alegando plazos, como si el tiempo pudiera sustituir la verdad.

La reciente reapertura no es un logro del sistema. Es la evidencia de que algo se hizo mal durante años. Y también es un grito: la justicia no puede administrarse como trámite.

¿Cuántas madres más viven este mismo infierno en silencio? ¿Cuántos nombres no conocemos? David Romo se convirtió en símbolo porque su madre no se rindió. Porque decidió incomodar. Porque entendió que el amor también es lucha.

Un país que no responde dónde está un hijo es un país que ha perdido el rumbo. Porque cuando la desaparición se normaliza, la democracia se debilita.

David Romo no es pasado. Es una pregunta vigente. Y su madre, una voz que el país no puede ignorar.

Que esta reapertura no sea otro capítulo inconcluso. Que sea, por fin, el inicio de la verdad.