Actualidad
En el pais del criquet
Solo los británicos pueden comprender la lógica con la que se ha manejado el brexit que, previsiblemente, separará al Reino Unido de la Unión Europea a finales de marzo. Solo ellos, conocedores y amantes de las enrevesadas reglas deportivas del críquet, pueden organizar una ensalada de posturas, estrategias, alternativas y caminos sin salida -como a veces ocurre en algunos partidos infinitos de ese deporte- frente a una decisión tan trascendental como divorciarse del bloque comunitario para iniciar una vida en solitario.
Primero hubo un referéndum en el que el pueblo de Gran Bretaña dijo que quería separarse de la UE. Luego, el Gobierno llegó a un acuerdo complejo y tenso que diluyó las aspiraciones ciudadanas iniciales en pro de la convivencia comercial, aduanera y migratoria con los países vecinos, para regular las condiciones de la salida con las instituciones europeas. El pacto ni convencía ni favorecía a nadie -ni a euroescépticos ni a antibrexit ni a europeístas-, pero se antojaba como la única salida posible, aparte de un brexit a las bravas. Es decir, de un brexit sin acuerdos, que equivale a una ruptura total con consecuencias imprevisibles para las personas y las empresas que tienen relaciones entre Reino Unido y la UE. Y el martes, como era de esperar, casi todos se alinearon para llevarle la contraria al Gobierno de Theresa May, dejar en evidencia su incapacidad de gestionar el brexit y ponerla en el disparadero de la “moción de no confianza” tras ser rechazado su acuerdo en el Parlamento. Ayer, para darle una vuelta más a su lógica incomprensible, la primera ministra británica superó la votación y no fue destituida. También se había anticipado ese resultado. Es decir, en dos días, los parlamentarios británicos le dijeron a May y al mundo que no apoyaban a su gobierno, pero también que no le quitarían la confianza. Y a estas alturas no se descarta un nuevo referéndum que anule todo lo recorrido. Así, si alguien entiende y sabe cómo va a terminar este laberinto lleno de recovecos, que lo comunique. Al menos para que los ciudadanos que viven a los dos lados del brexit y las empresas con intereses en juego sepan qué pasará con su futuro a partir del 29 de marzo, cuando se hará efectivo el divorcio. Los demás, los que miramos desde fuera, esperaremos para medir cuáles serán las consecuencias de una controvertida decisión que, desde luego, ya marca un punto de inflexión en la identidad del bloque comunitario.