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La ordenanza no detiene la venta de mascotas en la calle

En Guayaquil, de acuerdo con una reciente ordenanza, está prohibido comercializar animales de compañía de manera ambulatoria en calles, avenidas, mercados y otros sitios públicos, y no se necesita de una denuncia para que el Cabildo retire a las mascot

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Blanca Moncada Pesantes / Diana Sotomayor Zevallos

En Guayaquil, de acuerdo con una reciente ordenanza, está prohibido comercializar animales de compañía de manera ambulatoria en calles, avenidas, mercados y otros sitios públicos, y no se necesita de una denuncia para que el Cabildo retire a las mascotas y las traslade al órgano competente para su adopción o entrega a una organización de protección animal.

Sin embargo, esa disposición no se cumple. Cuando un policía metropolitano se encuentra con un vendedor de mascotas, tiene limitaciones para cumplir la ley. “No se puede traer animales al cuartel. Y la ciudad no tiene albergues. Los informales, aunque son impedidos de seguir con la venta en ese momento, se quedan con los cachorros”, contó a este Diario en una nota anterior el coronel Roberto Viteri, subdirector de ese departamento.

“La venta de animales ha sido un reclamo de la ciudadanía desde hace muchos años y la ordenanza la prohibió definitivamente. Conversamos con fundaciones. Todas tuvieron la voluntad de ayudar, pero no hay a dónde llevar a las mascotas. Es una realidad. No hemos llegado a un acuerdo aún con las fundaciones”, admite Josué Sánchez, el concejal por Madera de Guerrero que promovió el documento legal y que asegura que ya hay convenios en camino

Estas brechas se reflejan en las calles. Sobre todo en la Bahía. Perros y gatos, e incluso gallos, conejos y peces, se venden a vista de todos.

Carlos estuvo allí el pasado sábado. Ofrecía un pastor alemán y un schnauzer, ambos cachorros de tres meses y aparentemente puros, por 80 dólares. Con la condición de que no se publicara su apellido, contó que su negocio empezó hace ocho años en Urdesa y la Kennedy, pero ahora su lugar favorito es este, la Bahía. “Entre tanto callejón, logro perderme de los metropolitanos”.

De algo debe subsistir, argumenta este vendedor. “Los doy sanos y vacunados. No los pinto, no les pego las orejas con goma. Tampoco les coso la cola para que se los vea más bonitos”, justifica sobre su trabajo.

En redes sociales, Rescate Animal ha reportado varias denuncias de vendedores ambulantes concentrados en la Bahía. Hay fotografías y llamados constantes a las autoridades para realizar operativos.

El problema es más profundo de lo que se cree. La venta persiste porque hay demanda. La activista y directora de Bienestar Animal y Gestión Social de la Prefectura, Nathaly Toledo, asegura que el 75 % de los guayaquileños prefiere un animal de raza.

Es importante -explica- por una cuestión de estatus. Mientras más de raza y más exótica la mascota, para la psicología del guayaquileño representa un mejor nivel social. “Esto para quienes rescatamos animales es un problema serio”.

Además de ilegal, comprar animales en las calles no es conveniente. Viviana Vásconez, directora de Rescate Animal, asegura que la mayoría tiene problemas de salud. Esa es la razón por la que algunos, a los pocos meses de adquiridos, mueren.

Uno de esos casos es el de Manuela Piedrahíta. Hace siete años compró en Urdesa una cachorra hush puppies. “Era hermosa, recuerdo que el vendedor me mostró incluso una cartilla de vacunación. Sin embargo, se enfermó a los cuatro días y murió. Estaba desnutrida”. Jamás volvió a comprar un cachorro. Ahora adopta.

Aquel camino, el de la adopción, tampoco es popular entre los guayaquileños. “Piensan que los animales rescatados están enfermos y eso no es cierto. En esta ciudad las ferias de adopción no son exitosas”, se lamenta Toledo y resalta que el problema de las ventas no está solamente en la calle, sino también en Internet. “Allí nada está regulado”.

Ella, como activista, ha desmantelado, con ayuda de la policía, varios criaderos improvisados donde tenían animales en condiciones precarias.

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