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Ninas asesinas
Los diarios de Guayaquil trajeron la espantosa noticia de la muerte de una niña de 11 años el pasado domingo, Día de la Madre, dos días después del brutal maltrato que le infligieran dentro del aula de clases cinco compañeros (cuatro niñas y un varón), un par de horas antes de finalizar la jornada matutina, en un colegio fiscal de la ciudadela Huancavilca, al sur de la ciudad. La víctima, Britany Morán, al llegar a su casa el viernes le pidió a su padre entre sollozos que la cambiara de colegio y le comunicó que el lunes debía ir un representante al establecimiento. También le contó cómo sus agresoras y agresor, a quienes identificó, la ataron a su banca de manos y piernas, le taparon la boca con una toalla y luego la golpearon en la cabeza y en la cara por más de una hora. El sábado en la noche comenzó a tener fuertes dolores de cabeza, por lo que fue hospitalizada. En un dispensario le pusieron una inyección y sangró por la boca y nariz. De allí la trasladaron en ambulancia al hospital Francisco de Ycaza Bustamante, pero antes de llegar le dieron infartos, por lo que dada su gravedad fue trasladada al hospital Alcívar para practicarle una tomografía. De vuelta al Francisco de Ycaza constataron que tenía muerte cerebral, falleciendo al día siguiente. El lunes, Tyrone Morán, padre de la menor fallecida, acudió a la cita con el rector del colegio, quien le dijo que todo lo sucedido había sido un juego, a lo que tuvo que responderle que no lo era pues su hija estaba muerta. ¿El rector también habrá tomado como un juego el suicidio de un niño de 12 años que asistía a la misma unidad educativa, luego de ser víctima de “bullying” en el aula de clases, según lo detalló en la carta que escribió antes de quitarse la vida en su habitación, hecho ocurrido hace apenas unos meses, el 29 de noviembre de 2017? Lo que se evidencia es una total e inexcusable falta de control, así como indisciplina, que ameritan -desde hace tiempo- la total intervención de esa unidad educativa. En cuanto a las cuatro niñas y el niño asesinos de Britany, ya que por su edad son inimputables, por lo menos merecen el deshonor de la mención de sus nombres y apellidos y, desde luego, la expulsión de ese establecimiento público en que actuaron tan primitivamente, sin ningún control superior.