El Nihilismo ronda America Latina

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El Nihilismo ronda America Latina

Las protestas habidas últimamente en América Latina se acercan a las del movimiento nihilista surgido en Rusia a mediados del siglo XIX, que defraudado por el autoritarismo de los zares justificaba cualquier acto violento que derrocando instituciones tradicionales permitiese la emancipación individual. Aquel movimiento se alineó con organizaciones terroristas para reivindicar derechos personales, negando a su vez los derechos de una sociedad que consideraban opresora.

Esta tesis no está vinculada a ninguna creencia política, religiosa, clasista; se aproxima al anarquismo, que persigue perturbar la vida pública a causa de la ausencia o flaqueza de la autoridad gubernamental, propugnando la abolición del Estado. Uno de los ideólogos de esta tendencia (que tuvo cultores utópicos como Campanella, Moro, Platón), el francés Proudhom, consideraba la política como un mal, por cuanto significaba la cesión de la soberanía personal en beneficio de los intereses de grupos privilegiados.

América Latina está retada a defender la democracia. Uruguay acaba de demostrar su apego a una verdadera democracia, Bolivia está cerca de fortalecerla saliendo de un régimen que quiso perpetuarse en el poder irrespetando el orden constitucional. Las movilizaciones en Chile y Ecuador, ambos países con alto costo de vida, tuvieron como denominador común una expresión de rechazo de la sociedad a un manejo político que estiman no es incluyente, con amplios sectores que superviven en medio de una creciente escasez económica y escasas esperanzas de un mejor futuro. Eso explica la fiereza con la que se destruye todo lo que se encuentra al paso. Piensan que los beneficiados son pocos pero todos pagan el costo de errores de quienes detentan el poder.

El Ecuador debe buscar acuerdos mínimos de gobernabilidad, aquello exige escuchar a gente capaz, experimentada, honesta, construir mayores niveles de bienestar antes que sea demasiado tarde. Hay que aceptar que la violencia solo genera más violencia. La teoría del “ojo por ojo” enceguece a sus actores y arrastrará al país a una batalla campal de todos contra todos.