Un Midas urbano, Bolivar Rosero revive lugares y edificaciones

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Un Midas urbano, Bolivar Rosero revive lugares y edificaciones

Señala airoso una esquina desde la ventana de una camioneta: “Ese edificio es mío. Dos cuadras abajo, la escena se repite: “Ese también” y continúa más allá: “Ese, el de La Previsora, me lo expropió el Gobierno recién...

Un Midas urbano, Bolívar Rosero revive lugares y edificaciones

Señala airoso una esquina desde la ventana de una camioneta: “Ese edificio es mío. Dos cuadras abajo, la escena se repite: “Ese también” y continúa más allá: “Ese, el de La Previsora, me lo expropió el Gobierno recién... cuatro millones me dieron. Ahí van a hacer una extensión de la Universidad de las Artes...”.

El centro de Guayaquil tiene la huella de Bolívar Rosero. Es dueño de Bahía Mall, del edificio Multicomercio que queda a la altura de la bahía, del Banco Park de Luque y Pichincha, de los locales donde quedaba Casa Tosi -el de Policentro y el de Pedro Carbo- y hasta de la edificación que antes albergaba al consulado de Estados Unidos.

Con tremendo inventario de inmuebles puede usted imaginarse a un hombre imponente, a un tipo de maletín en mano, con saco y corbata; pero no. Bolívar no es de esos. Él, afirma con orgullo (ahora sentado en su oficina, con el Guayas de paisaje a sus espaldas) que viene “de abajo, de los barrios”. Por eso las poses no van con su personalidad. Es más bien de aires sencillos y de sonrisa amplia. Abre las manos cuando habla, hace gestos histriónicos al contar una anécdota...

Creció en la 24 y Augusto González, o como él dice: “en la ciudadela ‘las avas’”. Hijo sánduche entre seis. Único varón. Trabajador de empuje.

Ha sido desde vendedor de naranja hasta jefe de bodegas, desde albañil hasta gerente propietario de su primera empresa, Distelar, una distribuidora de telas que montó después de haber aprendido del negocio por 15 años, en otra empresa, el Comercial San Agustín, al que entró para fregar pisos y en el que terminó amarrando millonarios contratos con empresas tan sólidas como la Junta de Beneficencia.

El negocio de las telas se desvaneció en el 2010. “Ya no fue rentable”, confiesa con tono de lamento, pero de inmediato le aflora una sonrisa. Si algo dejó aquella experiencia fue el capital, que “guardaba hasta en las medias” y que le permitió crecer en la estación más fuerte de su emprendimiento empresarial, el sector inmobiliario.

Se dedicó a comprar edificios en el centro de Guayaquil. Ser el propio jefe no es fácil. “Te acostumbras como empleado a recibir tu cheque quincenal y te da miedo lanzarte a invertir”. Aun así, lo hizo.

Se dio cuenta de cómo funciona la plusvalía. “Comprar un edificio, remodelarlo y luego poner en renta cada espacio es muy buen negocio. Construyes locales dentro, vendes un par, sometes el inmueble a régimen de propiedad horizontal y te quedan a tu favor departamentos en los pisos superiores. Inviertes, recuperas y ganas. Esa es la jugada”.

La propiedad horizontal es una figura jurídica que otorga el Municipio. “Un edificio es un solo cuerpo inmobiliario, pero con esa caracterización tienes la oportunidad de vender cada área fraccionada, como si fuera individual”.

Al momento de comprar un inmueble tiene en cuenta el tamaño, la ubicación y lo que se podrá hacer con el espacio. Posee desde departamentos y locales comerciales, hasta parqueos. Hace poco le alquiló a De Prati, por 20 años, el espacio que ocupaba Casa Tosi en el Policentro.

Su más reciente inversión tiene como nombre La Banca, un edificio ubicado en Pichincha y Víctor Manuel Rendón en el que antes funcionaron el hotel Metropolitano primero y el Registro de Propiedad después.

Se trata de una mole de cinco pisos color azul con 70 oficinas que miden desde 20 metros cuadrados. “Míralo, se ve lindo”, lo señala (esta vez parado afuera del inmueble). “Pero lo más lindo es que es mío”. La carcajada que soltó después se detiene a freno cuando llega la pregunta de cajón: ¿Cuál cree que es el secreto de este éxito?

“Todo lo que me he propuesto, lo he logrado; pero para eso debí generar confianza, manejarme con respeto, y por supuesto, aprovechar todas las oportunidades...”.