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Un mes echado a perder

El balance del primer mes de César Litardo al frente de la Asamblea es un desastre. Ninguno de los puntos contenidos en la agenda mínima del acuerdo legislativo que lo llevó a la presidencia ha logrado avanzar siquiera un paso. En el Pleno, estos primeros 35 días de su gestión se han ido, en su mayor parte, en tratar acuerdos y resoluciones, la mayoría de carácter exhortativo y algunas tan burdas como aquella en la que los 137 asambleístas resolvieron solemnemente (y con el exceso de figuras retóricas que el caso amerita) exhortarse a sí mismos para legislar en beneficio de la niñez: media mañana emplearon en debatir semejante despropósito.
35 días tardó Litardo para resolver lo más básico: nombrar presidentes de las comisiones. Lo logró, finalmente, esta semana, y solo a costa de patear la pelota para más adelante. En los papeles, hizo valer el peso de la nueva mayoría, pues repartió las tres comisiones que faltaban entre las bancadas firmantes del acuerdo (AP, CREO y BIN). En la práctica, creó un problema de ingobernabilidad que tendrá que afrontar tarde o temprano. Ahora resulta que la oficialista María José Carrión y Héctor Yépez (CREO) presiden dos comisiones (Derechos de los Trabajadores y Gobiernos Autónomos, respectivamente) cuyos integrantes no solo no quieren saber nada de ellos, sino que mayoritariamente eligieron a otros. En tan precaria situación, ¿será capaz Carrión, por ejemplo, de garantizar la aprobación de las reformas laborales tan importantes para el acuerdo legislativo?
Que la llamada “nueva mayoría” tenga presidentes de comisiones en minoría es solo un paradójico reflejo de lo que ocurre en el Pleno. La posibilidad cierta de que esos presidentes terminen siendo boicoteados o depuestos es el menor de los problemas. Lo realmente grave es que la “nueva mayoría” es todo menos eso: mayoría. Dos hechos lo demuestran: primero, las dificultades de Litardo para conseguir en el Pleno los votos necesarios para ratificar a esos presidentes (¿qué clase de mayoría tiene problemas para conseguir votos? Esta tardó cinco semanas en lograrlo). Y segundo, la absolución de María Fernanda Espinosa en el juicio político. El oficialista Lenín Plaza dijo que la censura era una resolución del bloque. Sin embargo, catorce de sus compañeros de bancada votaron con los correístas. Una de ellas, Ximena Peña, incluso argumentó que la fiscalización no era parte del acuerdo legislativo (lo cual es falso) y prendió las alarmas en las otras bancadas firmantes. ¿Será por eso que el proceso contra la ministra de Salud, Verónica Espinosa, se diluye en tres comisiones simultáneamente sin resultados concretos en el horizonte?
Está claro que buena parte de los oficialistas conservan un corazón correísta. Está claro también que algunos asambleístas de CREO (y no cualesquiera sino precisamente los más doctrinarios, incluyendo al presidente del partido en Pichincha) han desertado del acuerdo, mientras Guillermo Lasso se complace nombrando como coordinador de bancada a un legislador que ni siquiera está afiliado al partido. Entre tanto, la cuarta pata del acuerdo, el BADI de Eliseo Azuero, con nueve legisladores que en esta situación resultan decisivos, se siente cada vez menos a gusto. Al término del primer mes de la legislatura de César Litardo, la pregunta no parece ser si la mayoría se disolverá, sino cuándo.