Manos en la economia

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Manos en la economia

En la cocina económica de la última década, el chef sacaba el libro de ingeniosas recetas con las que aderezaba las cuentas públicas y daba tarea a sus ayudantes para picar, adornar y servir una mesa de medidas que, tras el cambio de Gobierno, resultó en un banquete más ligero de lo previsto. El cocinero jefe está ahora en examen en la Contraloría, separado por una distancia de más de 9.000 kilómetros, tratando de defender las estrellas Michelin de la economía autoconcedidas en los últimos años.

Pero la economía, como la cocina, es una tarea de equipo. Y el chef ecuatoriano de mayor trayectoria internacional en los últimos 10 años nunca ha negado a sus colaboradores. “Jóvenes brillantes que mantenían una sola línea”, ha dicho en su última entrevista concedida a este diario. Aceptando así que no se da de comer, ya sea dieta o una comida copiosa, a todo un pueblo de 16 millones de habitantes con solo un par de manos en la olla. Tan vital es que uno decida qué plato preparar como que otros adapten las normas de la gastronomía ortodoxa a las nuevas técnicas y ejecuten. Los límites de la regulación tradicional no pueden superarse en solitario.

Por eso, el jurado fiscalizador de cómo y quién se ha comido los recursos económicos desde 2007 hasta ahora, e incluso el colectivo de comensales ciudadanos, no puede olvidarse del equipo de cocineros económicos que metió las manos, cada uno desde su atalaya, para preparar la última mesa servida.

Poco o casi nada se ha dicho hasta ahora de la “sommelier” de las compañías, del repostero de la economía popular y solidaria, del experto en carnes de la recaudación tributaria, del “maître” de la Junta de Política y Regulación Monetaria y Financiera o de los otros genios culinarios que se encargaban del Control de Poder de Mercado, del ordenamiento territorial, de los bancos, etc.

Y eso pese a que la selección de personal para cada una de las tareas de la cocina económica nacional fue cuidadosamente medida. Tanto que hay autoridades que permanecieron en el cargo con el cambio de Gobierno y, cuando sus habilidades no maridaron bien con las recetas del nuevo chef en jefe, se lavaron las manos y se reciclaron para ocupar tareas menos expuestas de sus otrora compañeros de cocina.