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“Muchas veces el esfuerzo de las autoridades resulta un fiasco”
En la ciudad, en particular, hay disposiciones que no tienen razón de ser por su poca aplicación y lo inútiles que resultan. Una vez más se aprecia en las calles la delimitación de los sitios donde tienen que parar los buses para recoger o dejar pasajeros.
El esfuerzo de las autoridades resulta un fiasco. El conductor detiene su vehículo donde está el pasajero, pasando un semáforo o dicho de manera más clara, donde le da la gana. La mayoría de las veces a vista y paciencia de los agentes que tendrían que estar listos para la educación primero y luego para la sanción. Los usuarios deberían colaborar también.
Los taxímetros, otra farsa y tomadura de pelo a la ciudadanía. No hace falta salir del país para comprobar su necesidad. El minuto de silencio, referencial en cualquier acto público o privado, resulta un fiasco. Invito al lector a que tome conciencia del lapso que es el minuto. Se sorprenderá sin duda alguna. Qué tal si pedimos un momento de silencio. Yo lo hago cada vez que tengo que reverenciar la memoria de alguien, vivo o muerto.
La otra falacia es el Palacio de Carondelet. Esa denominación debió a la historia. Se corre el peligro de que algún inquilino se crea noble o rey. El de los años perdidos es probable que así se sintiera. Otro mandatario no la habitó porque ahí penaban. Y algunos más prefirieron sus propias casas, pero de pronto con el presupuesto asignado para el Palacio. ¡Bonito ahorro! Y conveniente además.
Dr. Ignacio Granja Rousseau