“Es impensable que un maestro no use tecnologia”

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“Es impensable que un maestro no use tecnologia”

Elecciones. Alejandro Domínguez ocupaba el cargo interino en el organismo por Napout. Ayer en los sufragios fue respaldado.

Si los profesores (de escuela, colegio o universidad) se comunican con amigos o familiares por las redes sociales, van al cajero automático en lugar de al banco y emplean el microondas para cocinar en casa, ¿por qué no habrían también de usar las nuevas tecnologías en sus clases? Para este catedrático e investigador español en innovación educativa, el uso de estas herramientas en el aula no solo debe ser tan natural como los ejemplos citados, sino que resulta “impensable” que ahora un maestro no las utilice. Invitado en estos días como instructor de la Maestría en Tecnología Educativa de la Universidad Casa Grande, dialoga sobre este tema con EXPRESO.

¿Entonces, el profesor ya no puede hacer solo una clase expositiva tradicional?

Al profesor hay que hablarle como a los críos, con madurez. Si un profesor compra ya billetes por internet y se comunica por WhatsApp, hay un aprendizaje informal porque el profesor está allí en la sociedad como cualquier otro, usa esta tecnología para comunicarse... Esto es lo que está pidiendo un chaval (niño) hoy: que tu clase la conviertas en un entorno más natural.

Los chicos ahora tienen más herramientas tecnológicas y están habituados a ellas. Les resultan más interesantes que una clase expositiva y les cuesta concentrar la atención por mucho tiempo.

Sí, es cierto De esto hay varias cosas. Les cuesta trabajo concentrarse. Pero yo me pregunto: ¿por qué un niño de siete o diez años es capaz de ver diez veces una misma película que dura una hora y media? ¿Cómo es capaz de estar concentrado? Porque hay todo un artilugio de música, de imágenes que le atraen, que le proyectan, de juegos. Con los videojuegos pasa lo mismo: es el lenguaje audiovisual de la historia. Y ahora tú te metes en esa historia.

Y el profesor también debe utilizar esos medios.

Esa es la clave. La clave está en el profesor.

Pero tampoco es preciso que sea un experto en tecnología.

Te doy la razón. No tiene por qué tener una sofistificación tecnológica, ser un tecnólogo puntero. Sí en la institución debe haber alguien que esté especializado, que vaya haciendo retroalimentación de lo último que vaya saliendo; y bueno, eso sí, personas que mantengan la plataforma, que actualicen al profesor en las novedades, un nuevo ‘software’, él es un experto. El profesor está pensando en cómo se aprende y con la mínima tecnología que hoy estamos manejando.

¿En cómo puede utilizar todo esto en sus clases?

Claro, porque ya es experto en construir conocimiento de lo que él sabe. Lo único que debe hacer es favorecer que el alumno lo construya. Entonces, debe saber cómo la psicología infantil o juvenil construye los conocimientos. Ve una película como la última de Marte, entonces, es una oportunidad para analizarla en clase. Con actividades que involucren más a los alumnos, que los provoquen, que sientan un desafío intelectual.

Pero adaptándolas al nivel y contexto de los chicos que atiende, de escuela o colegio.

Esa es la formación tecnológica, cómo con una tecnología él puede desarrollar actividades con este grupo de alumnos. El contexto determina mucho: los valores, la situación económica. Eso es más difícil y requiere formación pedagógica. Y con poca tecnología y muy adaptada al contexto. Y saber tus contenidos: Matemáticas, Lenguaje...

Es decir, debe saber qué aplicación o herramienta utilizar.

El buen profesor sabe perfectamente lo que necesitan sus alumnos. Y a veces la solución no está en la tecnología. Hoy es impensable construir conocimiento sin tecnología. Como que en una cocina no haya un microondas o una nevera. Y que el cocinero no la utilice o no la sepa utilizar.

Ahí está entonces el tema de la formación o capacitación en el uso de esa tecnología.

Los gobiernos han invertido y con muy buena intención, pero han fracasado por eso. No han puesto uno, sino hasta dos microondas en cada cocina y dos frigoríficos, pero a veces el cocinero no sabe qué hacer con eso.