La inteligencia artificial requiere doctores listos

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La inteligencia artificial requiere doctores listos

La inteligencia artificial se gradúa en diagnosticar enfermedades y tratarlas.

La medicina actual requiere que los médicos le sigan el ritmo a las nuevas tecnologías.

La nueva revolución laboral, protagonizada por el big data y por los programas de inteligencia artificial, es distinta a las anteriores. Médicos, abogados, publicistas... trabajadores que históricamente han podido seguir la automatización con curiosidad ya están a prueba por su capacidad de colaborar con las máquinas.

En la medicina, el intrusismo digital llegó primero al terreno del diagnóstico, con algoritmos capaces de detectar enfermedades como el alzhéimer o el cáncer de piel de manera más fiable que los propios médicos. Ahora, la inteligencia artificial se gradúa en diagnosticar enfermedades y tratarlas.

Aaron Babier, un investigador de la Universidad de Toronto, por ejemplo, ha creado un programa capaz de diseñar tratamientos oncológicos personalizados. Mientras que IBM es pionera en la inteligencia artificial aplicada a la oncología, gracias a su robot estrella, Watson, y Google colabora con hospitales públicos de University College London en Reino Unido para poner a prueba su algoritmo generador de radioterapias personalizadas, DeepMind Health.

Y es que las ventajas de un tratamiento generado por inteligencia artificial pueden ser considerables. Frente a las horas o días que le suele llevar a un especialista de física médica idear un plan de radioterapia para un paciente con cáncer, un ordenador puede hacerlo en minutos, previamente entrenado con imágenes y resultados de casos históricos. Además, si el programa evalúa la respuesta del tumor después de cada sesión (como lo hace uno diseñado por investigadores del MIT Media Lab), puede autorregular sus recomendaciones para mantener las dosis al mínimo.

El impacto que tendrá en el sector es difícil de prever, dado que por ahora está limitado a pilotos. Sin embargo, los rápidos avances tecnológicos sacan a relucir el problema del ‘digital mismatch’ (incompatibilidad digital), la asimetría entre las habilidades tecnológicas exigidas y las competencias reales de los profesionales.

Un estudio reciente de la Comisión Europea muestra que nueve de cada diez puestos de trabajo requerirán aptitudes digitales en la próxima década, pero que el 44 % de las personas entre los 16 y los 74 años no tiene las habilidades necesarias para afrontar esta transición.

Es como usar el móvil. Existen aplicaciones que nos resuelven la vida, pero solo el que lo entiende lo aprovechará.