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El tiempo de la incertidumbre

¿Pura coincidencia? El día en que el candidato republicano Donald Trump ganó las elecciones presidenciales se cumplió más de un cuarto de siglo del derribo del Muro de Berlín, símbolo de la guerra fría y del temor al Apocalipsis atómico. Más que la caída de un muro, lo que se vivió en ese momento fue la emoción de que empezaba un mundo nuevo, rebosante de alternativas y pródigo en energías optimistas. El triunfo de Trump, veintisiete años después, ha sumido al mundo si no en el presentimiento de estar de nuevo en la víspera del Apocalipsis, sí por lo menos de vivir en una era de incertidumbre, donde la palabra supervivencia se vuelve contraseña obligada.

Señalar a la incertidumbre no es apelar a Nostradamus. Poco a poco, mientras la marea va bajando y la resaca por la pérdida de la candidata políticamente correcta va diluyéndose, el triunfo de Trump se vuelve explicable. Pese a su lenguaje heterodoxo, maniqueo, hasta soez, capaz de lastimar sin problema sentimientos y convicciones, detectó el profundo malestar ciudadano, el “inmenso cabreo” como dice el analista del diario español ABC Luis Ventoso, porque la desigualdad ha aumentado y el “sueño americano” se ha tornado carísimo. Por primera vez después de décadas, en el imaginario de esos votantes enojados, los hijos vivirán peor que los padres.

La teoría del Dr. Jekyll y Mr. Hyde parece tomar fuerza en estos días confusos. Con Trump el orden ha sido diferente al de Stevenson: Mr. Hyde nos ha aterrorizado con su lenguaje como candidato. Ahora que se aproxima a la avenida Pensilvania, confiamos en que el Dr. Jekyll sea quien se instale definitivamente.

Pero se cumpla o no este loable sueño, lo cierto es que por una parte la democracia ha funcionado y que por otra, las figuras y los partidos políticamente correctos, igual que las encuestadoras y los grandes medios, han sido devastados y no precisamente por un representante de Silicon Valley o de la tecnoburocracia dorada. De ahí la incertidumbre. Como alertaba proféticamente Dumbledore: “Harry, vienen tiempos difíciles”.

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