Variedad. Uno de los saloneros de La Palma lleva a una mesa una bandeja con el pedido de los clientes.

La historia y tradicion de la ciudad en una cafeteria

La dulcería va por la cuarta generación de administradores familiares. Ha sido el sitio preferido de artistas, futbolistas y de expresidentes como Jaime Roldós.

Todos los días, a las siete y media de la mañana, cuando los gallos han dejado de cantar, abre sus puertas La Palma, una de las más tradicionales dulcerías y cafeterías de Guayaquil.

La historia de La Palma me la cuenta Beatriz Costa, un día de entre semana cuando todas las mesas están copadas por una clientela que se deleita con jugos de frutas, diversos dulces y tazas de café filtrado.

La jornada es un entrar y salir de comensales. Unos arriban ansiosos. Otros parten satisfechos, llevando algunas delicias a casa. Saloneros que anotan los pedidos o llegan como equilibristas con la bandeja repleta a servir a las mesas de ansiosos clientes.

Cuando la puerta de vidrio se abre, escapa el aire acondicionado e ingresa el característico vapor cálido de Guayaquil. Unos usuarios se marchan felices y satisfechos. Otros llegan con caras de desear meterle el diente a una dulce ración de ‘borrachitos’ y otra ración salada de pastelitos. ¿Quién en Guayaquil no ha ido alguna vez a La Palma?

Cuando la puerta se abre escapa el frío del aire acondicionado y entra el bullicio de la agitada calle Escobedo. Todo ese delicioso ir y venir se da ese lunes durante la transmisión de un partido del Mundial de Fútbol en Rusia.

Beatriz Costa, guayaquileña de 32 años e integrante de la cuarta generación de su familia de la cual todos los jóvenes actualmente trabajan en la cafetería principal y sus dos sucursales, todas propiedades de sus padres: Jaime, José Ramón y María de los Ángeles Costa, es quien me cuenta la trayectoria de su familia y la cafetería.

Todo comenzó en 1901 cuando llegó a Guayaquil el catalán Martín Costa Carbonell, quien entró a trabajar como jefe pastelero en La Palma, propiedad del español Florencio Cabanas Pla.

Siete años después, en 1908, Costa adquirió la cafetería que funcionaba en otro local hasta que en 1951 un incendio destruyó dicha edificación. Entonces se trasladó al actual de Escobedo 1308, entre Luque y Vélez. En un inicio, la planta baja era la cafetería y el primer piso, la vivienda de los Costa.

Beatriz cuenta que en el lugar aún utilizan las antiguas recetas de cuando comenzaron en 1908 porque Martín Costa las transmitió a sus parientes y también a los trabajadores. “Las recetas de antes no las modificamos, innovamos algunos productos, por ejemplo, dos nuevos desayunos: el light y el costeño, y cualquier bocadito cuesta treinta centavos”.

A mi pregunta de hasta cuándo funcionará la cafetería, responde: “Nuestro deseo es que La Palma sea para toda la vida, obviamente con la consigna de mantener la tradición que es lo que nos diferencia del resto”.

Un sitio de futbolistas y personajes ilustres

Ese lunes al mediodía, las mesas están repletas con jugos, tintos y pasteles que consumen empleados y oficinistas a la hora del almuerzo. Por la tarde, la gente llega a tomar helados y también acostumbra a llevar dulces variados.

Recién en 1980 abrieron la sucursal en Víctor Emilio Estrada y Dátiles, Urdesa. Y después un local en La Garzota.

Los Costa y la clientela de La Palma aún extrañan a Víctor Herrera Chaparro, el salonero más antiguo y popular que tuvo la cafetería hasta que en el más reciente carnaval falleció. Desde entonces la clientela lo recuerda porque sabía el gusto de los actuales y más antiguos clientes. Por ejemplo, Herrera atendió a futbolistas como Luciano Macías, Raúl Avilés y el fallecido Carlos Muñoz; y al presidente Jaime Roldós y a su esposa Martha Bucaram que gustaban del chocolate con tostadas, además de los ‘borrachitos’, dulce insignia de la casa; que Assad Bucaram era fanático de los pasteles de carne, decía, al igual que Jaime Hurtado y los cantantes finados como Irma Aráuz y Tito del Salto.

“Todavía nos siguen preguntando por él, -manifiesta Beatriz Costa-, fue una pérdida muy dolorosa, no solo porque era parte de La Palma, se lo extraña todos los días”.

Félix Sánchez González, quien 30 de sus 50 años de vida han transcurrido laborando en La Palma como salonero, recuerda haber atendido a Carlos Julio Arosemena, Sixto Durán-Ballén, Lucio Gutiérrez, León Febres-Cordero, quienes fueron presidentes del Ecuador. También a deportistas y artistas nacionales y extranjeros.