
Janina Murillo Chong: su historia de resiliencia, activismo y amor por Galápagos
Rodeada, desde su nacimiento, por una de las riquezas naturales más asombrosas del mundo, las Islas Galápagos, Janina Murillo Chong (44) ha construido una historia marcada por la perseverancia y un profundo amor por sus raíces. Guía del patrimonio del Parque Nacional Galápagos, activista y escritora, su camino no solo habla de su pasión por la naturaleza, sino también de la resiliencia con la que ha enfrentado distintas adversidades.

Las islas, su gran escuela
Convertirse en guía del patrimonio del Parque Nacional Galápagos fue una de las experiencias que más marcó la vida de Janina. Empezó a los 24 años y, durante 15 años, trabajó de forma ininterrumpida a bordo de cruceros y barcos turísticos, recorriendo algunos de los rincones más hermosos del archipiélago.
En ese tiempo, no solo fortaleció su vínculo con las islas, sino que también descubrió en esa labor una manera de crecer, ampliar su mirada del mundo y transformar su propia historia.
Desde las Islas Encantadas, escuchó historias de lugares lejanos, culturas distintas y sueños cumplidos, hasta que un día también se animó a salir de su propia burbuja. “Guiar me cambió. Trabajar con viajeros de distintos países fue una puerta hacia nuevas formas de pensar y entender la vida.
Conocí al mundo primero por las historias de mis pasajeros y luego lo puse a prueba yendo a esos destinos que tanto me contaban”, recuerda. Además, gracias a esa faceta, conoció a quien hoy es su esposo, un holandés que llegó a Ecuador en busca de su belleza natural, sin imaginar que allí también encontraría el amor.
Eso sí, más allá de lo que esta profesión significó en su vida, Janina también resalta el impacto que Galápagos genera en quienes la visitan. “Ver de cerca la emoción de personas que ahorraron durante años para cumplir el sueño de conocer las islas me permitió entender aún más el valor de ese territorio único”, comenta.
Por eso, insiste en la importancia de cuidar este patrimonio natural de la humanidad, no solo por su valor para la biosfera, sino porque es un lugar irrepetible, donde la naturaleza se vive de una forma íntima y extraordinaria. “Seamos ecuatorianos o no, tenemos la responsabilidad de proteger y honrar ese tesoro. Hay especies únicas que han sobrevivido y se han adaptado”.
Rescatar para proteger
Su compromiso con Santa Cruz, su isla natal, también se extiende a otra de sus grandes pasiones: el cuidado de la fauna urbana. Desde hace más de dos años, Janina forma parte de la fundación Juanchito al Rescate, una organización sin fines de lucro dedicada al manejo de perros y gatos en Galápagos.

Empezó como voluntaria y, en ese camino, descubrió de cerca la magnitud de una labor que no solo transforma la vida de estos animales, sino que también genera un impacto positivo en el equilibrio ambiental del archipiélago.
Para Janina, atender esta problemática también es una forma de proteger la biodiversidad única de las islas.
¿Por qué? Porque muchos animales abandonados o maltratados terminan desplazándose hacia zonas del Parque Nacional, donde pueden convertirse en una amenaza para el ecosistema.
“Un gato libre y feral que no tiene hogar y deambula puede matar hasta 300 especies en un mes”, advierte.
Este año asumió un nuevo reto al ser designada presidenta de la fundación. A lo largo de su trabajo, ha sido testigo de cómo muchos de los animales rescatados logran una segunda oportunidad al ser adoptados, no solo en hogares ecuatorianos, sino también por familias de países como Estados Unidos e Inglaterra.
No hay duda, con cada rescate, Janina demuestra que proteger Galápagos también implica cuidar con responsabilidad a quienes hoy forman parte de esta joya natural.
Escribir para sanar
El año pasado, Janina recibió una noticia que dio un giro inesperado a su vida y que, sin imaginarlo, la impulsó a crear un proyecto que no solo le ayudaría a reconstruirse, sino que también podría convertirse en una luz para miles de mujeres. “Me diagnosticaron erróneamente cáncer en un hueso de la cadera, en la cresta ilíaca, con metástasis etapa cuatro”, recuerda. En medio del miedo y la incertidumbre, decidió buscar una segunda opinión en Holanda y, tras tres meses de estudios, recibió otra respuesta: existía una destrucción del hueso, pero no era cáncer.
Fue durante ese tiempo de espera cuando entendió que había heridas mucho más antiguas que todavía seguían abiertas y decidió que era momento de hablar de una parte profundamente dolorosa de su historia y escribir sobre los abusos que vivió en su niñez.
“Lo primero que pensé cuando me diagnosticaron fue que no me podía llevar esa historia. Y aunque desde los 30 años la escritura ya formaba parte de mi terapia, esta vez se convirtió en mi refugio, desahogo y reconstrucción”, confiesa. Fue así como, entre recuerdos, lágrimas y días de resiliencia, a finales del 2025, nació su libro Todas somos ella, un texto que no se enfoca solo en el dolor, sino también en la forma en que logró transformar esas vivencias en fuerza, conciencia y esperanza.
“Mi obra busca ser un mensaje de esperanza para otras mujeres. Quisiera recordarles que no importa cuánto hayan sufrido ni lo que les haya tocado vivir, nunca fueron culpables y que callar solo protege a quien hizo daño”, recalca. Con Todas somos ella, Janina convirtió su historia en una voz de valentía, fortaleza y esperanza para otras mujeres.
Las islas a través de sus ojos
-¿Qué es lo que más le impresiona de Galápagos?

Lo que más me impresiona de Galápagos es la cercanía con la naturaleza y la forma en que la fauna está presente en cada momento. Llegas y, de inmediato, te encuentras con lobos marinos que incluso te siguen en el barco, mientras los piqueros de patas azules se lanzan al agua en una escena que parece sacada de un documental.
También están las iguanas terrestres y marinas, y en lugares como Santa Cruz es común verlas incluso en los muelles de pescadores. Hay tanta vida silvestre a tu alrededor que cada recorrido se convierte en una experiencia única. Incluso, algo que muchas personas no imaginan es que el 67 % de los insectos en Galápagos son endémicos de las islas, lo que refleja lo extraordinario y singular que es este ecosistema.
-¿Cuántas islas conoce y cuáles son sus favoritas?
Como guía, he conocido todas las islas que cuentan con sitios de visita terrestre, y cada una tiene algo especial. Pero, si tuviera que elegir mis favoritas, la primera sería Española. Solo se puede visitar en crucero, no tiene asentamientos humanos y su riqueza natural es impresionante. Allí están mis aves favoritas, los albatros, además de especies endémicas y subespecies únicas, como la iguana marina.
En segundo lugar está Seymour Norte, porque es un verdadero espectáculo de vida silvestre. Es el centro de anidación de los piqueros de patas azules (donde puedes observar muy de cerca sus nidos). También hay lobos marinos, iguanas terrestres, fragatas y la única gaviota nocturna del mundo. Y mi tercera favorita es Isabela, la isla más grande del archipiélago. Su asentamiento humano es pequeño, sus calles son de arena y tiene un encanto muy especial. Allí se pueden ver flamingos, pingüinos y también el cormorán no volador, una especie exclusiva de Galápagos.
Sobre ella
- Activista, mediadora y estudiante de derecho.
- Reside entre Santa Cruz (Galápagos) y Holanda.
- Su libro Todas somos ella obtuvo un reconocimiento de la Cámara Latinoamericana de la Mujer, institución que la nombró embajadora en Ecuador.
CRÉDITOS. Fotos y producción: Vanessa Tapia (@vantap.photostudio @vanessatapiaa). Maquillaje: Karito Medina (@karitomedinay). Peinado: Liriam Cedeño (@hairstylesliriam). Estilismo: Israel Plaza (@israelplaza_). Vestuario: Veralover (@veraloverec).
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