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La historia de Guayaquil contada desde sus sabores

Recordó parte de su infancia, aquel instante en el que junto a sus padres, cada domingo, visitaba el malecón de Guayaquil para tomarse un chocolate caliente y comerse un aplanchado.

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La noche del jueves, Bolívar Andrade de 65 años revivió un fragmento de su vida. Recordó parte de su infancia, aquel instante en el que junto a sus padres, cada domingo, visitaba el malecón de Guayaquil para tomarse un chocolate caliente y comerse un aplanchado.

Tenía apenas 12 años, vivía en la parroquia Tenguel. Sin embargo -precisa- así llueva, truene o relampaguee, su familia se ‘trepaba’ en una lancha para llegar a la ciudad y saborear sus bocados. “El olor a canela, las tazas de loza, el típico fogón y la plancha de acero con la que se aplastaba los panes era lo que más disfrutaba”. Días atrás tuvo la dicha de reavivar la experiencia...

Él estuvo presente en la XIX edición del Festival ‘Guayaquil de mis sabores’. Un evento culinario, folclórico y emblemático, que da inicio a las fiestas julianas y en el que se evocan las noches de verbena, las costumbres, tradiciones y aromas de la ciudad.

A diferencia de otros años, este velada, anualmente organizada por el Unipark Hotel, se desarrolló en las instalaciones del parque Seminario. En un ambiente costumbrista que fusionó lo añejo con lo moderno, y el que la comida fue, como era de esperarse, la protagonista.

Sesenta platos, entre dulces y salados, se degustaron. Entre ellos, el clásico arroz con menestra y carne en palito; los secos de pollo y chivo marinados en cerveza, chicha y un sinfín de especias; los sánduches de chancho y pasteles de chorizo, y los infaltables cebiches (de camarón, concha, pulpo, calamar, pescado) y encebollados.

Servidos, en su mayoría, en platos de aluminio y desde un pequeño kiosco bautizado como ‘Picantería Niño Mario’. Un tenderete bastante pintoresco que, según el chef Juan Carlos Ordóñez, se inspiró en el mercado Caraguay. Uno de los más concurridos de la urbe, la esencia del comercio y la identidad guayaquileña.

Los bocados de Andrade, además del morocho y la chicha resbaladera que, a lo largo de la noche fueron repartidos por meseros vestidos a la antigua (con guayaberas y pañolones celestes), se elaboraron de forma permanente en la estación La Fundadora; que conmemoró a las carretas que se levantaban en el malecón hasta la década de los 60.

“Aquellas en las que se juntaban todas las clases sociales a degustar exactamente lo mismo: productos de diversas y marcadas influencias culturales con sabores autóctonos y únicos”, dijo el chef.

Durante el festival, asimismo, sobresalieron una variedad de personajes. Los comerciantes de telas, los vendedores de tortillas, de helado de coco, naranjilla y espumilla... Todos llevaron sus respectivos instrumentos. Estos últimos, sus cajoneras de madera y esas espátulas de hierro con la que colocaban en pedazos de papel de despacho o periódico blanco esta sabrosa preparación popular y casera hecha a base de huevos y saborizantes.

Los miembros del grupo de teatro ‘Los Compadres’ y la banda del Municipio amenizaron la noche. Ellos deleitaron a los invitados con ritmos clásicos y alusivos a la fiesta.

Hasta el próximo 25 de julio, el menú presentado esta noche estará vigente en el hotel. De lunes a domingo, y dependiendo el día, de 06:00 a 23:00.

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