El harakiri del Cpccs

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El harakiri del Cpccs

El recién elegido Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (Cpccs), ha comenzado haciéndose un verdadero harakiri, una autodecapitación que ellos mismos ofrecen a quienes están en desacuerdo con que este organismo subsista por sus antecedentes de haberse puesto al servicio del proyecto político del anterior gobierno. Esta autodestrucción al más puro estilo de los antiguos samuráis japoneses, sin duda también supera la forma más discreta de autoeliminación de los centuriones romanos y de guerreros ibéricos.

Los nuevos consejeros embriagados de “popularidad” por haber sido electos por voto popular, gracias a la equivocación del Gobierno de pensar que el problema del organismo era la forma de elección de los mismos, expuso a los electores a votar por un grupo de candidatos espontáneos, cuyo alto número y propaganda realizada dejaba pocas opciones para acertar en el escogimiento.

Una mayoría de 4 consejeros resolvió hacer un pacto de “toma y daca” y poner nuevamente al organismo al servicio de intereses políticos vinculados al gobierno anterior. Para el plan contaron con un sacerdote ávido y ansioso de figuración, que cambió el mensaje de humildad cristiana por la petulancia de sentirse una “alta autoridad” que solo podía dialogar con funcionarios de igual nivel, para inmediatamente olvidarse de Cristo e ir en misión de un desviado proselitismo politiquero a repetir la estrofa chavista “alerta que camina ...”.

Neófito en la función pública, cometió el delito de perjurio en la inscripción de su candidatura. Dueño de un patrimonio que algún vecino irónicamente comentó, el cura Tuárez no solo vendió el alma al diablo, como lo señaló su superior, el padre A. Cabrejas, sino que tiene para “comprar el alma al diablo”. Su actitud pintoresca e insensatez lo obnubilaron y desafió al organismo que lo puede juzgar políticamente, la Asamblea Nacional, arrastrando a sus compañeros del pacto y dejando al organismo con una imagen peor que antes, y él sin otra defensa, que repetir otro de los “estribillos” del anterior gobierno: víctima del linchamiento mediático de la prensa corrupta.