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La guerra kosovar llego a la cancha

Caso. La FIFA abrió un procedimiento disciplinario contra los jugadores Granit Xhaka y Xherdan Shaqiri por sus celebraciones.

Xherdan Shaqiri

Xherdan Shaqiri emigró a Suiza cuando era niño. Las atrocidades sucedidas en los años 90 en Kosovo, donde nació, llegaron a superar a su padre, quien eligió Suiza, uno de los países europeos que más refugiados acogieron durante el largo, duro y complicado conflicto que vivió la antigua Yugoslavia. Xhaka, compañero en el combinado suizo, vivió una situación similar: su padre fue encarcelado y después partió como refugiado. El viernes ambos aprovecharon sus goles ante Serbia para reivindicar sus ideales, el orgullo de sus progenitores y mandar un mensaje al mundo: Kosovo no es Serbia, es Albania.

Para entender la polémica, hay que remontarse hasta inicios de los años 90, cuando los albaneses reconocieron el estado independiente de Kosovo. Si bien los problemas balcánicos se dieron durante todo el siglo XX, fue en la última década del siglo pasado cuando se recrudeció en Kosovo, corazón y orgullo de Serbia durante años. Territorio de gran importancia, geográfica y también sentimentalmente, porque fue allí donde nació su cultura, donde también fueron conquistados por los turcos y en las calles kosovares están algunos de los símbolos serbios más importantes, como las iglesias.

Sin embargo, en este territorio enclavado entre Albania y Serbia, hubo una disputa entre ambos países. La población es mayoritariamente albana. Los serbios argumentan que fueron expulsados; los albaneses, que fueron vejados, discriminados, obligados a olvidar sus raíces, su idioma y vivir bajo el régimen serbio liderado por Milosevic. Fue en 1998 cuando definitivamente estalló el conflicto, con la ELK (Ejército de Liberación Kosovar) luchando por la unión de Kosovo y Albania en la Gran Albania, para unos héroes y para otros simples terroristas, mientras los serbios ni siquiera reconocían el Estado kosovar.

Un conflicto que dejó, según Acnur, 650.000 kosovares albaneses emigrados entre 1990 y 1998. Muchos de ellos (se calcula que 8.000) llegaron a Suiza. Dos son Shaqiri (que en su pupo derecho porta la bandera kosovar) y Granit Xhaka (capitán del combinado helvético). Incluso el hermano del segundo, Taulant Xhaka, milita en la selección de Albania, algo que el pequeño de los dos no pudo hacer porque debutó con los suizos antes de que los albaneses iniciasen un proceso de repatriación futbolística.

Junto a ellos, en el elenco suizo, que suma cuatro puntos y acaricia los octavos, también juega Behrami, de origen kosovar, además de Mehmedi y Dzemaili, de Macedonia. Juntos superaron a los serbios e iniciaron una fiesta tanto en Kosovo como en Albania, donde sintieron el triunfo como suyo. “Si con solo tres hemos ganado, imagínense cuando seamos 11”, publicó en sus redes sociales la federación de fútbol de Kosovo.

Para muchos fue justicia divina. Para otros, en cambio, una provocación innecesaria que reabre heridas que aún no estaban cicatrizadas. Más aún en Rusia, país aliado serbio, que no reconoce a Kosovo como Estado independiente y que siempre fue cercano a Milosevic. “Como croata, yo también lo celebré”, admite en inglés un fanático en las calles de Nizni Nóvgorod, precisamente un territorio clave de la Rusia soviética.

Los ciudadanos de esta urbe, en cambio, no quieren problemas, se decantan por Serbia en su mayoría, pero prefieren no opinar de un conflicto “extraño”, como lo define Kirill, camarero en un bar de la zona antigua de Nizni. Explican que esto es un conflicto más general. Se remontan a la guerra fría entre Estados Unidos y la propia Rusia, además de una “guerra mediática” a la que recurren en cada conversación política como los problemas con Ucrania por Crimea o Donetks.

Mientras, el fútbol sigue y los suizos celebran los goles de sus inmigrantes. Con ellos, pese a que le dedicasen el gol a su águila albanesa, están a un paso de los octavos y deberán puntuar ante Costa Rica para ser líderes del grupo E. Los serbios, tras superar la derrota deportiva y política, deben rehacerse para superar a Brasil en la última jornada, en Moscú, y dejar fuera a los de Tite.