En la ruta. A Adolfo Alvarado le tomó dos semanas ubicar a los tres auspiciantes que financiaron su gigante. En estos días se sumó un cuarto.

Los gigantes tienen sus propios patrocinadores

El auspicio de empresas es una de las fórmulas a las que recurren algunos de los artistas que están detrás de los 39 monigotes que conforman las dos rutas de los gigantes que auspicia el Cabildo local por medio de la Empresa Pública Municipal de Turism

Antes de comenzar a construir su enorme Thor Ragnarok, Adolfo Alvarado Rubio, un estudiante del Igad de 22 años, salió con un boceto del gigante muy bien guardado a recorrer los negocios cercanos a su barrio, la esquina de las calles 15 y Capitán Nájera.

Requería por lo menos apuntalar económicamente una parte de lo que iba a invertir en su construcción: de 800 a 900 dólares, y así lo hizo. Tres pequeños negocios -Pinturas Zambrano, Ferretería Bacilio y Lubricentro Myrna-, respondieron al llamado. De su bolsillo salieron 500 dólares, el resto se obtuvo con los tres anuncios en lonas publicitarias que cuelgan en lugares llamativos del campamento que ha levantado para exhibir la creación de este año.

El auspicio de empresas es una de las fórmulas a las que recurren algunos de los artistas que están detrás de los 39 monigotes que conforman las dos rutas de los gigantes que auspicia el Cabildo local por medio de la Empresa Pública Municipal de Turismo.

Según un sondeo realizado por EXPRESO, entre los artesanos que tienen sus monigotes en la ruta de los gigantes, cada instalación -compuesta por muñecos y escenografía-, implica un financiamiento de 500 a 1.000 dólares como mínimo. Aunque hay inversiones que superan esas cifras.

“No es fácil construir estos años viejos. Requiere de tiempo y dinero. Ahora que el Municipio lo ha acogido como un atractivo turístico para la ciudad, debería apoyarse económicamente a sus constructores”, dice Julio Caballero Mejía, el publicista que lideró el grupo de ocho vecinos que montaron una alegoría dedicada a Barcelona SC, en Brasil entre la 21 y la 22. “Nuestra inversión es de 4.200 dólares y con lo que contribuyen las personas que desean tomarse foto, no se logra recuperar lo invertido”.

En el caso de José Luis Morales Loor, quien invirtió 900 dólares en escenificar a la familia Addams, una serie de 1964, no solo se esperanza en las fotos, también tuvo que buscarse un auspiciante: Ferretería del Pueblo 2.

“El dinero salió de mi papá, él y dos amigos me apoyaron en la construcción. Ellos hicieron la pantalla de televisión dentro de la cual van los personajes y yo me dediqué desde agosto a hacer los ocho años viejos. Algunos de estos tienen hasta movimientos”, dice Morales, quien desde hace 11 años se dedica a levantar estos gigantes en el sector de la calle 18 entre Primero y Segundo Callejón Pancho Segura.

Wilson Montesdeoca Collahuazo, un comerciante del Mercado de José Mascote y Pedro Pablo Gómez, le dedicó cinco meses de trabajo a los ocho muñecos con los que representa a los personajes de la serie Game of Thrones, incluido el famoso trono de hierro.

“Invertí 1.000 dólares. No tengo publicidad, no hubo tiempo para salir a buscarla, pero aspiro a vender a varios de los personajes para comenzar a contar ganancias. Con lo de las fotos se cubre la inversión”, dice Montesdeoca, quien montó un escenario con todas las luces en Capitán Nájera entre la 15 y la 16.

“El tema es saber escoger un tema novedoso, que sea atractivo, luego tienes que hacerlo muy parecido a los personajes originales”, dice Carlos Zapata, el actor que construyó en el mismo sector una escena de Los Picapiedras.

Del atractivo que generan los gigantes entre diciembre y enero, no solo los artesanos que los construyen sacan provecho, alrededor de estos se instalan por cerca de 20 días otro tipo de campamentos. Desde juegos mecánicos hasta venta de comidas. Uno de estos es Diego Corrales, quien viajó desde Latacunga para instalar cuatro futbolines, una lona para saltos, entre otras cosas, en la vereda de una casa esquinera. Una ocupación por la que también se debe pagar en esta tierra de gigantes, en la que por cerca de 20 días se transforma el suburbio guayaquileño.