La extrana fascinacion por Donald Trump

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La extrana fascinacion por Donald Trump

no parece casualidad. Días antes de iniciarse los debates presidenciales han aparecido, entre otros muchos, dos artículos de analistas no solamente distintos sino incluso antagónicos, Fareed Zakaria e Ignacio Ramonet, analizando la extraña y por supuesto peligrosa fascinación por Donald Trump.

Paradójico: para entender el “fenómeno Trump” es necesario ir más allá de la caricatura. Justamente una de sus fortalezas: retratar de forma abusiva a sus adversarios en dos o tres adjetivos, borrar todo lo demás, estigmatizarlos y sepultarlos.

En el caso de Zakaria, su recomendación para entender no tanto a Trump como a sus seguidores, es doble: por una parte a nivel del mundo occidental. Por otra, en lo que buscan sus electores y simpatizantes. En el primer caso se trata de que el populismo se ha vuelto tendencia mundial, por lo menos en Europa, EE.UU. y por supuesto en América Latina, aceptadas las diferencias entre países y regiones. Para Zakaria, este auge del populismo es “el declive de la economía como eje central de la política” y en su lugar, la valoración cada vez más significativa de “una amalgama de asuntos que podrían ser descritos como “cultura”.

En EE.UU., el discurso tradicional conservador se habría quedado dando vueltas sobre el libre comercio, los bajos impuestos y la desregulación, mientras a los votantes conservadores les lastima la inmigración, la seguridad y la identidad. A esos votantes se dirige Trump.

Para Ramonet en cambio, la fascinación por Trump parte de la inquietud de averiguar por qué si ha dicho tantas “necedades horripilantes y detestables” consigue “una audiencia tan considerable entre los electores estadounidenses que, obviamente, no pueden estar todos lobotomizados?”.

Trump ha conseguido posicionarse como el defensor de la empobrecida clase media estadounidense. Que EE. UU. vuelva a ser un gran país significa para él cerrarse a la globalización. Trump expresa la gran decepción de un importante sector del electorado y también su desahogo. Qué mejor que este sea dicho en términos “políticamente incorrectos”.

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