Estudiando en el hospital

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Estudiando en el hospital

Beneficiarios. Al momento el programa ha servido a 18.461 niños, niñas y adolescentes a escala nacional.

70 maestras permanentes imparten las clases con base en la malla curricular. La diferencia es que estas son más lúdicas.

El tener una enfermedad catastrófica, haber sufrido un accidente ya no es impedimento para seguir estudiando. Los ministerios de Salud y Educación implementaron a nivel nacional el programa de Atención Educativa Hospitalaria y domiciliaria.

El objetivo es garantizar el acceso, la permanencia, el aprendizaje, es decir, dar continuidad al proceso educativo de los estudiantes en situación de enfermedad y hospitalización, explicó a EXPRESO Tamara Espinosa, asesora del Ministerio de Educación y encargada del plan. “Lo que se busca es evitar el desfase que muchas veces por un período corto o largo son interrumpidas sus actividades educativas, y en muchos casos evitar la deserción y evitar la salida del sistema educativo”, aseguró.

Uno de los beneficiarios es Mateo, quien fue atropellado por un bus y permaneció cinco meses hospitalizado (el primer quimestre) en el Hospital Militar de Quito, porque tenía problemas en su pierna y no podía caminar, recuerda la profesora Fabiola Paladines. Ella es parte del cuerpo docente permanente que tiene la casa de salud. “Es un aporte muy beneficioso para los niños y jóvenes, ya que durante el tiempo que están hospitalizados ellos no se atrasan en lo académico”.

En tanto, Espinosa recuerda que la iniciativa a beneficiado a 18.461 personas entre enero del 2011 y junio de 2017. Solo entre 2016 y 2017 entraron al programa 13.266 niños, niñas y jóvenes, de los cuales 9.278 son niños, 3.916 adolescentes y 72 adultos (ofertas extraordinarias). Solo en el Hospital de las Fuerzas Armadas se han beneficiado 525 niños y 113 adolescentes. La propuesta va desde los 3 a los 19 años de edad.

Para el efecto, el programa Aulas Hospitalarias, solo desde el Ministerio de Educación ha destinado un presupuesto de 2’874.474,57 dólares.

¿Qué piensan los padres? “Es algo magnífico, porque se está ayudando a los niños a seguir con sus estudios. Además, los chicos se olvidan un poco de su enfermedad”, dijo Bolívar Araujo, padre de Siomara, de 13 años, quien sufre de escoliosis hidiopática juvenil (desfiguración de la columna vertebral).

Criterio similar esgrime Santiago Galarza, oriundo de Píllaro, tiene hospitalizada a su hija de seis años, quien sufre de púrpura trombocitopenica idiopática (se le hinchan los pies y le impide caminar). “Esto le ayuda y evita que pase aburrida en la cama”, aseguró.

Gabriela Luzuriaga, especialista de seguimiento y control del Ministerio de Salud, afirmó que el programa empezó con 5 establecimientos y ahora son 45. De estos, 33 pertenecen a la red pública de salud, tres en Solca, uno en Fuerzas Armadas, cuatro del IESS y cuatro de centros de rehabilitación. Existen 70 docentes permanentes, y un gran número de voluntarios.

La educación también llega a personas con adicciones

El apoyo a los niños y jóvenes no solo se centra a quienes sufran enfermedades catastróficas o que tuvieron accidentes. Esto está dirigido también a las personas que sufren de adicciones a las drogas, alcohol y otras sustancias estupefacientes.

Es así que cuatro centros especializados en tratamientos de adicciones, dos en Guayaquil, uno en Quito y uno en Otavalo se sumaron a este programa. Estas instituciones tienen adecuadas aulas hospitalarias para dar las clases.

Pero no es lo único. También se trabaja a domicilio. Tamara Espinosa, explicó que se trabaja directamente con las personas afectadas para lograr que terminen sus estudios.

Los 70 profesores no trabajan solos. A ellos se suman psicólogos educativos, clínicos y psicopedagogos, quienes cada semana se reúnen con los maestros y realizan evaluaciones psicopedagógicas a los estudiantes. “Todo está coordinado”, sentenció Espinosa.