Empresarios catolicos

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Empresarios catolicos

El término griego “katholikós”, llegó al latín tardío como “catholicus” y al castellano como católico, que puede traducirse como universal.

Universal también debería ser el comportamiento basado en valores de los empresarios frente a su natural y deseable anhelo de generación de riqueza.

El mes pasado estuve en Buenos Aires, junto a Jorge Vallejo, presidente de la Asociación Cristiana de Empresarios de Ecuador y una delegación a un evento que se denominó Trabajo e inclusión: Desafíos frente al crecimiento y la innovación. Un evento de tres días, en el cual más de trescientos empresarios analizaban su presente y su futuro y cómo construir herramientas que permitan la sostenibilidad de sus modelos de negocios.

Al natural reclamo sobre las condiciones difíciles que ofrecen nuestros países para hacer empresa, de parte de gobiernos poco amigables, siguió una crítica sana sobre la ineficacia de los modelos de “arriba hacia abajo”. Entendiendo como tales a las políticas públicas que han desarrollado una serie de programas “salvadores”, que al final, no cambiaron mayormente los índices de exclusión de los menos favorecidos del desarrollo.

Modelos como Hambre cero de Brasil, o Cruzada nacional contra el hambre de México, o el Bono de la pobreza, luego convertido en Bono de desarrollo humano, no han logrado incluir a aquellos que fueron objeto de su creación. Tampoco han funcionado los esquemas ideológicos; ni el capitalismo ni el comunismo, ni el socialismo ni el socialismo del siglo XXI han podido solucionar la exclusión social.

Lo interesante es que se concluyó en que quizá la aproximación al problema más bien debería ser desde “abajo hacia arriba”’, y como cristianos, regresar a lo esencial, esto es a cambiar el nivel de compromiso humano y capacidad de asombro ante los problemas y ya sea a título personal, familiar, empresarial, profesional o como sociedad, actuar, sea directamente o sea aliándonos con organizaciones que ya están dando resultados prácticos.

En resumen, necesitamos empresarios conscientes de su naturaleza y propósito de vida, pues para eso son católicos.