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La emergencia sanitaria elevó el número de indigentes en las calles de Quito

Los nuevos casos, en su mayoría, corresponden a ciudadanos que perdieron su empleo por la pandemia

Personas en situación de calle, en Quito.
Personas en situación de calle, en Quito.henry lapo

Empieza a oscurecer. La sombra de la Basílica del Voto Nacional se pierde en el asfalto de la calle Venezuela, en Quito... El termómetro marca 10 grados. Bajo un arco que abre paso a las catacumbas del templo se oyen susurros. Son Jacinto y Albeiro. Preparan sus ‘dormitorios’ de plástico para esta noche. Porque ese portal se ha convertido en su nuevo hogar...

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En Quito, desde que se inició la emergencia sanitaria el número de personas que viven en las calles aumentó. No existe un número exacto. Sin embargo, Dolores Ponce, presidenta de la Cruz Roja Ecuatoriana, dice que en las últimas semanas se han entregado 150 kits alimenticios y de esa cantidad el 75 % son habitantes ‘nuevos’. Antes se entregaban 120.

Son las 19:00 del martes. Jacinto y Albeiro se acomodan para dormir. Abren dos bultos de tela, de allí sacan plásticos, cartones, ropa. Detrás de ellos se levanta un monstruo de la arquitectura quiteña, comparado con la Catedral de San Patricio, en Nueva York, y la de Notre Dame, en París. En 2019, el Municipio de Quito invirtió 160.000 dólares para su mantenimiento. Allí reposan innumerables obras de arte consideradas como Patrimonio. Mientras que Albeiro y sus compañeros no alcanzan a reunir a diario ni un dólar. “Hace frío y cuando llueve es peor, ni las cobijas aguantan”, dice Jacinto.

A 50 pasos de allí está otro grupo. Susana es la única mujer del sitio. Se sienta en las gradas, usa un cubrebocas que se resbala cada tres segundos, y que acentúa el moretón del mismo color que su marido le hizo, hace no mucho.

El 20 de marzo se abrió un albergue del Municipio de Quito en la Casa de la Cultura, para gente en situación de calle. Susana estuvo ahí hasta el 1 de junio, cuando la ciudad pasó a semáforo amarillo y ese sitio se cerró. “Era como un paraíso”, recuerda.

Recibía tres comidas diarias, hacía deporte y se bañaba todos los días. Ahora implora para que su situación acabe. Sin frío y sin el peligro de ser abusada sexualmente. “Una noche sentí que alguien me tocaba y me abrazaba. No era mi pareja”, cuenta.

Gabriela Quiroga, secretaria de Inclusión Social, dice que ellos “están en mayor riesgo de contagiarse porque buscan comida en la basura. No tienen la facilidad de asearse, ni de usar mascarilla”.

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Debido al aumento de los ‘sin techo’ se prevé reabrir un albergue en la calle Rocafuerte. Susana volvió a la intemperie, no quiso continuar con el programa. “No los podemos obligar, existe un principio de voluntariedad”, aclara Quiroga. Jacinto y Albeiro no encontraron cupo en la Casa de la Cultura.

Desde el proyecto ‘Amigos de la Calle’, de la Cruz Roja, se han entregado víveres. “Con las nuevas circunstancias ya no podemos llevarles comida preparada. Se organizaron para cocinar”, comenta Dolores Ponce.

La raciones se entregan sobre todo en el Centro Histórico, donde hasta antes de la pandemia se tenían identificadas 200 personas.

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Antes de la emergencia sanitaria, los factores eran las adicciones, la violencia y en menor porcentaje lo económico. Ahora, la mayoría son comerciantes que arrendaban cuartos y que hoy no les quedó otro camino que la calle por falta de dinero, según Ponce. Como sucedió con Albeiro y Jacinto.

Se suman los que tenían trabajos en construcción, limpieza de casas y familias en movilidad “Hemos visto con preocupación que durante la emergencia aumentó muchísimo esta población”, dice la secretaria de Inclusión.

En el ‘campamento’ de La Basílica hay reglas: solo mayores de edad, siempre hay cabida para alguien más y respetar las cosas del otro.

Quiroga explica que el aumento de esta población quizá “esté en el punto más alto”, aunque siempre hay posibilidad de que más gente se quede sin casa.