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La ecuacion del turismo

No solo de feriados vive el turismo nacional. Nada en las cuentas cantonales de los destinos turísticos ecuatorianos refuerza la tesis con la que se lanzó la ley de feriados en diciembre de 2016. El Producto Interno Bruto que mueve la actividad de alojamiento y servicio de comidas no ha sufrido apenas variación en los últimos dos años como para deducir que tener más días de asueto juntos ha provocado un impulso en la industria turística. Tampoco la inversión ha crecido como para apuntalar ese discurso.

Eso no significa que la medida haya resultado inocua. Es posible que los negocios que viven del ocio y vacaciones de los extranjeros y los compatriotas hayan recibido algunos dólares más. Pero también ha ocurrido que los feriados icónicos, sus desfiles y celebraciones han quedado descafeinados. Entre esos peros y paras, lo cierto es que el propósito de impulsar económicamente el turismo todavía no asoma. No es por lo infructuoso de la ley de feriados. Es porque la política pública de fomento del turismo tiene más aristas que atender.

La ecuación de promoción tiene como incógnitas a resolver la competitividad en precios, la inseguridad en el transporte, la invisibilidad de todos los destinos y sus conexiones.

Ecuador, comparado con los países vecinos, es caro y no apuesta por el turismo de lujo, sino por el de consumo masivo. Dos factores que se repelen.

El costo de volar, la irregularidad en el servicio aéreo y las rutas que se abren y luego se cierran, como consecuencia de la falta de previsión, albergan una inestabilidad con la que los extranjeros no quieren lidiar para su escaso y apreciado tiempo de esparcimiento.

La última lista oficial de puntos relevantes para visitar, más que servir de promoción, opera para ocultar atractivos que ya habían sido seleccionados previamente.

Y en ese enumerado de contraindicaciones turísticas cobra cada vez más importancia la irresuelta siniestralidad del transporte público en la carretera que pone, principalmente a los nacionales en el dilema de quedarse en casa, manejar en su propio carro o exponer su vida al riesgo de no regresar tras los días de descanso.

El turismo está clamando por un política integral para sortear todos los obstáculos.