
Economia china, en su Gran Muralla
La reciente caída del renminbí, que provocó turbulencias en las bolsas chinas y llevó al Gobierno asiático a suspender las transacciones dos veces, pone de relieve un importante desafío al que se enfrenta China: cómo equilibrar sus obligaciones económicas internas y externas. La solución que encuentre incidirá profundamente en la economía internacional. La crisis financiera global de 2008, sumada a la decepcionante recuperación posterior de las economías avanzadas, imprimió más urgencia al intento chino de pasar de un modelo de crecimiento basado en inversiones y demanda externa, a otro sostenido por el consumo interno. Pilotear semejante transición estructural sin causar una caída abrupta del crecimiento económico sería difícil para cualquier país. Más aún para un país tan grande y complejo como China, especialmente en un contexto internacional de crecimiento lento como el actual. Durante años, el Gobierno chino trató de extender la participación en el mercado accionario, lo que daría a los ciudadanos chinos un interés directo en el éxito de la transición a la economía de mercado. Pero igual que el intento de EE. UU. de fomentar la compra de casa propia en los años que precedieron a la crisis de 2008, las políticas chinas fueron demasiado lejos y crearon una situación financiera insostenible que implicaba la posibilidad de grandes reducciones y distorsiones de precios. El resultado: el ajuste se volvió mucho más difícil. Con las empresas chinas imposibilitadas de seguir vendiendo al extranjero, un volumen de producción que crece aceleradamente y mantener el aumento de la capacidad productiva, la economía perdió algunos importantes motores de crecimiento, empleo y pago de salarios. La desaceleración económica debilitó la capacidad del Gobierno para mantener inflados los precios de los activos y evitar la aparición de bolsones de tensión crediticia. En un intento de limitar el efecto perjudicial de todo esto sobre el bienestar de sus ciudadanos, los funcionarios chinos apelaron últimamente a la depreciación de su moneda, con correcciones diarias menores del tipo de cambio del mercado ‘onshore’, con el objeto de aumentar el atractivo de los bienes chinos en el extranjero y al mismo tiempo acelerar la sustitución de importaciones en China.
Pero al tratar de lograr sus objetivos internos, China corre el riesgo de amplificar, sin darse cuenta, la inestabilidad financiera global, debido al difícil acto de equilibrio que debe ejecutar mientras intenta asumir el papel que le corresponde en el sistema económico internacional por el tamaño de su economía (la segunda en el mundo o la primera, según mediciones informales).
China viene mostrando más interés en internacionalizar gradualmente su sistema financiero (hace poco el FMI agregó el renminbí a la canasta de monedas que determina el valor de los Derechos Especiales de Giro para sus 188 países miembros). Es de suponer que China seguirá priorizando sus obligaciones internas, aunque tomando ciertos recaudos para no provocar turbulencias en la economía internacional. ¿Será eso suficiente?
Project Syndicate