Martin Pallares | A tres doritos de la dictadura
También es posible que, simplemente amedrentando a los jueces con juicios y allanamientos, se consiga su completa sumisión
El derrumbe total de la institucionalidad democrática está produciéndose gradualmente, con un gradualismo similar al de armar un rompecabezas: las piezas se van juntando poco a poco hasta que aparece el cuadro completo. Pero, a diferencia de cuando se completa con alegría un rompecabezas, en el caso del colapso de la democracia ecuatoriana su derrumbe definitivo ocurrirá en medio de una opinión pública aletargada y de una sociedad civil sin ninguna capacidad ni interés de reacción. Apática. Es más, cuando se haya completado el rompecabezas y aparezca el cuadro de la dictadura, muy pocos se habrán dado por enterados y a la mayoría el episodio le resultará indiferente.
En ese juego del rompecabezas está metido el gobierno de cabeza y las fichas que faltan ya son pocas: básicamente, las de la Corte Constitucional. Para que estas encajen en el cuadro final hay algunas opciones. Una es que, si ese tribunal declara lo obvio y evidente -la inconstitucionalidad del adelanto de las elecciones-, entonces los bienmandados del CNE, que no tienen vergüenza para dar los argumentos más ridículos para haber tomado esa decisión, destituyan ilegalmente a los jueces de la Corte. Que sea ilegal no importa: en esta opción, llegará la madrugada en la que la Corte Constitucional amanecerá allanada por la Policía o las FF. AA. y ‘chau pescado’. Para entonces, la campaña de desprestigio en contra de los jueces -en la que, sin vergüenza, el contralor Mauricio Torres está trabajando denodadamente- habrá cumplido su objetivo de instalar en la opinión pública la idea de que los jueces se lo tenían merecido.
Otra opción es que, asimismo, de la mano del títere del contralor, se involucre al menos a un juez y haya que hacer un cambio, donde su reemplazo será un bienmandado más. Ahí ya podría haber una mayoría de bienmandados. También es posible que, simplemente amedrentando a los jueces con juicios y allanamientos, se consiga su completa sumisión. En cualquiera de estos escenarios se habrá completado el rompecabezas y aparecerá, entonces, la figura definitiva: la de la dictadura.
Pero aún existe la posibilidad de que, finalmente, el rompecabezas no se llegue a completar, que su ejecutor falle en alguna de las movidas y el plan final se frustre. Que eso suceda no es imposible.